Martina Matencio @lalovenenoso: “mi confianza me hace libre”

El amor es un tónico que en ocasiones actúa como tóxico, par e impar, sentimientos opuestos pero imanes. Esta contradicción emocional, llevó a una desconocida artista a firmar sus fotografías como @lalovenenoso. Pero Martina Matencio ya es un nombre consolidado dentro y fuera de lo virtual. Transcurrido más de un año de su primer libro “Tus ojos, mis manos” (Stendhal, 2017) el mundo se ha rendido ante su melancólico universo, y es que la nostalgia a veces es un arma infravalorada. No es sencillo poner en negro sobre blanco las sensaciones que nos trasmite Martina con su obra. Emociones complejas y en ocasiones contradictorias que van desde la ternura, la ingenuidad más naif hasta el lamento o la sensualidad. Sus instantáneas: un reflejo la delicadeza del alma femenina con sus luces y sombras, con sabor albaricoque y música de Francescoli, nos confiesa. Hablamos con la artista catalana sobre qué se siente al ver su obra proyectada en la plaza más transitada de España, qué shootings le erizan la piel, y cómo los sentimientos consiguen hacernos viajar hasta las cavernas y volver al cielo.

Tu pseudónimo “Lalovenenoso” viene de la unión de Amor y Veneno. Poniéndonos intensas, ¿crees que no existe el uno sin el otro? 
Creo que existe el amor sin veneno y el veneno sin amor. Sé que el amor duele pero no necesariamente el amor tiene que estar envenenado. El amor y la vida duelen, como dice Rosi de Palma en la canción de Rosalía “Preso”: “yo por amor hasta bajé al infierno, eso sí, como subí con dos ángeles, no me arrepiento de haber bajado, pero bajar, bajé”.
Te atrapa sin que te des cuenta y piensas: ¿cómo he llegado hasta aquí?
¿Cuando abriste tu perfil en redes sociales, pensaste que llegarías donde has llegado? 
La verdad que nunca pienso muy bien donde quiero llegar, por eso creo que llego. Siempre he sido de ir caminando y trabajando y como dice mi padre “ uno recoge lo que siembra” Sinceramente, no me imaginaba esto. Lo único que sé seguro es que para mí hacer fotos es igual a respirar, sin oxigeno sé que me moriría, igual me pasaría sin hacer fotos.
¿Sientes ahora mayor presión cada vez que subes algo? ¿O consigues encontrar un balance entre tus trabajos  profesionales y fotografías más personales?
Nunca he sentido presión en las redes sociales, yo subo mi trabajo porque me gusta y porque lo disfruto. Entiendo que no pueda gustarle a todo el mundo. Al fin y al cabo lo importante es tener seguridad en lo que uno hace y creer en lo que hace sabiendo que lo que hace es real, existe y está vivo. Yo creo que si no confías, estás jodido, mi confianza me hace libre.
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Dices que para ti es esencial la calma en una sesión ¿Cómo es tu proceso de creación?
Exacto, tanto para una sesión como para la vida en general, para mí es fundamental la calma y es lo que siempre intento. En un proceso de creación necesito exactamente eso: calma, sentir tranquilidad para crear, me dejo llevar siempre por lo que siento en el momento. No me preparo mucho los shootings, aunque todo depende si hay cliente de por medio, todos sabemos que entonces todo tiene que estar justificado y preparado pero independientemente de eso, suelo crear y me suelo inspirar in situ y a medida que el sol va entrando en el set voy sintiendo cada imagen que voy disparando.

Llevas desde los 16 experimentando con la fotografía y en los 20 ya era tu modo de vida. ¿Qué momento vital reflejan ahora tus imágenes? ¿crees que ha habido una evolución en tu estilo? 
Mi momento vital ahora mismo es bastante complicado ya que tengo a mi padre bastante enfermo y aunque intente estar tranquila y fluir, siempre me gana la tristeza, aunque a pesar de todo creo que en mis fotografías actualmente se refleja más fuerza que tristeza, ¿una tristeza feliz?. Obviamente ha habido una evolución, “lo único que no cambia es que todo cambia” ¡y menos mal! porque sino, también me aburriría de lo que hago. El  humano está en constante movimiento, aprendizaje y evolución.
 En ese proceso evolutivo publicaste de tu primer libro “Tus ojos, mis manos” con la actriz Alba Ribas. ¿Fue complicado para vosotras escoger las palabras e imágenes adecuadas? 
Fue cero complicado, yo me leí sus 90 poemas en una noche y de ahí supe cuales encajaban en mis fotos. De hecho parecía que estuvieran escritos aposta para las imágenes. Me leía un poema y sabía perfectamente qué foto quería buscar. Así fue todo el libro. Realmente “Tus ojos, mis manos” ha sido un libro muy especial para nosotras
Ayer se inauguró Callao City Arts, proyecto para el que han contado contigo como primera embajadora 
Sí, y realmente estoy muy ilusionada y feliz. Al principio pensé que no sentiría tanto, pero una vez estuve allí sentí una felicidad que hacía tiempo que no sentía. Es un proyecto muy enriquecedor, el arte es necesario, el arte da vida, nos hace pensar y nos construye. Definitivamente me parece un proyecto 10 fundamental para el mundo, ¡un museo en la calle!
Después de muchos proyectos, ¿cuál es el último shooting que te ha dejado la piel de gallina?
Un shooting que hice con Ana Cano (una maquilladora y amiga que quiero mucho) y con la que me entiendo muchísimo. Pedimos a una modelo de una agencia y nos pusimos a crear.  La mayoría de las veces no tenemos pensado qué vamos a hacer, así que entre las dos creamos, la inspiración nos suele venir al momento. Recuerdo que ese día casi lloramos al ver la foto, sentí totalmente que ahí estábamos las dos, la una con la otra en una sola foto. Puede que sea difícil de entender pero tal vez si veis la foto lo entendáis:
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Martina Matencio en:
Un color: El blanco
Un estado de ánimo : Nostalgia
Un sabor : Albaricoque
Una canción : Moon – Kid Francescoli

Escrito por : Raquel Bada