Man Ray y sus musas.

Mucho se habla de Man Ray (pseudónimo de Emmanuel Radnitzky) uno de los referentes y artistas más relevantes de la fotografía del siglo XX. Sus fotografías y fotogramas causaron sensación y siguen siendo objeto de estudio a día de hoy. El año pasado, sin ir mas lejos, pudimos visitar en la Fundación Canal una exposición completísima de su obra. Fotógrafo, dibujante, escultor, este artista que se codeó con Dalí, Duchamp o Marx Ernst, puso su mirada en el arte y en las vanguardias aunque también, en muchas mujeres. Todas ellas quedaron eclipsadas por la figura del fotógrafo y estuvieron relegadas a un segundo plano.

Nacido en Filadelfia, funda la Sociedad Anónima de artistas abstractos y  se casa con la poeta belga, Adon Lacroix de la que poco se sabe acerca de su vida y de sus poemas. Finalmente, en 1921 se muda a París donde viviría hasta su muerte en 1946, para impregnarse de los movimientos culturales crecientes en los años 20: las vanguardias, el dadaísmo y el surrealismo.

Pero hoy estamos aquí para hablar de ellas, las que inspiraron al artista. Las que también, además de musas, eran artistas. Las mujeres enigmáticas dando la espalda. ¿Quiénes fueron?

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En su juventud, coincidió con Alice Prin apodada como «Kiki», una cantante, bailarina, actriz y modelo francesa que se convirtió en musa de artistas europeos y americanos en el París del periodo de entreguerras (1921-1939). Fue nombrada la «Reina de Montparnasse» debido a sus exitosas actuaciones en cabarets y cafés. Esta mujer de pelo a lo garçon y animada voz tuvo una infancia infeliz y pobre. De pequeña fue abandonada por su madre y criada por su abuela en la absoluta miseria. Conoció al pintor polaco Mendjizky, quien la retrató en numerosas ocasiones, y, más tarde, se enamoraría de Man Ray, para el que posará en una de sus fotografías más conocidas.No solo fue amante y modelo, sino que también fue pintora. Su obra, en la que abundan los autoretratos, retratos y reuniones sociales, llegó a ser expuesta en varias galerías del barrio más famoso del momento.

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Junto a Lee Miller empezó una relación compleja y potentísima. La creación y la inspiración fue su motor durante cuatro años. Esta fotógrafa, modelo y artista fue quien le introdujo al proceso de las solarizaciones (técnica en la que la imagen invierte su tono) o de los fotogramas (técnica de  fotografía sin cámara). Su padre, un aficionado fotógrafo, le enseñó y le hizo posar frente al objetivo en varias ocasiones, por ello en su trabajo se encuentran numerosos desnudos de su hija. Más adelante Miller confirmará que sufrió abusos sexuales.

Realizó bastantes trabajos como modelo para la revista Vogue y en 1929 se muda a París donde conoce a Man Ray. Comienzan un romance y se retroalimentan artísticamente hasta el punto de confundir la autoría de sus obras, como también sucede con Robert Capa y Gerda Taro.

Miller se ve envuelta en la efervescencia del París surrealista, y explota su creatividad. Sus obras provocativas y abstractas en las que la realidad y lo onírico se entremezclan dejan sin palabras a sus coetáneos y pasa de ser una mujer fotografiada a encontrarse siendo una artista con un talento peculiar e inigualable.

Cuando termina su relación, Miller se traslada a Estados Unidos donde comienza a trabajar en moda en un estudio fotográfico. Estalla la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y ejerce como corresponsal y fotoreportera para revistas y  prensa. Gracias a su personalidad arrolladora y aventurera llega a entrar en campos de concentración y es testigo de la batalla de Alsacia o la liberación de París donde retrata los horrores y los estragos de la guerra. Incluso se atreve a meterse en la propia bañera de Hitler en su apartamento de Munich un día antes de su suicidio.

En el 1945 viaja a Reino Unido donde se asienta y pasa sus últimos años, por  la brutalidad de haber sido testigo de una guerra, sufre estrés postraumático y se vuelve dependiente del alcohol. Se divorcia, se vuelve a casar con un artista e historiador inglés, con el que tiene un hijo. A raíz de ello, olvida la fotografía y la vida temeraria e inquieta.

Estas mujeres, como tantas otras, se quedaron a la sombra del hombre,hasta ahora no hemos podido rescatar su creación  y definirlas como artistas en su propia individualidad. Gracias al auge del feminismo, tanto en redes sociales como en el impacto que paulatinamente está calando en nosotras,tenemos la posibilidad y la necesidad de seguir  investigando, creando y añadiendo nombres a la historia.

 


 

Por Ana Sanz 

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