María de Maetzu y su “Residencia de Señoritas”

En 1910 se crea la Residencia de Estudiantes en la calle Fortuny y el 8 de Marzo se deroga la ley que desde 1888 exigía a las mujeres un permiso especial para entrar en la Universidad, lo que significó el libre acceso femenino en las aulas. Sin embargo, no es hasta 1915 cuando se habilitan dos edificios contiguos y se crean dos grupos: el masculino y el femenino. Este último cuenta con sesenta y cinco plazas, que es dirigido por Maria de Maeztu, y al que se le denomina Residencia de Señoritas.

La directora y fundadora, nacida en 1881, fue una humanista, pedagoga vasca, conocida por ser una de las primeras mujeres en graduarse en la Escuela Normal en Educación y Magisterio entre los años 1896 y 1898. Pionera de cambios sociales y políticos en los que el feminismo estaba abriéndose camino y estrechamente unida a la labor pedagógica, apostó siempre por una educación laica e igualitaria. Después de tantos años de lucha y progreso educativo, la guerra le toma por sorpresa y huye refugiándose en Argentina. Estudió como alumna no oficial en Salamanca para luego terminar su licenciatura en Filosofía y Letras en Madrid. Fue discípula de Ortega y Gasset y Unamuno con los que además compartiría una gran amistad.

Gracias a sus conocimientos de idiomas obtuvo una beca que le permite ampliar sus estudios en el extranjero, lo que también enriquece sus ideas en educación y formación, llevando a España, a la modernización.

Representante de diversos congresos internacionales, funda el Instituto-Escuela en el que ejerce como investigadora y docente. Cruza el océano dando conferencias en Argentina, Chicago, México, Cuba y demás países, donde es invitada de honor para participar en coloquios. Une lazos con Estados Unidos y así crea en el 1926 una asociación femenina universal, el Lyceum, imitando el modelo college americano. También comparte objetivos con el Instituto Internacional (centro estadounidense cultural en Madrid), dirigido por Susan Huntington, en donde ambas directoras colaboran exhaustivamente en estos dos espacios con medidas innovadoras como becas, intercambios culturales, materiales de laboratorio o actividades culturales.

De esta manera, la Residencia de Estudiantes se consolida durante la Segunda República como una puerta abierta a las vanguardias artísticas e intelectuales de los años 20. Por ella pasan personalidades como Dalí, Lorca o Buñuel, sin embargo, nada tiene que envidiar a su «contraria»: la Residencia de Señoritas. Esta cuenta con más alumnas que el edificio masculino y con la presencia de grandes figuras y referentes intelectuales, literatas y abogadas como Victoria Kent, Concha Méndez, María Zambrano, Gabriela Mistral, Felisa Martín Bravo, Campubrí o María Lejárraga.

La Residencia obtuvo una gran importancia para la enseñanza femenina de la época, alcanzó gran prestigio gracias al trabajo de su directora. Se convirtió en lugar de reunión y presentación de jóvenes poetas y donde profesores universitarios de renombre daban conferencias y charlas.

María de Maeztu, secundada por su hermano Ramiro, da un paso a la política durante la dictadura de Primo de Rivera y se convierte en miembro de la Asamblea Nacional. El número de universitarias se multiplica y la carrera de María continua elevándose, se le nombra profesora auxiliar, y más tarde, catedrática, momento que marcó un antes y un después ya que hasta ese momento, junto con Emilia Pardo Bazán, ninguna otra mujer había llegado tan lejos. Sin embargo, no pudo disfrutar de éste título. La guerra estalla y tras la dolorosa muerte de su hermano, en septiembre del 36, es destituida y su Residencia, símbolo del progreso educativo y del cambio social, queda arrancada de raíz.

Su obra se desvanece irremediablemente y, ya en el exilio, retoma parte de sus actividades como docente y conferenciante en Argentina, donde muere a la edad de 69 años. Pero nada vuelve a ser lo mismo después de tanta pérdida y frustración. Maria de Maeztu fue una gran voz del feminismo y de la educación de nuestra historia con la que todavía tenemos una cuenta pendiente. Su compromiso y su figura deben ser recordadas y ocupar el lugar merecido que se le arrebató.


 

Por: Ana Sanz

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