Listas, guapas, limpias: un diálogo generacional.

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«A mi edad, mi madre estaba casándose, yo solo reclamo dinero y estar sola en mi cuarto»

Listas, guapas, limpias es la primera novela de la periodista barcelonesa Anna Pacheco, publicada en la editorial Caballo de Troya, llevada por Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez. En ella, encontramos un diálogo generacional a través de la voz de su protagonista, una chica de veinte años, de la que no sabemos su nombre que, después de su primer año de universidad, pasa el verano en su barrio, ayudando a su madre en el cuidado de su abuela, emprende su camino en el mundo adulto y ve cómo el discurso aspiracional que tanto le han repetido, esa vida universitaria que garantizaba un buen trabajo y salario, no está a su alcance.

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Con un ritmo sincero, sencillo y con toques de humor negro que escapa de cualquier sentimentalismo, nos pone de manifiesto la relación que tiene con Yaiza, su amiga de toda la vida, con la que siente un desapego y una desconexión relevantes en el momento en el que ve que sus mundos no son compatibles. A su vez, Yaiza, la mantiene en el lugar de siempre, en un espacio donde no tiene que avergonzarse ni actuar, su barrio. También nos evidencia ciertos rasgos adolescentes, como por ejemplo el momento en el que la protagonista pasea con su madre por el Carrefour y le reprocha no haber tenido una educación cultural más elevada, tratándola con condescendencia y crueldad. «Cuando eres niña, crees que los padres solo pueden hacer cosas ejemplares y luego te enteras de que solo hacen lo que pueden».

La llegada a la universidad supone un cambio significativo en su vida, con nuevas amistades y amores, decide romper con el pasado y poner distancia, lo que supone hacer un viaje retrospectivo y una vuelta por sus recuerdos de los veranos de su niñez, su primer novio o los primeros descubrimientos sexuales,así mismo, están presentes no solo sus propias vivencias, sino las anécdotas sobre la juventud de su madre o el matrimonio de su abuela, en las que redescubre a sus referentes y une edades y experiencias.

En este viaje, que salta de verano en verano, al igual que nos encontramos escenas domésticas y costumbristas relacionadas con la familia y la amistad, también vemos cierta conciencia y aceptación del propio cuerpo, que pasa de compararse tortuosamente con sus amigas, donde es más importante ser deseada a sentir deseo, a cuestionarse temas como la vergüenza de la masturbación o la belleza femenina. A medida que avanza el libro, la protagonista nos acerca a su proceso de madurez, dibujando un retrato de una generación millenial donde las ideas en torno al yo, el género y la clase social se ponen en cuestión.


 

Por: Ana Sanz