En Montmartre también había mujeres.

Madame Thad»e Natanson (Misia Godebska, 1872-1950) at the Theater. 1895. Oil on cardboard, 24 1/2 x 29 1/2 in. (62.2 x 74.9 cm). Gift of Mr. and Mrs. Richard Rodgers, 1964 (64.153).
  • Misia Sert.

Su padre fue un escultor y su madre era la hija de un renombrado chelista, ésta falleció en el parto, así que vivió con su abuela, una gran melómana. Para su familia era muy importante el desarrollo artístico, por lo que consigue desde pequeña un gran aprendizaje musical.

Se escapó muy joven a Londres debido a los maltratos que sufrió en su familia por parte de sus madrastras. Se gana la vida dando clases de piano y se casa con un hombre socialista que le introduce en la sociedad artística. Conoce en esta época a artistas como Redon, Proust o Toulouse-Lautrec, a éste último le gusta retratarla siempre al piano.

Aunque la trataban como a una mujer caprichosa y mimada, lo cierto es que era muy inteligente, tenía el don de una buena mecenas: era capaz de distinguir a los genios, incluso antes que los demás.

Tuvo varias parejas a lo largo de su vida, pero su único matrimonio auténtico fue con Josep María Sert. Se trataban de igual a igual, con respeto y admiración. No llegaron las inseguridades a la pareja hasta que apareció Roussy Mdivani, ayudante de Sert, de la cual se enamoró. Misia, al conocerla, también cae prendida de ella y comienzan una relación poliamorosa.

Fue una de las mecenas más importantes de la época, llegó incluso a extender un cheque en blanco a Renoir por un retrato, era generosa con el arte. Tenía grandes amistades como Cocteau, Coco Chanel o Diaghilev. Siempre ayudaba a sus amigos artistas cuando necesitaban dinero para llevar acabo proyectos. Muchas grandes obras que hoy conocemos no habrían sido posibles sin sus aportaciones económicas. 

A nosotras nos gusta recordarla como decía Jean Cocteau “con talento para reírse y para colocar cada uno en su lugar”.

B.Weill
Exposición de Georges Kars en la Galerie B.Weill (1928, Nadine Nieszawer).
  • Berthe Weill.

Berthe Weill es la primera mujer galerista de la historia. Comenzó con una pequeña librería que monta gracias a su hermano y ahí se gana la reputación de saber reconocer las obras falsas de las verdaderas. El dinero de su dote lo usa para abrir una tienda de arte. 

Tiene ojo y empieza a trabajar con Toulouse-Lautrec, que en aquel momento era muy barato. A través de exposiciones conoce a más artistas con los que trabajar y se independiza económica y laboralmente de su hermano. Su galería se llamaba “B. Weill”, no podía especificar un nombre de mujer ya que en aquella época no habría transmitido confianza.

Las primeras ventas de Picasso las consigue Berthe. Aunque tenían una buena relación y Pablo confiaba en ella -hasta el punto de venderle obras de la época azul-, tuvieron una relación muy tormentosa, él era un joven rebelde y ella a veces tardaba en pagar, llegó incluso el pintor a amenazarla con una pistola.

Se comenta que tuvo una relación con la pintora fauvista Emilie Charmy, pero no se han encontrado evidencias de ello debido a que en aquella época la homosexualidad estaba penada.

Berthe sabe dónde está el talento y es pionera en sus exposiciones. Expone por primera vez a los fauvistas Matisse y Marquet, obras de artistas cubistas y apuesta también por las mujeres. Lo que le hacía tan buena vendedora es que siempre pedía a los artistas que le hablasen sobre sus obras. Todos le tienen gran cariño porque es Berthe Weill quien vende sus primeros cuadros y a partir de ahí comienzan a crecer. 

No tardan marchantes hombres más poderosos y ricos en pisarle los talones, aprovechándose de que ella era mujer. No tenía exclusividad con los artistas así que muchos se acaban marchando por dinero.

Fue descubrir a Modigliani quien le ayudó a seguir con su negocio. A su primera (y única ya que después falleció) exposición acudieron mareas de personas, pero la policía hizo retirar las telas con desnudos por impúdicos.

A Berthe Weill la describen como menuda, miope, pálida, petit bon femme, voz ácida, temperamento franco y buen humor.

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Mujer recostada en un sofá (1917/18), Suzanne Valadon.
  • Suzanne Valadon.

Hija ilegítima de una lavandera, tuvo una infancia muy muy pobre. Ella siempre quiso pintar, pero su madre nunca la apoyó, a los 9 años la puso a trabajar en una fábrica de ropa. 

Gracias a su belleza, empezó a ganarse la vida siendo modelo de pintores como Toulouse-Lautrec, Renoir o Degas. Fue Toulouse-Lautrec quien se fija en ella más allá de un canon, sino por su talento, una gran fuerza creativa post-impresionista y la anima a pintar de forma profesional, Degas y él le abren la puerta a galerías para que pudiera exponer.

Su primera exposición fue con Berthe Weill. También expone con otros artistas como Utrillo o Uterque. Es una pintora fuerte e innovadora, con gran pasión por los desnudos (incluso desnudos masculinos, nada comunes en aquella época), por lo que consigue vender un gran número de sus obras.

Se la recuerda por algunas excentricidades como que tenía una cabra en su estudio para que se comiese sus cuadros malos. También por abandonar a su marido, un rico banquero, por el amigo de su hijo, con el que se llevaba 21 años de diferencia.

Pero sobre todo por ser una adelantada a su época, no solamente por dedicarse a la pintura siendo mujer, sino por atreverse a pintar lo que nadie estaba pintando.

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Maternal Caress (1896), Mary Cassatt.
  • Mary Cassatt.

Fue uno de los roles más importantes: “intermediaria” entre público y artista, a través de las relaciones públicas, los consejos a los artistas y el mecenazgo. 

De familia rica y procedencia americana, además de artista fue una mecenas que conseguía que grandes familias de los EEUU comprasen obras impresionistas en París. De ahí que en Norteamérica haya tantas obras de este periodo.

Fue descubierta por Degas, no solamente posó para él, sino que también trabajaron juntos, dejándose influenciar el uno y el otro.

A pesar de no poder ingresar en la Academia de Bellas Artes (tenían vetada la entrada a las mujeres por los desnudos masculinos), es considerada como una de las mejores grabadoras del siglo XIX. 

Innovó por cómo retrataba a las mujeres, se concentraba en una acción concreta que a veces no era propia de ellas, como la conducción. Es capaz de reflejar las escenas más íntimas como nadie. Sus cuadros relatan su entorno, su familia, la maternidad. Muestra una gran ternura en las escenas entre madre e hijos por su naturalidad en las poses, tenía un gran sentimiento maternal (aunque no fue madre nunca), pero era capaz de mostrar su mundo interior. A pesar de la delicadeza de sus obras, algunas suscitaron rechazo ya que consideraban sus escenas maternales como “voyeuristas”.

Tuvo un gran éxito comercial y de crítica, ella quería expresar a la mujer moderna y el encanto de la feminidad y consiguió que todos lo vieran y la respetaran.

 

Escrito por Loga Tréclau

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