Alice Guy-Blaché: la primera directora de cine.

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Antes de que las mujeres tuvieran derecho a votar, Alice realizó, dirigió, produjo y supervisó alrededor de mil películas. En ellas y en los ya lejanos albores del cinematógrafo, fue capaz de expresar las pulsiones, los deseos y la autodeterminación de las mujeres.

A finales de 1890 la nueva industria cinematográfica se iba replanteando sobre la marcha. Los pioneros habían descubierto cómo proyectar una imagen en movimiento, pero ahora debía decidirse qué hacer con ese mundo de sombras parpadeantes. Los nombres de los que señalaron el camino a seguir han llegado hasta nosotros: los hermanos Lumière, Georges Méliès, Thomas Edison… y Alice Guy-Blaché. Sin embargo este último resulta incomprensiblemente obviado en muchos de los estudios que tratan del tema.

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Sin duda Alice fue una de las primeras personas, sino la primera, en mirar esos parpadeos y darse cuenta de que podían usarse para contar historias enteras.

Directora, productora y guionista, hizo cientos de películas desde 1896 hasta que sepamos 1920. Trabajó con efectos especiales, filmó en exteriores y grabó películas que contenían ya clips de audio sincronizadas. Llegó además a ser  propietaria y operar su propio estudio de cine. Probablemente esta falta reconocimiento a su figura también sea causado por el hecho de que la mayor parte de su trabajo se haya perdido.

Sólo unas 140 o más de las más de 1000 películas que escribió, dirigió o produjo han sobrevivido y a veces sólo en fragmentos. Estuvo presente en la primera proyección de los hermanos Lumière pero mientras estos siguieron en años posteriores concibiendo el cine como un mero espectáculo tecnológico – “¡Mira! ¡Un tren!” –  Alice Guy-Blaché se percató de su potencial para contar historias. Su opera prima de tan solo 60 segundos, “El hada de las coles” era  ya una ficción que nos presentaba a un hada que conjuraba bebés nacidos de coles de cartón. Pero para algunos críticos el auténtico film que inaugura esta forma de concebir el cine, fue “Sage-Femme de Première Classe” (“Comadrona de primera clase”) de 1902, sobre una joven pareja que sale de compras para su bebé y en la que por cierto Blaché interpretaba al marido.

A medida que pasaba el tiempo, Guy-Blaché ayudó a escribir las reglas de este nuevo medio. Incorporó técnicas hoy en día estándar como la edición, efectos especiales primitivos o el color teñido a mano. Incluso podría haber inventado el vídeo musical, allá por 1905, con el uso de la nueva tecnología del “cronófono”, por la cual los cantantes eran filmados sincronizando sus labios con una reproducción pregrabada.

Alice nació en Francia en 1873, educada en escuelas católicas a la edad de 21 años consiguió un trabajo como secretaria en una compañía de fotografía dirigida por Léon Gaumont. Un año más tarde, asistió a la histórica exhibición ya citada de los hermanos Lumière y poco después, pidió permiso a su jefe para usar alguna de sus cámaras con el fin de realizar una película propia en su tiempo libre. Este accedió felizmente y le facilitó además una de sus propiedades para filmar su primer trabajo y muchos de los posteriores.

Gaumont pronto convirtió a Blaché en la jefa de producción cinematográfica de su compañía, donde produjo y supervisó cientos de películas, ayudó a crear un sistema organizado de estudios años antes del emporio de Hollywood y descubrió otros talentos como el de Louis Feuillade.

Más tarde emprendió la aventura americana y  se trasladó a los Estados Unidos, donde reanudó su carrera cinematográfica creando los estudios Solax, en los que consiguió con éxito la transición al largometraje, creando títulos más largos, más complejos desde el punto de vista narrativo y que fueron bien recibidos, aunque también implicaban mayores costes de producción y preparativos más largos que le llevaron a no superar los cambios sísmicos que afectaron al mundo del cine de tan rápido crecimiento, incluyendo las prácticas monopolísticas de distribución. Aun así le dio tiempo de realizar los primeros westerns con películas como “Two Little Rangers”, en la que aparece un par de heroínas armadas, una de ellas una chica de largos rizos que apoya a un villano en un acantilado. Sea o no feminista por diseño, la película es feminista por defecto. Parece que Blaché se preguntaba si las mujeres estaban preparadas para el derecho de voto, pero en sus acciones y en sus películas expresaba los impulsos, los deseos y la autodeterminación de las mujeres. Su historia personal es una historia de lucha “Mi juventud, mi inexperiencia, mi sexo…”, escribió, “….todos conspiraron contra mí”. Pero era trabajadora, tenaz, y desde luego demostró ser prolífica.
Se conserva algún fragmento en lo que podemos verla trabajando, como un clip en el que aparece arrancando un fonógrafo mientras dirige tanto el reparto como el equipo.

.El último capítulo de la carrera cinematográfica de Blaché se vio empañado por reveses y decepciones tanto en sus nuevas aventuras con su marido como en su faceta de directora de alquiler. Realizó “The Ocean Waif”, un conmovedor romance sobre una joven maltratada y un escritor. Otras películas siguieron, pero cuando ella dirigía “Su gran aventura”, su vida era una lucha continua con su salud, dificultades financieras, un matrimonio roto y la continua agitación de la industria del cine.

Se negó a dirigir una película de “Tarzán”. En 1922, el estudio Solax fue subastado y Alice, ya divorciada, regresó a Francia con sus dos hijos. Allí trató de encontrar trabajo cinematográfico sin suerte. No está claro por qué no tuvo éxito, aunque en los años 20 el cine era un gran negocio quizás ya no era tan comprensivo con las mujeres que querían hacer sus propias películas. Vendió sus libros, pinturas y otras posesiones y escribió artículos y cuentos infantiles.

Ella y su hija, que trabajaba para el Servicio Exterior de los Estados Unidos, pasaron los últimos años de la Segunda Guerra Mundial en Suiza, donde comenzó a escribir sus memorias. También intentó encontrar sus películas, pero la mayoría no estaban disponibles y se presumía que estaban perdidas. No obstante concedió algunas entrevistas y, con el tiempo, obtuvo cierto reconocimiento por su papel pionero en el cine. Murió el 24 de marzo de 1968, en un asilo de ancianos en Nueva Jersey. Tenía 94 años.

En 2012, la Comisión de Cine de Fort Lee instaló una nueva lápida en su honor. La original sólo tenía anotado su nombre y las fechas de su nacimiento y muerte. En la nueva se afirma que Alice Guy Blaché fue “la primera mujer directora de cine”, la “primera mujer jefa de estudio” y la “presidenta de la Compañía Solax, Fort Lee, Nueva Jersey”.

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