Friné, la bellísima hetera de la Antigua Grecia.

Friné (su verdadero nombre era Mnésareté) ha pasado a la historia como una de las mujeres más bellas del siglo IV a.C. Sus orígenes fueron humildes, pero gracias a unos pequeños ahorros y a su ambición, inteligencia y belleza, viajó a Atenas, donde construyó su propia historia como hetera y modelo.

Cuando nos referimos a ella como “hetera” no estamos señalando su orientación sexual. “Hetera” o “hetaira” eran los nombres que recibían las cortesanas en la Antigua Grecia. Una figura que desgranaremos antes de conocer a nuestra protagonista de hoy.

Vamos a partir de esta base: se consideraba a la mujer como “una degeneración física del hombre”, era literalmente una propiedad del marido. Las heteras eran la gran excepción. Eran las mujeres independientes y “libres” de la Antigua Grecia (cogido con pinzas ya que, aunque su situación era muy ventajosa respecto a su género, su trabajo iba ligado al disfrute del hombre), recibían educación, participaban en los simposios, tenían libertad económica y estaban obligadas a pagar impuestos. Sus opiniones eran escuchadas y respetadas por los hombres, en la mentalidad de aquella época eso era inimaginable. 

Eran conocidas por su inteligencia y por su belleza, algunas de ellas fueron modelos para artistas y damas de compañía. La diferencia que hubo respecto a las prostitutas fue su educación: eran muy competentes intelectualmente, tocaban instrumentos, poseían conocimientos filosóficos y políticos y estaban a la vanguardia de la moda. Además, estas mujeres ofrecían un servicio más allá del placer sexual, podían aceptar los servicios de forma exclusiva, teniendo un único cliente durante meses o años. Una hetera era, más que una amante, una amiga y una aliada, una compañera de vida. Pero pagada. 

Afrodita-Cnido
Copia de la Afrodita de Cnido llamada de Altemps o Ludovisi. Museo del Palacio Altemps, Roma.

Friné fue la amante y modelo del escultor Praxíteles, no solamente ha pasado a la historia por sus leyendas, sino también por las obras en las que aparece. Imaginad lo bella que era que el artista la usaba como modelo para representar a Afrodita, la diosa de la belleza y el amor. Pero además de eso, era conocida por su inteligencia y perspicacia. Aunque podríamos hablar mucho sobre ella y proporcionar datos, creemos que la mejor forma de ilustrar sus atributos es narrando dos situaciones en las que se vio en vuelta y salió, cómo no, victoriosa.

  • La escultura de Eros.

Friné tenía una gran sed de riqueza y no se dejaba engañar. Como pago por sus servicios, el escultor Praxíteles le ofreció escoger la obra que prefiriese de su estudio. Como ella no era una gran entendida de arte, decidió tramar un plan. Le pidió a un sirviente del artista que interrumpiese la cena exclamando que el estudio se estaba quemando. En ese momento, Praxíteles gritó “¡salvad mi Eros!”. Y así es como la hetera decidió qué escultura pedirle al maestro. Más tarde se la regaló a Tespias, su ciudad natal, cuyo dios era Eros, dios de la lujuria, el amor y el sexo.

  • El desnudo.

Friné fue acusada de impiedad -delito por el que se condenó a muerte a Sócrates, para que veáis la gravedad del asunto-, teniendo el atrevimiento de compararse con Afrodita. Fue defendida por Hipérides (uno de los diez oradores áticos), pero incluso él no pudo convencer a los jueces de su inocencia. Su amante Praxíteles, desesperado al no querer perder a su compañera, desnudó a Friné para mostrarles que no se podía privar al mundo de tal belleza. Este “argumento” les disuadió y provocó la absolución unánime del tribunal. Como todo, hay varias versiones, también podéis encontrar la que cuenta que fue ella misma quien decidió desnudarse para salvar su vida o que el orador, acorralado, decidió no manchar su expediente impoluto y le arrebató los ropajes a su clienta.

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Jean-Léon Gérôme. Praxíteles desnuda a Friné ante el Areópago. 1861.

Aunque en esta historia no podamos separar el yugo patriarcal del papel de la mujer, no debemos dejar de hablar de ellas, de mostrar sus vidas y mostrar cómo, a su manera, eran unas adelantadas a la época y tenían voz en una sociedad descaradamente misógina. Por eso Friné, más por su ingenio, supervivencia e intelecto que por su belleza indiscutible, es nuestra protagonista de hoy.

 

Escrito por Loga Tréclau

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