Sonia y Robert Delaunay: la pareja artística del siglo XX

El color cobra vida y se vuelve un mapa en la obra de este matrimonio: Robert y Sonia Delaunay. Sonia, nacida como Sara Ilinichna Stern en Ucrania en el año 1885, se trasladó a San Petersburgo cuando fallecieron sus padres y fue criada por su tíos, quienes le introdujeron al arte en un ambiente cultural y cosmopolita. Cursó estudios en Alemania y, más tarde, se trasladó a París en 1905.

Su marido Robert nace también en 1885, francés de familia aristocrática, comienza a tomar clases a los diecisiete años con el pintor Rossin y coge influencias de Seurat. Se conocen en París cuando Robert expone pinturas de estilo fauvista, movimiento que empieza a cultivarse en estas fechas (1905-1908) con Henri Matisse como precursor, en las que el dominio del color, el rechazo por lo cánones, el gusto por simplificar figura, la vuelta a lo primitivo y la recuperación de tendencias artísticas (el estilo post impresionista de Gauguin, por ejemplo) se unen. Vemos la gran influencia en estos ambientes artísticos, ya que en las pinturas de Sonia se intuye cierto acercamiento a este movimiento.

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Por motivos económicos, Sonia pacta un matrimonio de conveniencia y se relaciona con los grupos cubistas y fauvistas entre los que se encuentran Picasso, Derain y Vlaminck. Al compartir las mismas teorías e inquietudes artísticas que Robert Delaunay, se divorcia al año y se casa con él, esta vez por amor, adoptando así su apellido.

La pareja se instala en un taller y empiezan a consolidar su obra. Rompen con el fauvismo y el cubismo ya que, para ellos, la pintura es ante todo color y pigmento. Forman su identidad a través de la construcción plástica, haciendo de este su predominante, atendiendo a teorías del color como las de Chevreul, químico destacado por influir la pintura del siglo XX, creando así una nueva corriente llamada simultaneísmo, que analiza los contrastes de color de los objetos.

De esta manera, Robert pinta Las Ventanas, experimentando con nuevas técnicas cromáticas y exaltando el color. Crea una nueva expresión a la que el poeta Apollinaire denomina orfismo en la que también integra a otros pintores como Duchamp o a Leger. Sus pinturas tienen repercusión en Alemania y se incorporan a museos y colecciones privadas.

 

 

 

Nace su primer y único hijo Charles y, en ese momento, Sonia se desvincula de la pintura para pasar al diseño abstracto cuando crea una obra a partir de una colcha que hace para su hijo con múltiples  retales. Empieza a crear objetos de decoración, realiza collages y encuadernaciones para libros de poesía de Apollinaire, Rimbaud o Cendrars del que es íntima amiga y lleva a cabo una gran producción artística centrada en el diseño de ropa, objetos y carteles publicitarios. Expone en el Primer Salón de Otoño de Berlín y, en 1914, a punto de estallar la guerra, Robert es llamado a filas pero deciden instalarse entre España y Portugal.

 

Allí, ambos descubren la cultura flamenca y se sienten fascinados por ella, ya que la consideran una expresión libre del academicismo. Robert desarrolla al máximo sus teorías de contrastes simultáneos, explorando la cantidad de posibilidades cromáticas y estrechando lazos con la vanguardia portuguesa. Por otra parte, Sonia también atraída por la luz y por el color, inicia su periodo de auge creativo, realizando varias portadas para Vogue, creando objetos de cerámica, retales y composiciones de cerámica sobre cera. En el 1917, la Revolución bolchevique triunfa y  deja de recibir rentas de su familia desde San Petersburgo y entonces para ganar sustento económico colabora con los Ballet Rusos. Diseña el vestuario de algunos ballets, decora teatros o casas de la alta burguesía y nobleza española y hasta registra una marca llamada Casa Sonia con la que tiene bastante éxito.

Regresan a París en los años veinte. Robert pinta Los Corredores donde sigue manteniendo el cromatismo y la ausencia de línea. En 1926, introduce imágenes y series numéricas. El matrimonio, ligado al movimiento dadaísta, sigue haciendo colaboraciones teatrales, decoran casas de poetas y adornan también su lenguaje con vestidos-poema o ilustraciones, incluso crean vestuario para cine. Robert se acerca al arte monumental cuando en el 37 le encargan la decoración de dos pabellones arquitectónicos, mientras Sonia se proclama diseñadora de moda, siempre entendido como una exploración más del arte: las mujeres que llevaban sus prendas se consideraban pinturas vivas.  Escribe también artículos de moda y potencia su creatividad, creando también carteles publicitarios donde incorpora lámparas mica tube.

El matrimonio realiza la decoración del vestíbulo del Salón de las Tuileries, y organizan numerosas exposiciones, siempre siendo fiel al arte abstracto y sus círculos personales y artísticos. En 1941, Robert muere y Sonia, junto a sus amigos, le dedica una exposición. Ella sigue pintando y recolectando obras para lanzar retrospectivas, formando así un imaginario. Investiga sobre el color y amplia su creación con mosaicos, alfombras y gouaches hasta su últimos días, que llegará a los 94 años.


 

Por: Ana Sanz

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