El éxtasis de Van Gogh en Madrid.

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Fotografía de Loga Tréclau para @bambamag

Las obras de Van Gogh se han exhibido alrededor del mundo durante más de un siglo, pero nunca como en Van Gogh Alive. Sin duda, esta experiencia va más allá del significado que hemos dado siempre a la palabra “exposición”. Podremos disfrutar de sus diez años de trayectoria artística y envolvernos con sus cambios de color, de luz, de estilo y de técnica de cada época. Esta exposición no es sólo visual, sino que cada fase de su vida artística tiene una distinta partitura musical que acompaña a la perfección.

Aunque lo sencillo sería contaros los periodos que podemos disfrutar en la exposición, preferimos que vayáis vosotros mismos y lo viváis allí, sin ningún spoiler. 

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Fotografía de Loga Tréclau para @bambamag

Lo que sí os diremos es que si alguna vez al ver un cuadro de Van Gogh habéis exclamado “ah, pues pensaba que era más grande” (como si el tamaño de una obra fuese relacionado con su valor), la sensación de pequeñez de alguna de sus obras se acabará por completo. Van Gogh Alive sumerge al espectador en el talento del pintor holandés a través de los cinco sentido con pantallas de hasta seis metros de alto.

Aún así, diremos que esta experiencia le ha levantado ampollas a más de uno por el fenómeno instagramer, hay quien entra con el móvil en mano dispuesto a fotografiarlo todo. ¿Pero no es interesante cómo gracias a la escala real de La habitación de Arlés creada por los estudiantes de la Escuela de Arte de Sevilla se difunde cultura en redes sociales?

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Fotografía de Loga Tréclau para @bambamag

Más allá de esto se inicia un debate sobre cómo afecta a los museos más tradicionales. Van Gogh Alive es pura experiencia a nivel audiovisual, pero no contiene tanta información didáctica como a algunos les gustaría. ¿Pero no es verdad que muchos descubrimos el mundo de los museos a través de una visita aburrida cuando éramos pequeños? Y durante años pensamos que era una actividad soporífera. Quizás este formato es una forma de abrir las puertas a un modo menos convencional de mostrarnos que la pintura no es tediosa, provocándonos curiosidad y desembocando en interés hacia las exposiciones convencionales. 

No sólo eso, también nos acerca a un arte al cual no todo el mundo tiene acceso. A pesar del precio de la entrada, nos sale muchísimo más barato disfrutar de Noche estrellada sobre el Ródano en Madrid que cogiendo un billete de avión rumbo Nueva York. No es el cuadro original, ni se le asemeja por la forma de exponerlo, pero podrás ver sus constelaciones como nunca antes lo has hecho.

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Fotografía de Loga Tréclau para @bambamag

Escrito por Loga Tréclau

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