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"¿Te mola Led Zeppelin?" le pregunta un alma esperanzada. "¿Led qué?" suele ser la respuesta

Pilar Pino

Hace poco, en uno de mis viajes por el mundo, me encontraba en un día soleado de primavera en el que llevaba una camiseta de “Thrasher Magazine”. Un chico que acababa de conocer me preguntó si era una “Thrasher” auténtica y yo, por un momento, sin ser consciente de qué me hablaba, me quedé pasmada mirándole. Me señaló la camiseta, me la miré y enseguida entendí

El chico, básicamente, intentaba averiguar en qué casilla encasillarme; si en la de “marimacho” o en la de “flipada”. Y sí, es verdad que H&M, las Jenner y otros han hecho mucho daño a aquellos que utilizamos camisetas con logos de grupos y otras aficiones, que consideramos nos representan o exponen nuestra forma de ser y nuestros gustos. Por alguna razón que no consigo entender, a la cultura pop de hoy le gusta lo mismo que a mí, pero sin gustarle realmente. Es decir, van a festivales, pero se pasan el rato haciéndose fotos de modelitos bohemios para Instagram. En casa escuchan Rihanna, pero a la calle llevan una camiseta de Led Zeppelin. “¿Te mola Led Zeppelin?” le pregunta un alma esperanzada. “¿Led qué?” suele ser la respuesta.

Sinceramente, no comprendo nada. Si lo guay y pop para la mayoría de personas es escuchar Rihanna, Beyoncé, Drake o Kanye West, ¿por qué no se ven camisetas con sus caras, letras o carátulas? Me meto en H&M y veo Rolling Stones, Led Zeppelin, Ramones (por supuesto, que no falte), Guns & Roses, Nirvana, The Doors y quizás olvide alguna, pero definitivamente, ni rastro de Rihanna, ni Beyoncé, ni Drake o Kanye.

No me quejo, es estupendo poder tener fácil acceso a camisetas con mis grupos favoritos sin gastarme una pasta, pero me empieza a fastidiar la pregunta que eso parece conllevar. La duda ofende. Y es que, gracias a todas estas chicas que, ya sea por ignorancia o por postureo, llevan esas camisetas, el resto corremos el riesgo de que se nos juzgue de manera equívoca. ¿Pero es su culpa realmente? ¿De quién es la culpa de que seamos tan pocas mujeres las que seamos fieles aficionadas a cosas que no sean productos de belleza, la moda, Disney o todo aquello que sea “mono”?

He de decir, que al menos algo hemos avanzado. Antes me tenía que meter en la sección de hombres de Zara para encontrar una camiseta que representara alguno de mis gustos, ya que en la sección de mujeres solo encontrabas cosas con animalitos, flores o purpurina con algo escrito tipo “Girls Can Do Anything!”. Al menos ahora parece que cabe la posibilidad de que haya algo más en la vida de una mujer. Pero bueno, no me voy a meter en rollos feministas. Es verdad, soy mujer y me cuesta encontrar a otras mujeres con hobbies y pasiones.

¿Por qué soy yo diferente? En mi casa siempre hemos sido tres mujeres y un hombre, con lo cual podríamos haber optado por ignorar todas las aficiones que nos inculcó nuestro padre y simplemente fijarnos más en lo que hacían el resto de mujeres. Pero no, nos gustaba escuchar música, hablar de filosofía, leer libros de Dostoievski y se nos daba bien el deporte. Todo sea dicho, nuestra madre tuvo también gran parte de mérito, pero ¿por qué es raro ver esto en una mujer? ¿Por qué es intimidante? De hecho, durante mucho tiempo, yo misma me dediqué a esconder toda esa parte de mí por miedo a ser juzgada. Ahora que parece que tengo derecho a expresarme y empezar a ser respetada por como soy, viene el mundo de la moda y me lo vuelve a sabotear. ¿Cómo combatirlo? Bueno, si algo me ha enseñado el Rock’n Roll es a sudar. Sudar literalmente.

   

Escrito por Pilar Pino

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