Mary Shelley o cómo resucitar a los muertos.

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Ese monstruo horrible y sufriente, creado a partir de distintos trozos de seres humanos considerados bellos, nos enseñó en su día que unas partes hermosas no implican necesariamente que el todo que constituyen lo sea también.

“Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé.”

Mary Gowdin, que adoptó el apellido Shelley de su pareja sentimental el poeta Percy Bysshe Shelley, escribió su Frankenstein o el Moderno Prometeo con tan solo diecinueve años, después de haber tenido un aborto espontáneo. A pesar de su precocidad, invirtió mucho tiempo en perfeccionar su libro y considerarlo publicable, pues la pérdida de su primera hija prematura la sumió en una fuerte depresión. Como aseguranalgunas fuentes, esta obra universal la concibió en mayo de 1816 durante la estancia estival de la pareja con el poeta Lord Byron y Claire Clairmont -amante de este y embarazada del mismo en ese momento- y con el médico Pollidori, en una casa junto al algo de Ginebra.

Más adelante, Mary en sus diarios describiría ese viaje como un tormento debido a las discusiones constantes con Percy, su voluble estado de ánimo y el entorno lluvioso. Una noche, después de largas conversaciones y lecturas sobre fantasmas, hipótesis médicas y avances de la época como los experimentos galvánicos, Byron propuso hacer una competición en la que cada uno debería escribir una historia de terror. Al final, se elegiría la mejor. Una historia que expresara “los mismos temores de nuestra naturaleza y despertara en nosotros el horror más espeluznante”.

Así, llega Mary a esta novela de terror gótico, que es considerada como la primera historia moderna sobre ciencia ficción. En ella, Víctor Frankenstein un ávido estudiante de medicina pretende llevar a cabo su portentoso objetivo de conseguir volver a dar vida a un cuerpo inanimado formado por restos humanos. Para ello investiga en la morgue los cadáveres de toda la ciudad y de esta manera, entra en contacto directo con la muerte y la descomposición orgánica que le lleva a una profunda reflexión sobre el proceso vital tan solo una fina línea separa la existencia de la desaparición.

Su tarea se convierte en condena, cuando este monstruo abominable es rechazado y abandonado por su creador. La Criatura, que así es nombrada, llena de desgracia, desgarro y enferma de soledad, destruye todo cuanto se encuentra alrededor, al percatarse de sí, comparándose con los demás y enloqueciendo ante la hostilidad del hombre. Su objetivo principal al despertar es desafiar a su creador.
La autora, evidencia la estrecha relación entre la vida y la muerte, el aborto, como un anhelo de maternidad y temor. Además, manifiesta una forma de canalizar la culpabilidad y rechazo a lo desconocido y la frustración ante el abandono en la escena de la persecución del monstruo al doctor Frankenstein, donde le pide que le reconozca como un hijo y le ame como tal.

De esta manera, el joven se vuelve Narciso, es decir, una figura que no ve más allá de sí misma, de modo que su obra no le permite ver las consecuencias de su acción. Asimismo, se refleja como un Prometeo, quien simboliza la creación y el sacrificio de los hombres.
El miedo a la maternidad, la pérdida y la búsqueda del ser dentro del ser, son los temas principales de esta novela, además de recoger características evidentes del Romanticismo como la soledad y la angustia de la criatura, enfatizada en la representación del “yo” que se convierte en ser individual, cuando tiene conciencia de sus sentimientos. También, está presente el amor asociado a la muerte y a la idea de lo grotesco. “Lo que me aterrorizó a mí, aterrorizará a los otros” escribe Shelley en la introducción a su creación. Nunca se podría imaginar que se convertiría en mito universal.


Escrito por: Ana Sanz

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