Grace Coddington: poeta visual.

Hablar de moda del último siglo y no nombrar a Grace Coddington es imposible. Imprescindible en el imaginario de las editoriales más icónicas de Vogue, su gran sensibilidad y conocimiento sobre arte le han convertido en una pieza insustituible en la materia.

Con más de 50 años de profesión y la melena pelirroja más envidiable, Grace nació en una pequeña isla de Gales alejada de cualquier contacto con la industria de la moda. Al cumplir la mayoría de edad se trasladó a Londres en busca de aire nuevo y modernidad, probó suerte como modelo, y durante una larga temporada fue una maniquí codiciada que entre otras cosas llegó a ser imagen del célebre peluquero Vidal Sassoon que le realizó el revolucionario corte de 5 puntas.

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Después de posar para los diseñadores del momento y protagonizar portadas del Vogue inglés, su carrera se vio interrumpida a causa de un accidente de coche que le dejó secuelas físicas con múltiples intervenciones.

Dejando en un segundo plano el modelaje y gracias a los contactos que ya había hecho, comenzó en la editorial de moda, trabajando en Vogue Uk como estilista a comienzos de los años 70. Como resultado a su experiencia como modelo, y a empaparse de los conocimientos de fotógrafos como Norman Parkinson, Grace entendió que su labor era la de aportar más profundidad y carácter a un mundo aparentemente estático y algo superficial.

Huyendo de estereotipos y lánguidas modelos rubias inició su característico estilo con grandes fotógrafos como Guy Bourdin o Helmut Newton recorriendo el mundo y sumando conocimientos en sesiones que por entonces duraban hasta un mes.

Fue en este desarrollo cuando su camino se cruzaría por primera vez con Anna Wintour, nombrada directora de la revista antes de su salto a la edición americana. El destino las volvería a reunir a principios de los 90 y juntas se convertirían en el duo más famoso de la industria, tan diferentes y a la vez tan complementarias…

A cargo de la dirección artística del Vogue estadounidense llegaría el culmen de su carrera haciendo números memorables durante casi treinta años.

Observando su línea de trabajo se puede conocer mucho a Grace, hay cosas que se repiten una y otra vez, y tiene más que ver con lo que no se puede explicar con palabras, que con la celebrity de moda vistiendo la última tendencia.

Lo suyo es contar historias a través de cada toma dando valor a las prendas pero sin hacerlas protagonistas. La relevancia del lugar como escenario, la expresión de la modelo acompañada de sus movimientos, el lenguaje de cada fotógrafo y la suma de pequeños detalles que conjugan el total de la imagen y que solo las grandes saben ver.

No es de extrañar que cuando conocimos su amable carácter en el documental The september issue de R. J. Cutler su imagen pública se viniera arriba. Los valores de Coddington parecen pillarnos por sorpresa en contraposición a su entorno. Pasional, ingeniosa, irónica y siempre con una sonrisa.

Después de dejarnos trabajos como Grunge & Glorie, Versailles o Alice in Wonderland, Grace dejo de trabajar exclusivamente para Vogue, colaborando en la dirección creativa en marcas como Tiffany, Louis Vuitton o Comme des garçons haciendo lo que mejor sabe, ser poeta de imágenes.


 

Por: Patricia Novillo-Fertrell Ruiz

@patricianovillofertrell





 

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