Luisa Rivera, la artista que creó el universo ilustrado de “El amor en tiempos del cólera”. 

el amor en los tiempos del colera

Luisa Rivera, la artista que creó el universo ilustrado de El amor en tiempos del cólera

Luisa Rivera (Chile, 1987)  se expresaba con dibujos antes que con palabras. Dicen que los trazos de un niño son el termómetro visual de su estado de ánimo, que descubren lo que todavía no logra expresar en voz alta. Luisa era de las que  prefería hablar pintando, y su madre motivó esa voz creativa dejándole cerca siempre  a mano unas acuarelas. Unos pinceles que más tarde la llevarían a Estados Unidos, concretamente a Minneapolis College of Art and Design donde se especializó con una maestría en ilustración y donde ese hablar artístico se transformó en oficio. Fiel a su instinto, su lenguaje plástico encontró la libertad dibujando, y no tardaron en llamar a su puerta proyectos para Variety o The New York Times.

Más tarde, fue la encargada de reflejar el universo folclórico y realísticamente mágico de Gabriel García Márquez, el autor que con sus sinestésicas y magistrales Cien años de soledad y El amar en tiempos del cólera (Penguin Random House, 2017-2019) – ambas historias reeditadas por su 50 aniversario e ilustradas por Rivera – prácticamente esbozaba en cada párrafo. La artista, incluso escuchó grabaciones de Márquez para dejarse llevar por su particular barroquismo. Sin dejar de lado el ilustrar para sí misma publicó En aquel faro (Liberalia, 2019), una reflexión sobre las tradiciones y  el hilo invisible generacional que une a las mujeres.

En su apartamento londinense, donde reside y tiene su taller, libros de Gloria Steinem ocupan su mesa de noche mientras suena La llorona de Lhasa De Sela de fondo. Desde ahí,  Luisa Rivera  nos cuenta cómo consigue esa sinergia entre la escritura y su propio universo colorista, lo que se esconde tras alguna de sus obras más desconocidas, y el por qué es vital estar presente sin poner muros a la imaginación. Incluso una accidentada gota de pintura sobre un lienzo, puede ser el primer punto de un mapa hacia Macondo.

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Ecopsychology por Luisa Rivera

Chilena, formada en Estados Unidos y asentada en Londres, ¿qué vivencias de estas experiencias te han llevado a ser la artista que eres ahora? 

Hay mucho aprendizaje que he sacado a lo largo de estos años, pero destaco el salir del espacio conocido para abrirme a otros nuevos. Eso ha enriquecido visualmente mi trabajo y me ha entregado herramientas para correr riesgos en lo que hago.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos dibujando? ¿en qué momento se convirtió en algo serio? 

Todos partimos dibujando antes de desarrollar la palabra, por lo tanto mis primeros recuerdos son de esa época. Luego lo hice más consciente cuando empecé a probar materiales motivada por mi mamá. Así fue como partí con las acuarelas. Cuando decidí estudiar artes visuales creo que fue la primera vez que lo puse en perspectiva profesional, porque implicaba pensar en un camino de ahí en adelante.

¿De qué bebe el universo pictórico de Luisa Rivera y cómo se plasma en papel?

Me inspira de todo un poco, depende de la época, pero el folclore es una fuente permanente de influencias, ya sea a través de pinturas, cuentos, leyendas o música. Uso diversas pinturas a base de agua, inicialmente acuarela, pero con el tiempo gouache, acrílico, y ahora último he estado agregando lápices de colores. Mi idea es ir soltando cada vez más la mano y probar nuevos materiales es una forma de llegar a eso.

Dices que cuando creas utilizas el “Método de la Serendipia”. ¿Cómo gestiones tu creatividad diariamente? 

Una serendipia es un hallazgo inesperado que en general se produce de manera accidental cuando estás buscando otro resultado. Me gusta que eso aparezca en mi trabajo, es decir, no calcular demasiado para que algo me pueda sorprender. Y en general ocurre más en mi trabajo personal porque no siempre hago un boceto previo.

¿Si alguna vez has sentido el bloqueo del artista, qué has hecho para remediarlo? 

Los bloqueos son naturales porque la creatividad también tiene sus tiempos. Cuando ocurre, hago otra cosa para refrescar la mente, como salir a caminar, porque a veces en esos respiros decantan las ideas.

Parece que pintar y los libros para ti han ido de la mano, En tu primer libro, En aquel faro (Liberalia) el respeto, la unión femenina, las tradiciones están muy presentes, ¿estamos faltas de esos valores? 

En aquel faro es una reflexión sobre aquello que transmitimos de una generación a otra, por ejemplo las tradiciones y oficios. Pero también viene a visibilizar ese traspaso en manos de mujeres, ya que ha sido muy ignorado a lo largo de la historia.

Las mujeres tienen mucho peso en mis trabajos. Creo que tiene que ver con mi propia experiencia siendo mujer en este mundo, es decir, habitar este cuerpo en un entorno determinado.

Tus ilustraciones personales tienen una fuerte carga simbólica, ¿podrías explicarnos lo que se  esconde detrás de alguna de ellas? 

Sí, por ejemplo The Bond o Bonsai Keeper son trabajos donde se une el mundo de lo humano, sobre todo lo femenino, con el mundo natural. Tal vez hay una idea base de generar espacios para reencontrarnos con ese vínculo olvidado, pero cada imagen tiene su propia narrativa.

 

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The bond y Bonsai Keeper, por Luisa Rivera

 

 

 

 

 

¿Algunos de tus trabajos personales o comerciales menos conocidos a los que les guardes especial cariño? 

A todos les guardo ese cariño, pero tal vez Todo lo que sé tiene otra connotación, porque desde ese momento algo cuajó en mi trabajo y en mi estilo. No sé exactamente qué, pero lo recuerdo como un momento especial.

La editorial Alma acaba de editar Azul de Rubén Darío y has sido la encargada de ilustrarlo. ¿Cómo te planteaste creativamente este trabajo?   

 Azul es un libro de cuentos y poemas pero en su totalidad es un texto muy lírico, lleno de imágenes y simbolismos. Por lo mismo planteé las ilustraciones con un enfoque más conceptual que netamente narrativo. Trabajamos la edición en duotono, utilizando así la escala de grises como base pero el color azul para crear acentos.

Fuiste la encargada de ilustrar las dos ediciones especiales ilustradas por el 50 aniversario de de Cien años de soledad y El amor en tiempos del cólera.  Visto con perspectiva, ¿que retos te plantearon ambas novelas? 

Ilustrar Cien años de soledad no solo significaba darle vida a un lugar como Macondo, que es un espacio casi mitológico, pero también implicaba trabajar con una novela de carácter universal, lo cual es una gran responsabilidad. El amor en los tiempos del cólera  tenía como desafío retratar la costa caribe de Colombia en una época específica, además de diferenciarlo de Cien años de soledad sin perder la fuerte cohesión entre ambas ediciones.

Escuchabas entrevistas de Gabriel García Márquez para retratar su universo, ¿dirías que Márquez pintaba con palabras? 

¡Totalmente! Es un estilo muy barroco, lleno de detalles, pero riquísimos en su contenido, porque te hacen ver cosas más allá de las descripciones.

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Cien años de soledad ilustrado por Luisa Rivera

Ambos libros cuentan con 10 ilustraciones en el interior. ¿Cómo elegiste que 10 instantes plasmar? 

Con Cien años de soledad fue un proceso colaborativo con los directores de arte. Era muy importante para nosotros que las ilustraciones mostraran algo de cada una de las generaciones de los Buendía, ya sea a través de uno o varios personajes. Por lo mismo, hay una mezcla de escenas icónicas como también otras menos exploradas. Con El amor en los tiempos del cólera ya sabíamos cómo guiarnos en la estructura, entonces tuve libertad para escoger las escenas.

En Bamba contamos con una columna sobre el amor y sus formas llamada El amar en tiempos del cólera, ¿crees que corren buenos tiempos para el amar? 

Para mí El amor en los tiempos del cólera es entender la velocidad del tiempo y la urgencia del amar. Y ese amar tiene múltiples caminos: el amor por una pareja, claro, pero también por la familia, los amigos y no olvidemos el amor por un mismo, del cual se nos habla poco, sobre todo a las mujeres. Y desde esa perspectiva, amar es clave en todo tiempo.

 


Por | Raquel Bada 

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