Mujeres que rompieron el mito tradicional en Japón.

La mayoría de las mujeres en los países asiáticos más desarrollados se encuentran a caballo entre el desarrollo, y una realidad que aún les hace de menos. No hace falta que nos remitamos a siglos atrás. Por suerte, ellas luchan. Igual que en todo el mundo, las mujeres asiáticas protestan y abren su camino día a día para parar los pies de una sociedad que aún les obliga a echar el freno. Para ver cómo comenzó la lucha más reciente, debemos remontarnos al siglo XX.

Durante el último shogunato —gobierno militar que duró hasta 1868— que ostentó el poder en Japón a principios del siglo XVII, se intentó crear el modelo de la “mujer perfecta” basándose en unas tradiciones que rozan lo feudal, las cuales tenían como pilar principal la siguiente premisa: “La mujer debe mostrar sumisión y fidelidad al hombre”

Así surgió el  Manual de la Mujer (Onna- daigaku), texto destinado a marcar la vida de las mujeres y que se utilizó como base para la educación hasta bien entrado el siglo XX. Este indicaba tres caminos que toda mujer debía seguir ciegamente: obediencia a su padre —si es soltera—, obediencia a su marido —si está casada— y obediencia a sus hijos varones —si es viuda—. Antiguamente, toda mujer casadera debía aprenderse este manual de memoria, el cual rezaba que “las enfermedades mortales de casi todas las mujeres casadas son la desobediencia, el odio, la calumnia, la envidia y la superficialidad de pensamiento […]”. Es inevitable añadir que, a pesar de que ya no se considera útil en la actualidad, las mujeres japonesas aún sufren consecuencias por este manuscrito.

Estas creencias vienen tanto del confucianismo como del budismo. El primero proviene de china, e identifica a la mujer como el yin —lo negativo del mundo, su parte más oscura—. Por otra parte, el budismo hablaba antiguamente de la mujer como un ser sumergido en el pecado. Todas estas terribles creencias han motivado a que los movimientos feministas y liberadores de la mujer japonesa aparecieran con bastante retraso, al igual que su reivindicación de igualdad de derechos.

Actualmente, las luchadoras niponas han conseguido muchísimos avances dignos de admirar, como la promulgación de la Ley de Igualdad de Oportunidades, la Ley de Maternidad y la Ley de Prevención de Violencia Conyugal. Sin embargo, estas leyes han sido aceptadas a finales del siglo XX y principios del XXI, por lo que es fácil imaginar que igualdad, en la práctica, no está aún arraigada en la cultura japonesa.

Por ejemplo, sigue siendo muy difícil la vida de una mujer soltera en Asia. Hasta hace muy poco, casarse después de los 25 años significaba que el valor como novia empezaba a decaer. Por otra parte, el 70% de las japonesas renuncia al trabajo tras su primer hijo, y apenas un 20% de empresas cuenta con una mujer en sus puestos directivos. A pesar de los datos, ellas no dejan de luchar.

Por ejemplo, hace poco la actriz Yumi Ishikawa consiguió que más de 19.000 personas apoyaran su movimiento #KuToo —derivado del famosísimo #MeToo—. En una entrevista el año pasado, Ishikawa mencionó que habían presentado un manifiesto reclamando una ley que prohibiera a los empresarios a obligar a las mujeres a llevar tacones, ya que promueve la discriminación sexual y constituye acoso. También la periodista Shiori Ito denunció a finales de 2018 una violación por parte de otro periodista, Noriyuki Yamaguchi, suceso que caló en los noticiarios del país y demostró que las japonesas no son débiles; que ya no tienen miedo.

Son muchos los avances a los que aún tiene que responder la cultura asiática  por la mujer. Por ello, es importante que reconozcamos sus esfuerzos; que apoyemos las decisiones de todas estas mujeres que se revelan contra el sistema. No solo en nuestro país o nuestra zona de confort, sino en el resto del mundo. Algún día, toda mujer podrá denominarse a sí misma como libre.


 

Escrito por: Cristina Morgado

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