Maruja Mallo: la artista española de la que nunca se habla lo suficiente.

Maruja Mallo

Marúnica, Ana María Gomez González o Maruja Mallo nació en una España que no estaba preparada para que una sola persona mujer personificara tanta libertad, rebeldía e independencia como ella lo hizo. Una mujer independiente y libre, que hacía oídos sordos comentarios y críticas sobre su su estilo de vida adelantado a su época. Pionera y símbolo feminista, nunca abandonó su ferviente lucha por la defensa, la libertad y la igualdad de género.

Maruja es considerada una de las artistas sombra -no por falta de mérito, sino por condición- de la Generación del 27 y principal figura de Las Sinsombrero, nombre por el que son conocidas el grupo de mujeres pensadoras y artistas españolas pertenecientes a esa generación. Ellas, se despojaban simbólicamente de esa prenda tan ligada a los convencionalismos de la época, para rebelarse ante cualquier atadura social. El término, podría considerarse a su vez el Siglo de Oro en cuento a creadoras e intelectuales femeninas.

Cabeza de mujer, frente y de perfil / Maruja Mallo
Cabeza de mujer, frente y de perfil / Maruja Mallo

La Generación del 27 bautiza a pintores, escritores y dramaturgos legendarios que generaron una abrumadora cantidad de obras en torno a los 20 del sXX. Se encontraban, entre estos artistas, Dalí, Lorca y Buñuel, con quienes Maruja solía formar equipo. Tampoco escondía a sus cómplices y amantes, como Neruda y Miguel Hernández. Maruja nunca quiso atarse a  ninguna relación de pareja y huía de cualquier sensación de dependencia. Alabada por otros vanguardistas como Paul Éluard, fue la pintora que con sus ‘Verbenas’ consiguió de José Ortega y Gasset la única exposición exitosa en su “Revista de Occidente”.

En lo referente al arte su estilo podría definirse como surrealista, algo que algunos expertos ponen en cuestión, ya que no consideraban que ese calificativo le hiciera honor, puesto que sus obras tenían un estilo muy personal e inclasificable. Su temática giraba al rededor de la urbe, sus habitantes, la diversidad, los temas, fiestas populares, la presencia y ausencia del hombre en la naturaleza. Estos quedaron plasmados tanto en murales como en retratos que llamaban la atención por la velocidad, la simultaneidad y las variadas perspectivas. Como ella bien dijo: “Soy ordenada ante todo”, y eso incluía su pintura, que era calculada al milímetro hasta en sus bocetos previos.

Cabezas y Atletas / Maruja Mallo
Cabezas y Atletas / Maruja Mallo

A partir del 37, se marchó de España como consecuencia de la Guerra Civil, durante esta época hasta su vuelta en el 60, residió en  Paris, Nueva York o Buenos Aires. Impasible por naturaleza, su obra seducía desde Andy Warhol a André Bretón, consiguiendo internacionalmente mucho más mérito y reconocimiento que en España. Por ello, no fue hasta 20 años después de su exilio cuando se decidió a pisarla de nuevo.

Maruja dejaba huella y  pocos fueron los que no se enamoraron de su actitud despierta y  mentalidad abierta. Alberti la bautizó como  “La Pájara Pinta”, y fue “El Rayo que no cesa” para Miguel Hernández. Recordada también como la principal figura de las “Sin Sombrero”, la vitalidad que la caracterizaba, sus inquietudes cosmopolitas y artísticas, sus aires noctámbulos o particular sonrisa de labios rojos, no se perdieron hasta su muerte en 1996. Fue la última Vanguardista.  

 

 


 

Olivia Acevedo Cabañas

@oliacas

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