Simone de Beauvoir: más allá de ‘El segundo sexo’

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Es absolutamente imposible encarar problema humano alguno con una mente carente de prejuicios

Lejos de ser la mujer la pareja de Sartre, Simone de Beauvoir marcó la historia. Y aunque sí mantuvo una relación sentimental con el filósofo, la tendencia de arrebatar el nombre y designar a las mujeres como acompañantes o parejas no iba con ella. Su nombre suena hoy con más fuerza que nunca y continúa escribiéndose con mayúsculas, como un grito de socorro. Simone de Beauvoir ha estado en debates de personas que jamás leyeron sus obras, en palabras de voces que memorizaron sus frases sin saber siquiera quién era ella y en textos que, como un piloto automático, escribieron sobre sus ejemplares más conocidos sin haber leído jamás una sola hoja de sus libros.

 

“Me gustaría que cada vida humana fuese libertad pura y transparente”

Simone de Beauvoir nació en París, en el seno de una familia burguesa con valores cristianos muy interiorizados. Y a pesar de que desde pequeña siempre estuvo escolarizada en colegios católicos, al llegar la adolescencia, se rebeló contra la religión declarándose atea. Fue tan solo el primer paso de las muchas desavenencias que descubriría más tarde. Cuando una situación económica desfavorable llamó a las puertas de su hogar familiar y alteró el apaciguo ambiente en el que vivía hasta entonces, Simone comenzó a vislumbrar comportamientos que le hicieron estar disconforme con la actitud de sus familiares, en especial de su padre, quién le confesó en muchas más ocasiones de las que le hubieran gustado a la joven, haber deseado tener un hijo. Afloraron así sus primeros pensamientos feministas. Y pronto su necesidad de escribir.

“Cuando era niña, cuando era adolescente, los libros me salvaron de la desesperación: eso me convenció de que la cultura era el valor más alto”

Pero en 1929 algo inesperado llegó a su vida. Con 21 años Simone de Beauvoir estudiaba para licenciarse en Filosofía y de manera repentina conoció a Jean-Paul Sartre, con quién comenzaría una profunda relación sentimental que, aunque poco convencional para la época, se coronó como una de las relaciones históricas más poderosas y fuertes. La independencia emocional fue la base que construyó los cimientos de un indestructible vínculo permanente, que, no obstante, gozó siempre de plena autonomía. No les hizo falta ni casarse ni ser padres para consolidar una relación libre basada en el respeto. Una inusual forma de entender el noviazgo que alteraba todos los cánones establecidos de la época.

Si ya Simone había desarrollado cierto rechazo hacia las cuestiones cristianas, se suma a su desconcierto el pensamiento de su pareja que distaba de cualquier tendencia religiosa. Se acentuó así la dicotomía entre la educación que había recibido en su casa y el mundo al que se enfrentaba. Para liberar su caos plasmó sobre el papel todas sus preocupaciones y publicó su primera novela en 1943, ‘La invitada’, en un contexto donde la mujer, por ser mujer, no tenía cabida, credibilidad ni testimonio.

Fue una valiente en un mundo de hombres. Escribió capítulos para la historia que han permanecido indelebles en la memoria. Desnudó su alma y trató temas en los que su ser se vio reflejado en su esencia más pura y clara, como la libertad del individuo y la independencia personal en la toma de decisiones, dos materias que también se examinaron en sus siguientes trabajos.

“No se nace mujer: se llega a serlo”

Pero si hubo un libro que señaló el antes y el después en su vida, ese fue El segundo sexo (1949), obra clave del feminismo en el que explora la condición femenina desde diferentes disciplinas para reflexionar sobre la construcción cultural del género. Obra maestra de Beauvoir de la que se extraen frases para la historia, páginas que actúan de agentes de cambio de una sociedad que lleva décadas luchando por cambiar el mundo.

Escribir fue su desahogo, su visión del mundo, su lucha. Un camino que hizo oídos sordos a las críticas y que llevó con ella hasta el fin de sus días. Creó un patrimonio que fue el principio de los movimientos revolucionarios que coexisten a día de hoy, que trazan la senda del mundo contemporáneo. Podría hablarse mucho más de esta Biblia, pero lo cierto es que la verdadera enseñanza pasa por analizar la narración de su vida. Un relato del pasado, recuperado en el presente para combatir el futuro.

 


 

Por: Paula Martins Quinteiro

 

 

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