Cosas que no sabías de la fotógrafa Linda McCartney.

Eran los primeros versos que el ya ex-beatle Paul le dedicaba al inicio de su primer disco en solitario sumergido de lleno en el trauma post ruptura de los fab four. Así la veía y sin duda así era la realidad encantadora de esa dulce fotógrafa estadounidense de “buena familia” que se vio inmersa en la vorágine del huracán que siempre acompañó a su marido. No le fue fácil el camino, ya la anterior novia de Paul, Jane Asher, igualmente de “familia bien”, había sido blanco de la ira constante de sus fans más aguerridas, que eran muchas. Linda además tuvo la osadía, a lo Yoko Ono, de ser parte activa de los proyectos musicales de su marido, especialmente con el grupo Wings que McCartney creó a principios los 70 y que hoy también tiene un puesto destacado en la historia de la música pop. Aprendió a manejar los teclados, a realizar armonías vocales y ritmos, a componer y hacer arreglos. A pesar de ello no era siempre bien recibida y en ocasiones fueron sin piedad a por ella, como con ese detestable vídeo en la que se le oía cantar a ella sola con evidente desafino algunos coros en “Hey Jude” en pleno concierto y que algún “amigo” hizo circular. Como hizo la japonesa, ella también supo resistir estoicamente y con sentido del humor las críticas que por doquier le llegaban a pesar de ser, como aquélla, una artista con credenciales por derecho propio.

En el mundo musical fue co-compositora, cuando no inspiradora, de algunos temas inolvidables. Entre estos últimos nada menos que “Maybe I’m Amazed” y “My Love”, temazos de la factoría Macca donde los haya. Pero también otros artistas como Jack Lawrence, Buddy Clark y Perry Como le dedicaron “Linda”, una hermosa canción compuesta por el primero.

En el arte fotográfico podemos calificarla sin tapujos como innovadora con la cámara. Sus instantáneas de Hendrix, Jagger o Clapton son ineludibles para intentar sumergirse en las vibraciones de la revolución que supuso la década prodigiosa del siglo pasado.

Más que sorprendente para su tiempo era en su forma de vestir, como demuestra el hecho de usar calcetines de distintos colores, hecho que alguna vez le advirtieron discretamente a Paul y que él contestaba sonriendo: “ella los ha elegido así a propósito”.

Además, hoy se le recuerda especialmente por su aportación como precursora del activismo vegetariano desde un punto de vista estrictamente ético. Fundó “Linda McCartney’s Foods Company”, su empresa de distribución de comida, y escribió varios libros de gran éxito sobre el tema. La defensa sin fisuras de los derechos de los animales, cuando en su país de adopción aún estaba en auge la caza del zorro y casi nadie cuestionaba moralmente los mataderos, ha sido reconocida internacionalmente por PETA que instituyó un premio en su honor.

Linda fue una rebelde amable y cortés que caminó por la vida con discreción mediática y con una visión sin duda optimista del ser humano.

Nunca quiso saber ni se lo dijeron, la agresividad del cáncer que padecía.

Siguió viviendo y montando a caballo hasta el día que murió en la primavera de 1998.

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