La escritora Sandra Uve homenajea a las mujeres inventoras. Si, las había.

El sello propio e inalienable de Sandra Uve (Barcelona 1972) ha atravesado una enorme variedad de facetas artísticas. Auténtico icono ácido de la escena contracultural, desde que publicara sus propios fanzines, esta estudiante de Artes Plásticas y Diseño termino especializándose en la ilustración, aunque haya trabajado también como periodista, escritora o guionista. Muy conocida no solo ya por sus dibujos, sino por sus tiras cómicas que vendía a publicaciones alternativas primero para luego terminar en revistas mucho más mainstream, de Playboy o Primera Línea a Rolling Stones o Woman, para terminar colaborando, usando tanto el arte como la escritura, en diarios como La Vanguardia o El Periódico de Catalunya. Hasta tuvo su propio blog de sexología en la MTV.

Sandra reconoce sentirse mucho más atraída por aquellos temas de los que cuesta más hablar. Romper tabúes, sobrepasarlos y ponerles nombre y apellidos está en su ADN. Con su estilo naif, en los últimos años ha publicado tres novelas gráficas que comparten intimidad y autobiografía, aunque la más reciente, muy alabada por la crítica especializada, “Hora Zulú” (FrigoFingers 2013), la llevó por los derroteros de la ficción pura y dura. “Creo firmemente que la educación es lo único que puede salvarnos”, reconoce cuando se le insinúa el peso que cierta voluntad pedagógica ha tenido en su carrera artística: muchas veces ha montado talleres educativos de autoexpresión, que compagina con la publicación de libros o la realización e exposiciones de su trabajo. Algo que se confirma en su última obra publicada: “Supermujeres, superinventoras” (Lunwerg, 2018), un rotundo homenaje a todas esas mujeres que descubrieron cosas, y a las que la historia ha tratado de ocultar o minimiza. Más de noventa científicas e inventoras de todos los tiempos que, a contracorriente, lograron no solo patentar un descubrimiento, sino también conquistar su libertad física e intelectual. Desde Ada Lovelace a Marie Curie, pasando por las historias realmente curiosas de, por ejemplo, la actriz Hedy Lamarr, que antes de dedicarse al cine había estudiado ingeniería y descubrió y patentó un sistema de modulación de señales de espectro expandido que, tras la guerra, sentó los principios para nuestra actual red wifi. Reivindicar el papel de estas mujeres en la historia y darle su lugar parece aún un largo y tortuoso camino, quién lo iba a decir, y Sandra ha venido para aportar algo más que un grano de arena. Porque un inocente regalo de un precioso libro ilustrado a una niña en edad escolar puede darle la fuerza suficiente por la vía más fácil: dotarla de referentes en los que basarse para imponerse retos en la vida adulta.están a la venta aquí. 

Presentas este nuevo libro en un momento en el que el feminismo no puede estar más de actualidad. ¿Dirías que es un libro necesario? ¿Andamos escasos todavía de información sobre el papel de la mujer en la historia?

Es un libro muy necesario, sobre todo en escuelas. Ese es mi objetivo: que llegue a los centros de primaria, para que desde pequeños los alumnos tengan temarios equitativos. Del mismo modo que conocen y estudian a Edison, deberían hacerlo con Margarita Salas, Ada Lovelace o Radia Perlman. Las niñas necesitan referentes femeninos en ciencia. Este libro compila información histórica inédita. La labor de investigación ha sido ardua, pero reconfortante. Las piezas del puzzle de cada una de esas inventoras, por fin se juntan.

Este pasado 2017 el feminismo ha estado a la orden del día, y parece que en el 2018 sigue pisando fuerte. ¿Qué le dirías a aquellos que opinan que el feminismo es una moda más?

Que una moda es algo pasajero y esto lleva muchos años en marcha. Que lean y se informen en libros dedicados a esto. Y si no les gusta leer, que vean películas como «Sufragistas» (Sarah Gavron, 2015), «Hidden Figures» (Theodore Melfi, 2016)  o «Tootsie» (Sydney Pollack, 1982), que hablaba de acoso laboral y misoginia. Sólo es falta de información y educación. Los derechos civiles, políticos y sociales que ahora disfrutamos (aún hay muchos por conseguir), son gracias a todas aquellas mujeres que lucharon por nosotras. Si podemos votar, opinar, ser elegidas, tener cargos de poder, decidir sobre nuestras vidas físicas, formativas e intelectuales, es porque ellas batallaron. Y muchas murieron por hacerlo.

De entre las más de noventa figuras que recoges, ¿hay alguna o algunas que consideres que merecen un lugar destacado por haber sido especialmente olvidadas?

Yo creo que la historia de Rosalind Franklin fue muy dura. Descubrió el avance médico más importante del siglo XX: la estructura helicoidal de la molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN), dando paso a la comprensión de nuestra biología y las funciones genéticas. El premio Nobel de 1962, que debió ser para ella, lo ganaron otros colegas, Watson, Crick y Wilkins, que se adjudicaron el descubrimiento al robarle sistemáticamente todos los documentos durante el proceso. Watson además, la criticó porque “no se maquillaba, no era guapa, ni enseñaba sus atributos femeninos”. Sufrió exclusión laboral, social y política. Y murió de cáncer de ovario. Otro caso a tener en cuenta: Margarita Salas, a la que deberían otorgarle pero ya mismo, el Principe de Asturias y un Nobel.

El proyecto empezó con una exposición personal en tu cuenta de Instagram, después a las galerías y ahora un libro. Pero además impartes talleres educativos a los más pequeños. ¿Sientes como algo necesario esa actividad divulgativa?

Por supuesto. Creo firmemente, que la educación es lo único que puede salvarnos. Primero debemos educarnos a nosotros mismos. Desde casa, a nuestros hijos. Valorar sus ideas. Enseñarles sus prioridades (y no las de los demás). Barrer con estereotipos. Esto es lo que hicieron todas estas mujeres del libro. Tener una idea, luchar por ella, independientemente de lo que pensaban y decían de ellas. Y lo consiguieron. Los pequeños de los talleres, salen motivados cuando ven cuantas chicas han conseguido cumplir sus sueños.

A pesar de haber tocado los campos de la comunicación te defines esencialmente como escritora e ilustradora, ¿son tus pilares creativos?

Me gusta contar historias, ya sea la mía (autobiografía) o la de los demás, como es el caso de estas mujeres del libro. Lo íntimo. Lo real. Lo naïf (en libro ilustrado e infantil). Lo femenino y lo masculino. Creo que la gente tiene historias increíbles detrás. Ahora imparto unos talleres de autobiografía, donde enseño el valor de comunicar narrando la propia historia. Porque no sabemos comunicarnos con sinceridad, y lo hacemos mejor escribiendo o dibujando. Les enseño a dejar una memoria viva, su historia: aquella que nunca pudieron contarles a sus padres, la que nunca has podido contarles a tus hijos, la que leerán tus nietos.

Tus ilustraciones tienen un estilo rápidamente identificable como tuyo, muy naïf. ¿Tienes tus referentes?

Me inspiran muchos ilustradores que no se parecen nada a mi estilo. Pero comparto su sensibilidad y me motivan para trabajar: Judit García Talavera, Sha’an d’Anthes, Júlia Sardà, Karl Mounford. Ahora mismo y a nivel mundial, la ilustración está al máximo nivel. Disfruto diariamente con cualquier hallazgo. Mis pintores favoritos actuales: Muntean/Rosenblum.

Has comentado que el denominador común de tus obras es lo íntimo y no lo autobiográfico, como se veía en «Los Juncos» (Astiberri, 2006) u «Hora Zulú»… ¿Cómo encaja este libro entonces? ¿Es un camino diferente?

Es lo íntimo y lo autobiográfico. Pero este libro tiene más de lo primero, como mujer, como homenaje y reinvindicación. He tenido que indagar en la vida de todas ellas, desgranar sus pasos. No tiene nada de autobiográfico, más allá de la empatía que he ganado conociéndolas. Es una obra ilustrada sobre educación. Es un trabajo como ilustradora que hace tiempo quería retomar, entre ilustración de prensa y pintura.

¿Piensas que tu libro puede interesar también a un público masculino? Porque parece que las mujeres aún sólo son reivindicadas por mujeres y qué sólo interesan este tipo de figuras e historias a una audiencia femenina…

Es un libro para hombres, mujeres, niños, niñas y abuelos. Tiene un target de 7 a 117 años. Es para leer a solas y acompañado. Para talleres de lectura. Para discursos. Es un libro para aprender. Y motiva mucho. Te da ganas de crear, de innovar, de forma ilimitada. Es un libro positivo para todos.

 

Escrito por: Raquel Bada

@badarei