Las cafeterías como espacio de creación.

Hay numerosos bares y cafeterías en Madrid, no obstante, hay una breve selección que creo necesaria mencionar por la historia que los pertenecientes a esa enumeración tienen a sus espaldas, por las esquinas tan recónditas que escoden o por la forma tan peculiar que tienen de servir el café y atender a la clientela.

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El pensar en estos locales no puedo evitar recordar pasajes de La Colmena, con Doña Rosa moviéndose de un lado a otro del local, contoneando sus caderas para evitar las abarrotadas mesas y gritando a los clientes por cometer, lo que ella consideraba, improperios característicos de las gentes de Madrid. Tampoco puedo apartar de mi cabeza los fascinantes ensayos de Patti Smith, en los que describe con detalle sus días de escritura en el Café Ino en Nueva York —M-Train—, donde se dedica a plasmar como entabló amistad con grandes figuras del panorama norteamericano de los años cincuenta en el Hotel Chelsea junto a su amigo y amante Robert Mapplethorpe —Éramos unos niños.

En esos esos cafés se respira un aire colmado de incertidumbre y de aspiraciones frustradas de aquellos que han querido colmarse de gloria con lo que plasmaban mediante palabras en trozos de papel. Recuerdo en este punto a Roberto Bolaño, que a finales de su adolescencia abandonó los estudios para dedicarse por completo a la escritura. Sin embargo, no solamente se dedicaba a escribir, sino que confeccionó un plan de formación propio, el cual —según su perspectiva— le proporcionaba todos los conocimientos que un genuino novelista o poeta debía adquirir. Vagando por las calles de su querido Chile, se dedicó a leer y a consumir cine; además

de a frecuentar con bastante asiduidad estos cafés que, con cierta perspectiva, parecen confeccionados para quienes tienen esa sed de conocimiento tan indisociable de Bolaño

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En Madrid tiene un renombre especial el Café Gijón, entorno a cuyas mesas se celebraron numerosas tertulias que marcaron la evolución de una España que poco a poco fue perdiendo su esplendor. Además de café, se consumía horchata, agua de cebada o zarzaparrilla. En sus comienzos, las paredes estaban adornadas por lámparas de gas y el humo de los cigarrillos cargaba el contundente aire que se respiraba en el lugar. Esos cilindros de tabaco prensado pasaron por las mismas bocas que plasmaron en palabras las ideas que en sus cabezas tenían cabida; hablo de personajes como José Canalejas, Valle Inclán o Ramón y Cajal. El nombre de la cafetería apareció mencionado en múltiples obras literarias, e incluso Sara Montiel le dedicó una canción, incluida en álbum Purísima Sara.

Lo que está claro es que las cafeterías han tenido un papel imprescindible en la redacción de muchas novelas capitales del siglo XX; en la formación y solidificación de ideas políticas que han revolucionado el panorama sobre el que se asentaban los valores que hace más de un siglo se consideraban inamovibles, o en los pensamientos que han dejado inmortalizadas en fotografías o pinturas los artistas que trataban de plasmar lo que allí presenciaban.

Sin más dilación, aquí está la lista de los imprescindibles de Madrid:

 

Café Pepe Botella: Calle de San Andrés, 12

Café Barbieri: Calle del Ave María, 45

Café Manuela: Calle de San Vicente Ferrer, 29

Café Central: Plaza del Ángel, 10

Gran Café Gijón: Paseo de Recoletos, 21

 


 

Escrito por: Andrea Melgar.
Fotografía analógica por: Andrea Melgar.
@_andrea_melgar

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