Las mujeres artistas en “De Chagall a Malévich: el arte en revolución”.

“De Chagall a Malévich: el arte en revolución” es la exposición actual de la Fundación Mapfre de Madrid, en la Sala del Paseo de Recoletos, donde se puede disfrutar de más de 90 obras de artistas rusos que fueron revolucionarios antes de la propia revolución.

Os podríamos contar que todo nació cuando varios de estos artistas viajaron a Francia y a Alemania, adquiriendo obras que difundieron en las capitales rusas para abrir paso a un nuevo arte. Os podríamos contar que Rusia fue uno de los enclaves de la vanguardia artística, donde nacieron propuestas radicales en el mundo del arte y donde se desarrollaron obras numerosas e importantes artistas.

Os podríamos contar también que la exposición se divide en ocho secciones como por ejemplo el neoprimitivismo (donde aún podemos observar la huella posimpresionista), el rayonismo o la Escuela de Matiushin, que intentaba trascender la tridimensionalidad para alcanzar la cuarta dimensión. Os podríamos contar que este recorrido tiene como referentes a Marc Chagall y Kazimir Malévich que representan dos realidades completamente diferentes de la vanguardia y que, entre ambos, nos encontramos con más de veinte artistas que se desarrollaron como pintores y escultores. Pero no queremos hablar de ellos, queremos hablar de ellas. Porque sí, porque ver Cuadrado negro de Malévich junto a Cruz negra y Círculo negro da para santiguarse de la emoción aun siendo atea, pero ellas se merecen este espacio.

Debemos destacar la presencia de mujeres en esta exposición, posiblemente una en la que más cuadros con firma de mujer podemos apreciar. Su trabajo fue fundamental para el desarrollo de las vanguardias, estas artistas decidieron romper todos los esquemas artísticos y adelantarse. Eran principios del siglo XX y, lamentablemente, tuvieron que pasar décadas para que se pudiera repetir un panorama de arte y creatividad femenina como este. De ahí que queramos escoger tres nombres y darles un poco de visibilidad.

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“Flight of an Aeroplane” de Olga Rózanova (1916).
  • Olga Rózanova.

De ella podemos decir que Malévich llegó a manifestar que “era la única verdadera suprematista”, palabras que causaron gran revuelo dentro del movimiento. Pintora, grabadora, diseñadora y poeta rusa, su trabajo no pasó no desapercibido. Tenía un gran interés por el estudio del color y la simplificación de las formas. Probó numerosas estéticas: estética futurista, cubofuturista, abstracta y suprematista. Colaboró en iniciativas culturales antes y después de la revolución. Tan sólo contamos con una década de su actividad artística debido a su prematura muerte por difteria a los 32 años. A esto hay que añadir que durante la Guerra Civil rusa se destruyó gran parte de su obra, provocando que no se valore como es debido su paso por las vanguardias.

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‘El ciclista’ de Natalia Goncharova (1913).
  • Natalia Goncharova. 

Destacó por liderar la vanguardia rusa anterior a la Revolución soviética, siendo una artista multidisciplinar: escultura, pintura, literatura, diseño de vestuario y escenografía. Comenzó sus andaduras en el mundo del arte matriculándose en en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú. Allí conoció a Mijaíl Lariónov, que se convertiría en su compañero de vida desde un punto de vista profesional y personal. Es notoria la pasión que tenía por experimentar, no encasillarse y seguir jugando con todas las opciones que ofrece la pintura. Comenzó con influencias del impresionismo, simbolismo, fauvismo y puntillismo, fundó el rayonismo (una síntesis de cubismo, futurismo y orfismo) junto a Lariónov y fue una de las integrantes de El Jinete Azul (Der Blaue Reiter). Natalia protagonizó una clara ruptura con el arte europeo y en la exposición podemos disfrutar de obras suyas como “Ciclista” (1913).

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“Space Force Construction” de Liubov Popova (1921).
  • Liubov Popova

Sus contemporáneos la llamaban la «artista-constructora», su arte se distinguía por composiciones muy arquitectónicas y por la búsqueda de la no-objetividad, donde notamos la gran influencia de su trabajo con Malévich. Aunque los artistas nombrados hasta ahora son considerados “pre-revolucionarios”, ella se sitúa en la élite del arte ruso después de la Revolución, tomando parte activa en numerosas actividades políticas y artísticas. Además de pintora y escultora, en la década de los 20 comienza su carrera en el diseño textil y gráfico y en la escenografía teatral. En estos años también renuncia, junto a otros artistas del Injuk, a la pintura de caballete, promoviendo la creación de un arte utilitario. Su gran producción cesa cuando fallece de escarlatina a los 35 años.

Como vemos, las mujeres también sintieron el deseo de formular un nuevo lenguaje artístico y desarrollarse dentro del movimiento de las vanguardias en las primeras décadas del siglo XX, su papel fue fundamental en esa escapatoria del color de los impresionistas y esa entrada al mundo de los pensamientos. Por eso, en vez de olvidarnos de ellas, las nombramos más que nunca.

 

Escrito por Loga Tréclau

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