Sex Education: La respuesta contra el veto parental.

En época crisis inminentes, cualquier grieta es excusa para destruir la pared entera y tirar la casa por la ventana. Los muebles, los cuadros, los platos, por la ventana. Los hijos por la ventana. Y a comprar una casa nueva y propia, con cosas e hijos que queden bien con la casa, con hijos y cosas que sean propiedad de la casa.

En medio de todo este planteamiento de que padres y madres puedan vetar la asistencia de sus hijas e hijos a actividades complementarias educacionales dentro de horario escolar, vuelve a las pantallas de estos mismos adolescentes, la serie Sex Education (Netflix), para poner el foco en todo lo que le está faltando a esta cosa abstracta que llamamos educación, y tender una mano empática y comprensiva a la soledad que aparece cuando no hay referentes.

Vengas de donde vengas, el legado único y particular que te dejan tus progenitores es inherente a ti por naturaleza; sus influencias, sus deseos, sus valores, sus incongruencias, son pines instaurados en tu sistema de comportamiento, de los que, para bien o para mal, no puedes deshacerte. La educación parental es inevitablemente un hecho, pero la educación de la escuela no lo es. La educación como institución social para garantizar la educación, la educación como plan desarrollado que abre los ojos a las posibilidades, es una herramienta física que no existe por sí sola, en la que hay que trabajar para que marche. Y en la que hay que trabajar para que funcione a favor de la evolución social de la humanidad. Porque a veces la educación puede ser cruel, y a veces los padres y madres que educan pueden ser crueles. Pero entonces, quizá podría La Educación salvar a los niños y niñas de La Otra Educación, la de los padres crueles. Esa que no ve que esto no solo va de sexo, esa que no entiende que la educación sexual crea lazos entre las brechas abiertas de todas las demás educaciones.

Sex Education es un cuadro de enseñanzas precisamente sobre el amplio abanico de las relaciones afectivas que viven en comunidad, precisamente sobre como la comunidad que no excluye al otro, puede salvar al individuo de la crueldad. Sobre como la sororidad, que no es un acto perfecto y radical que se hace o no se hace, empieza a salvar vidas cuando se hace por ejercerla. Sex Education usa el marco de la sexualidad para hablar de lo que hay hablar. Porque hay mucho de lo que hablar al respecto, mucho a lo que ponerle voz, mucho tabú esperando a ser formalizado por palabras que lo hagan tangible y puedan así transformarlo.

Sex Education pone espejo a la presión social para que tengas sexo ya o para que aún no lo hagas. A la exigencia que genera el complacer al otro, y tenerlo que hacer mediante esquemas sociales que marcan cómo hay que relacionarse, cómo hay que tocar, cómo hay que satisfacer. Pone espejo a las expectativas que lanzamos sobre las personas que amamos. A la irremediable catástrofe a la que está condenada una relación con ausencia de amor propio, hacia una misma. Pone espejo a todas las piedras que tapan y deslegitiman abusos sexuales, a lo que sintieron ellas, sí, pero también a lo que hicieron ellos para hacerlas sentir así. A la búsqueda de saber lo que No quiero, lo que No me gusta, lo que No soy, y al encuentro con todos los Síes que esos Noes aguardan. Sí a ocupar el lugar que verdaderamente quiero ocupar en relación al otro, Sí a las etiquetas
que nacen de los sentimientos y no al revés, Sí al auto-cuidado tan poco integrado en nuestra cultura, Sí a las terapias contra los estigmas sociales de Hay que estar loco para ir al psicólogo, Sí a reeducarse a través de los demás, Sí a decidir lo que quiero hacer, lo que quiero estudiar, con quién quiero salir, Sí a descubrir qué me hace feliz aunque no sea lo que otros creen que debería hacerme feliz.

Sex Education responsabiliza a La Educación, y en concreto a la institución educativa, de todas las clamidias sociales que se extienden cuando no hay espejos, cuando la ignorancia se apodera de las autoridades. Y muestra una autoridad que surge del conocimiento, del saber, y del saber ver lo que no se sabe. Una autoridad que abriría escuelas de espacios vacíos -en lugar de usar puños que imponen y obligan a sacar un 10 en Matemáticas-, y que no desprestigiaría las opiniones de los adolescentes simplemente por ser jóvenes y rebeldes. Una autoridad que existiría si se empezara por escuchar, escuchar de verdad, qué es lo que está faltando.

 


 

Por: Paula Chicote

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