El día que murió John.

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8 de Diciembre, 1980 

¿Por qué todo pasa en Diciembre? 

La muerte de Lennon siempre es una perfecta conversation starter, todos presumimos de alguna que otra teoría conspiradora leída o apropiada, o nos interesamos en escucharlas por el morbo que inevitablemente despierta. Ubiquémonos, Mark David Chapman se presenta en la puerta del Dakota Building a las 22.50, un tipo que proclama para sí mismo ser el nuevo Holden Caulfield, y que además está terriblemente obsesionado con la figura de John. Como un fan más se acerca papel en mano, un autógrafo con el que firmará su sentencia de muerte. Ni el más maquiavélico de los Polanskys (que para más inri rodó su Rosemary’s Baby en ese mismo edificio con cierto magnetismo fatal) ni ninguna novela de Poe podría superar el diseño de la hoja de ruta del día 8 de Diciembre.  Un día en la vida y muerte del Señor John Lennon.

Esta mañana, sentada frente al sol de enero, un sol más agradecido y buscado incluso que los primeros rayos de primavera, abría el último libro de Annie Leibovitz “At Work” (Phaidon, 2018) uno de mis auto-regalos de Reyes que, gracias a una gripe mal curada me ocupa estas horas de sábado de hibernación. No hay tos que por bien no venga. Quizás por el final tan fatalista a menudo se olvida mencionar esas primeras horas del 8 de diciembre, sin saber que iba a ser el último día y y las últimas horas como icono en vida de John Lennon. Annie se hace de rogar hasta la página 46, donde llega a su emblemática “John and Yoko”. La artista de Connecticut pero curtida en San Francisco nunca ha señalado la fotografía que en palabras de John “reflejaba su relación con Yoko a la perfección” como la más emblemática de su carrera.  Sin embargo sé que no seré yo la única lectora en declararme culpable por saltar rápidamente los primeros capítulos (donde escribe entre otras anécdotas, sobre sus caóticas noches de gira con Mick Jagger) para saber de su propia voz, como se desarrolló la que probablemente es una de las sesiones más comentadas de la historia. Una sesión programada con la Rolling Stone sirve que sin querer como epílogo. “Queremos sólo a John” orientó Jann Wenner, pero el de Liverpool insistió en llevar la contraria, el mantra “O Yoko o nada” por el que había jurado no iba a olvidarlo por una portada. Se salió con la suya, no estaba acostumbrado a menos.  Y así, saltó el flash, la orden final de John.  Una instantánea, una firma y cinco disparos después, ya no estaba. Nos dejó una imagen final de tal y como él quería ser visto. ¿Tal y como él quería morir? Una buena pregunta para la próxima sobremesa.

 

 

 

Escrito por: Raquel Bada

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