Joan Didion: la mirada literaria más desafiante.

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Bret Easton Ellis admitió que reescribiría sus párrafos sólo para ver cómo ella lo hacía. Joan Didion llegó a Los Ángeles en 1964 con una clara meta: convertirse en una de las escritoras más importantes de su generación. Una chica de Sacramento con grandes inquietudes que la vida aún así superó con creces. Didion se dio a conocer por escribir sobre el mundo en primera persona. Fuera sobre la superficialidad de los años 60, la frivolidad de los valores americanos o las incursiones de la gran industria en el paisaje de California, ella siempre era la sonda. Uno de los grandes placeres de leerla reside justo en eso, en la seguridad con la que  da por sentado su propio punto de vista. En los escritos de Didion queda claro que no sólo era alérgica a la ideología -que evitaba como un virus la mayor parte del tiempo- sino que sus formas de pensar y de expresarse eran diferentes a las de cualquier otra persona y sentenciaba en frases breves mejor que cualquier juez.

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Joan Didion pasó la mayor parte de su infancia en California y ya a los cinco su juguete favorito eran los bolis de su padre. En la Universidad ganó una beca con Vogue, un trabajo editorial que mantuvo durante siete años. Mientras estuvo allí desarrolló los tintes que impregnarían su obra temprana: los colores de California, el privilegio, la muerte, la ansiedad, y las mujeres deshechas. A pesar de gozar de una vida cómoda y un matrimonio con su alma gemela -el escritor Dunne- era inevitable que a veces ella misma se incluyera en ese club. Nuestra concepción de la América de los años 60 y 70 existe, en gran parte, gracias a a ella. Temas que s culturalmente canónicos -las bodas de Las Vegas, la vaguedad del idealismo o el movimiento contracultural hippie- tomaron forma a través de su ojo.

Podía ser sorprendentemente aguda, casi cruel,  más por lo que callaba incluso que por lo que sí se traducía en palabras. Siempre ha admitido que su apariencia menuda y tranquila jugó a su favor. Ser mujer era sinónimo de inofensiva, y así consiguió testigo de escenas de todo tipo porque nadie desconfiaba de ella. Sabía esconder su ambición y  sobre todo su famoso ojo crítico.

Las heroínas de sus novelas se niegan a conciliar a conciliar la división entre lo que ellas quiere y lo que una mujer debe hacer: casarse, tener hijos y mantener su matrimonio unido obviando la inevitable promiscuidad y enterrando sus otras esperanzas y sueños. Las mujeres de Didion tienen una imagen en mente de cómo debería ser la vida -lo han visto en las revistas de moda- y esperan que la realidad siga su ejemplo. Pero la realidad es siempre rebelde y las vidas de las protagonistas son destrozadas, alteradas y reescritas constantemente.

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Run River, publicado cuando Didion aún no tenía treinta años, reflejaba su formidable ambicióm. Como los escritores escribían novelas, ella escribió una. Sin embargo, el libro -que está ambientado en la ciudad natal de Didion, Sacramento- no es sólo un ejercicio reflexivo. Su protagonista, Lily Knight McClellan, es una mujer arruinada que vive en relativa riqueza en una utopía. Aún así, Lily llora, bebe, engaña a su marido ranchero, y aborta a un niño, porque no puede renunciar a las “cómodas ficciones amorosas”.

Play It as It Lays retrata a Maria Wyeth, una actriz de serie B cuyo camino fluye lejos de cumplir con las expectativas sociales. En esta novela, donde a veces unas pocas palabras constituyen un capítulo, Didion da forma a los fantasmas, a lo espantoso y a lo efímero. La más conocida de las primeras heroínas de Didion refleja la complejidad de la feminidad ideal americana, extraña e incomprensible. Incluso mientras presuntamente adquiere esa perfección y vive en su bonita casa de Los Ángeles, María siente un temor existencial en sus huesos, un pánico que nunca podrá temblar del todo. Para paliarlo, escribe su partiular to-do list inversa donde apunta los esteotipos con los que jamás se vestirá, entre ellos: pasear un Yorkshire por Beverly Hills.

El libro A Book of Common Prayer era feminista sin tener que declararse como tal. En él, Didion plantea la vida de Grace, una estadounidense con expatriada de 60 años y enferma de cáncer que vive en la ficticia ciudad centroamericana de Boca Grande. Durante el curso de la novela nunca se pregunta quién la recordará cuando se haya ido. Grace prefiere mantener una apariencia de comportamiento en esta tierra, siempre está mirando hacia afuera y raramente hacia adentro. En cierto modo, al mudarse a Boca Grande, Grace buscó escapar de la vida o, al menos, de la vida que se suponía que tenía como mujer estadounidense.

Portada - Frontera Digital

 

Sinónimo de imparable y de icono, nunca ha dejado de dar que hablar. Puede presumir a sus 84 de una vida frenética más que a la altura de sus novelas, con momentos tan álgidos y dramáticos que ni una escritora de su talla podía guionizar, incluyendo la repentina muerte de los dos amores de su vida. Esos highs y lows siempre desdoblándolos en páginas, porque el desgarro y la pluma para ella van de la mano.

Su glamour y magnetismo hipnotiza hasta hoy por su desafiante estilo, en la vida y en lo escrito. Y no hay nada más lujoso que eso y exquisito que eso.

 


 

Por: Raquel Bada

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