Johana van Gogh-Bonger: la mujer sacó a la luz la obra de Vincent Van Gogh .

johanna van gogh

Johana Bonger abrazó la cartera de piel contra su pecho y cogió aire. Hace unos meses que había regresado a los Países Bajos desde Londres, donde había trabajado en la biblioteca del Museo Británico y perfeccionado su manejo del inglés. A su retorno, había conseguido un trabajo como profesora de idiomas en una escuela interna para chicas, en Elburg. Nunca antes había ejercido la enseñanza pero un grupo de niñas inquietas no podía resultar más imponente que las majestuosas estanterías y sus libros antiguos. ¿O sí? Soltó todo el aire de golpe y avanzó con paso decidido hacia el portón.

Comprobada su habilidad para la enseñanza continuó su labor en el Instituto Femenino de Utrecht. Fue entonces cuando conoció a Theo Van Gogh, un joven marchante de arte que profesaba devoción y preocupación a partes iguales por su hermano.

En la primavera de 1889 la joven profesora se convierte en Johana van Gogh – Bonger y abandona la enseñanza para dedicarse al hijo de la pareja. Los acontecimientos se precipitan y en apenas seis meses el hermano de Theo, Vicent van Gogh aparece muerto en su apartamento de forma violenta y misteriosa. Theo no logra superar la pérdida y fallece al año, quedando Johana viuda con un hijo, y en herencia un apartamento en París con algunas obras que los hermanos coleccionaban, varios centenares de pinturas y dibujos del propio Vicent y un montón de correspondencia antigua amontonada y arropada por el polvo.

Intentando dejar atrás la tragedia y el dolor, Johana vende la propiedad de París y se traslada a Busuum un pueblo a las afueras de Amsterdam. Allí adquiere una casa que convierte en casa de huéspedes para subsistir. Intenta crear un entorno hogareño tanto para su hijo como para los clientes, coloca un piano en el salón principal, pues era aficionada a tocar, y decora las paredes con algunas pinturas de Vicent. Para ganar ingresos extra, comienza a realizar pequeños trabajos de traducción entre neerlandés, alemán e inglés para algunos de los huéspedes.

Nuevamente asentada en una vida laboriosa pero estable, dedicó parte de sus noches a leer unas seiscientas cartas que Vicent había conservado de su correspondencia con Theo. Descubrió entonces al artista inestable que fue Vicent, advirtió en aquellas cartas entre hermanos una emotiva y filosófica lucha del genio creativo que buscar salir a la luz, como cualquier arte que ha de nacer y mostrarse, como el girasol valiente que dirige la mirada al sol. Conmovida, Johana decide reunir, ordenar y transcribir aquellos textos, tarea que le llevará años hasta que en 1914 lograra publicarlas por primera vez en los Países Bajos.

“Había adquirido una responsabilidad y un propósito con el arte, aunque no fuera el crear arte mismo, y esa fue su gran obra.”

Mientras trabaja en su hostal y en las transcripciones, restableció antiguos contactos de su marido en el mundo del arte y comenzó a tejer la posibilidad de mostrar las obras de Vicent van Gogh. No fue tarea fácil, pues nadie conocía al artista ni mostraba el menor interés. En 1892, con ayuda de buenos amigos, también marchantes, consiguió exponer una colección de dibujos en la Asociación de Artistas de Amsterdam. Su pasión por Theo y la obra de Vicent generó burlas en el gremio pero no era Johana una de esas personas que se detiene ante la adversidad. Había adquirido una responsabilidad y un propósito con el arte, aunque no fuera crear el arte mismo, y esa fue su gran obra, tan importante como la creación. Unos meses después, consiguió exponer otra muestra en Rotterdam, surgiendo dos artículos en el diario Nievw Rotterdamse Courant que comienzan a crear expectación sobre van Gogh.

Al principio no vendía ninguna obra ni generaba ingresos. Para exponer las muestras debía realizar donaciones de algunas piezas a las galerías y requería auto-gestionarse y movilizar la ayuda de amistades.

Expone algunas pinturas en La Haya y en 1901 en Londres, año en que tiene lugar su segundo matrimonio con Johan Cohen Gosschalk, aunque volvería a enviudar años más tarde. Organiza en 1905 una exposición retrospectiva en el Museo Municipal de Amsterdam. Y luego vendrían nuevamente Londres, Colonia, Berlín e incluso, el sueño de cualquier artista, Nueva York.

La coleccionista Helene Kröller-Muller puso por primera vez en valor la obra de van Gogh y adquirió unas noventa pinturas, una colección numerosa que se conserva en conjunto, y que hoy permanece expuesta en el museo Otterlo junto a obras de otros pintores coetáneos a van Gogh y destacados del expresionismo y postimpresionismo.

Johana trabajó junto a los mejores marchantes de arte de la época y expuso en las mejores galerías del mundo. Tal es la fama que sembró y atesoró sobre Vicent que llegó a vender pinturas de la colección “Girasoles” por quince mil florines, el equivalente a siete millones de dólares.

Editó por segunda vez la obra Cartas a Theo, y a su muerte en 1925 continuaba traduciendo de su propia mano los textos al inglés para nuevas publicaciones.

Su hijo, Vicent, continúo con el legado de su madre y su tío, culminado en 1960 con la creación de la Fundación y el Museo Van Gogh. Johana Bonger sembró los ingredientes necesarios para el nacimiento y florecimiento de la leyenda de van Gogh, y ya no podría la luz ni el ojo apartar su foco del pintor.

 


 

Por | Laura Giménez del Toro  

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