Salomé, la decapitadora más sensual de la Biblia.

La Biblia nunca le dio un hueco significativo en sus líneas, fueron los artistas quienes se encargaron de hablar de ella. En los evangelios de San Mateo (14, 1-12) y San Marcos (6, 14-29), el protagonista era el profeta y primo de Jesús: Juan Bautista. El relato bíblico se centra en él y en el rey Herodes, sin llegar siquiera a nombrar como tal a Salomé. Sólo gracias al historiador Flavio Josefo conocemos su nombre.

De ahí que el vacío narrativo haya sido tan interesante para los artistas, en especial para el escritor Oscar Wilde, porque podían dar rienda suelta a su imaginación y buscar la historia que hay detrás del “capricho” de la cabeza de Jokanaán en bandeja de plata.

Por tanto, entorno a la figura de Salomé hay licencias artísticas, pasó de ser nombrada en el Nuevo Testamento como “la hija” o “la damisela” a ser una de las femme fatale más importantes de la historia. De no ser mencionada por su nombre a ser el centro de creación de numerosos artistas. Ella era la estrella de la historia.

Para quienes no conocéis la figura de la princesa de Galilea, en el evangelio podemos leer que fue la causante del asesinato del mártir San Juan Bautista. Salomé sedujo a su padrastro, el rey Herodes, con sus dotes en el baile para pedirle algo a cambio: la cabeza del profeta en una bandeja de plata. San Juan se encontraba en esos momentos encarcelado por el tetrarca por temor a una rebelión. Salomé pidió la decapitación del encarcelado empujada por su madre Herodías, quien estaba en contra de las palabras que proclamaba Juan Bautista. 

Nuestra protagonista de hoy podía haber pasado a la historia como un personaje más de la Biblia, pero nada más lejos. ¿Por qué? El discurso misógino de la época decidió usar a Salomé para mostrar que las mujeres eran una amenaza para la sociedad. Las mujeres atraen la destrucción. Se reivindica y se reinventa así el mito de Salomé desde las artes plásticas con pintores como Gustave Moreau, encarnando el mal y la muerte a través la belleza femenina.

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L’Apparition (Gustave Moreau, 1876).

Otros artistas deciden darle una visión algo diferente, Oscar Wilde no sólo habla de ejecución, sino de lujuria, poder y amor. El dramaturgo llenó los vacíos narrativos convirtiendo a Salomé en una figura trágica y víctima de la pasión. Su visión es más completa, muestra las contradicciones del ser humano, la complejidad de las emociones y el deseo no sólo carnal, sino también espiritual. Además, enseña un lado que había desaparecido en la representación por otros artistas: el poder. 

Su obra suscitó gran alboroto y fue censurada al representar personajes bíblicos. A esto se le sumó los dibujos que realizó el amigo del dramaturgo, Aubrey Beardsley. Ambos disfrutaban provocando a la sociedad puritana de la época y las ilustraciones fueron reflejo de ello: incesto, strip-tease, necrofilia, pechos, traseros… La obra consiguió gran fama a través del escándalo. Si aún no lo habéis leído, os recomendamos la edición “Salomé” de Libros del Zorro Rojo, que recoge las ilustraciones del artista inglés.

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J’ai baisé ta bouche Iokanaan (Aubrey Beardsley, 1893).

Una visión diferente que dan algunos entendidos de la materia es que Salomé es la nínfula de la Biblia. Sí, “la primera Lolita”. Muchas obras reflejan la niñez y falta de madurez de Salomé. Un ejemplo de ello es “Herodías” de Flaubert, en la se usa a Salomé como arma, pero la decisión de la ejecución es tomada por la madre. Además, el lenguaje utilizado para su personaje es infantil: “je veux que tu me donnes dans un plat la tête… La tête de Iaokannan!”. El escritor francés Jules Laforgue, por su parte, decide también dejar caer su temprana edad: los invitados al banquete de Herodes llegan a preguntarse “¿cuándo se va a la cama?”. En el ámbito pictórico, Edouard Toudouze con “Salomé triunfante”, ¿no muestra acaso una niña traviesa, casi inofensiva y llena de flores? 

Acercándonos más a la actualidad, no podemos olvidar que el gran Javier Krahe  también quiso dar su protagonismo a la bailarina del baile de los siete velos con Salomé, tema que encontramos en su álbum “Dolor de garganta” (1999): “su danza fue de aquellas que hay que premiar con un trofeo, pero ahora sé que Salomé sólo quería mi deseo si mi deseo era deseo de Salomé”.

Aunque Salomé es una figura que pertenece al discurso religioso, la emancipación de su contexto y conversión a la personalidad del erotismo, belleza y crueldad, nos ha dado el placer de contemplar y disfrutar de una gran variedad talentosa de obras sobre la gran femme-idole de la Biblia (con perdón de Judith, la heroína de Betulia).

 

Escrito por Loga Tréclau

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