El arte y lo peor de nosotros mismos

Madonna, Edward Munch
Madonna (1894 – 1895), Edvard Munch

Muchos afirman que el arte saca lo mejor de nosotros mismos. Tanto el aspecto activo de la creación artística como el pasivo de contemplación y admiración de la belleza, han sido citados por reconocidos pensadores como elementos diferenciadores del ser humano; y aunque se diga que “la música amansa a las fieras” podemos admitir en principio que lo sublime del arte solo puede ser captado por inteligencias superiores, como se supone que ostenta la especie humana. Sin embargo, ¿hasta qué punto la interpretación del receptor puede en ocasiones distorsionar los mensajes, si es que los hay, que se lanzan al público por el acto creativo de un determinado pintor, escritor o músico?

Desde el ejemplo de Don Quijote de la Mancha, enloquecido por tanta lectura de libros de caballería, hasta la mente paranoica de Adolfo Hitler, que escuchaba con delirio las obras wagnerianas, a las que simpáticamente criticaba Woody Allen señalando que “al escucharlas le entraban ganas de invadir Polonia”. Hay numerosos casos de personas que se han sentido iluminadas a realizar auténticas barbaridades avaladas por un cuadro, una novela o incluso una canción.

Uno de los sucesos fue el brutal asesinato en 1969 de la actriz Sharon Tate embarazada de ocho meses, por miembros de la secta de Charles Manson, quienes se habían sentido “llamados” por la canción Helter Skelter de The Beatles. Según este, la canción era como un anuncio del apocalipsis. ¿Cómo es posible que la mente humana llegue a tales extremos? ¿Cómo afecta el arte al subconsciente humano? ¿Qué mensajes llegamos a captar? Verdaderamente no me imagino a ninguna otra especie animal que sea capaz de entender el arte de esa forma.

No se qué idea del arte tendría Inmanuel Kant, pero quizá sea cierto que antes de la edad moderna los artistas se centraban más en retratar el lado bello de el ser humano, o al menos tenían una visión positiva de la humanidad. El arte clásico, el barroco o el gótico parten de esta premisa. Pero a partir de ahí, y mucho más en la época contemporánea, vemos ejemplos que van mucho más allá de esta visión y que tal vez sean consecuencia de espíritus mucho más complicados y atormentados que los antiguos. Ellos quizá no entenderían una obra como El Grito, de Munch, ni catalogarían como arte los sonidos que emite una computadora electrónica.

 

 

Escrito por Matilda B.

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