Jane Austen: un reflejo de la mujer del siglo XIX

jane austen emma

Jane Austen: reflejo de la mujer del siglo XIX

Exploramos el pensamiento de la escritora a través de su obra “Emma”

Antes de comenzar Emma, Jane Austen hablaba de cómo iba a elegir una heroína que, “excepto a ella, no gustara mucho”. Ciertamente, no es su novela más apremiada por los lectores, que prefieren la complejidad de las relaciones de Orgullo y Prejuicio, la historia de una segunda oportunidad en Persuasión o los romances de las hermanas Dashwood en Juicio y sentimiento, ante la aparente tranquilidad de la vida de la señorita de Hartfield. Sin embargo, la crítica la destaca como la mejor obra de la británica, que además ha conseguido que sea la novela (después de la indiscutible historia de amor de Mr Darcy y Lizzie) que ha atraído a un mayor número de directores y guionistas. En 1995 vio la luz Clueless (Fuera de onda), que aunque sea sorprendente para muchos, se inspiraba en la historia de esta joven del s.XIX que se define a sí misma como “guapa, inteligente y rica”, para adaptarla a la vida en el instituto de una adolescente americana de los años 90. Un año más tarde se pretendió satisfacer a los amantes más puristas de este relato con una adaptación historicista que tenía como protagonista a una Gwyneth Paltrow que no acaba de encajar en el papel vanidoso de la señorita Woodhouse. Por último, en 2009 la BBC se encargó de realizar una miniserie de cuatro capítulos que contara detalladamente la historia, consiguiendo incluso alguna nominación a los Globos de Oro.

La última adaptación tenía previsto llegar a los cines españoles este mes de abril, con el debut como directora en la gran pantalla de Autumn de Wilde, una reconocida fotógrafa con experiencia en el rodaje de videoclips musicales para artistas como Florence + The Machine. Pero ¿por qué debutar ahora y con esta historia? De Wilde siempre que responde a esta pregunta habla de por qué nadie se cuestiona que la gente siga representando a Shakespeare, apelando a como una historia que está tan bien escrita y ha cambiado la manera de entender las novelas (prestando especial interés en los diálogos en vez de en la descripción) invita a querer conocer de cuántas diferentes maneras pueden ser interpretada.

Por tanto, el debut de la estadounidense no parece algo fortuito. Pero lo que es curioso es que la fotógrafa no es la única dispuesta en la actualidad a “reimaginar” clásicos protagonizados por mujeres como Emma Woodhouse, sino que el año pasado pudimos acudir también a la reinterpretación por parte de Greta Gerwig de Mujercitas, o al relato de la vida de Emily Dickinson en la serie homónima de Apple TV+ dirigida por Alena Smith. Mujeres que quieren hablar sobre mujeres. Recurrir a los clásicos y dar una perspectiva diferente siempre es una tarea complicada, pero hacerlo con una mirada feminista puede resultar interesante. Y aquí nos surge una pregunta: ¿era reacia ya en su época Jane Austen a estas diferencias entre géneros?

Que todos sus libros tengan protagonistas femeninas y la cuestión matrimonial sea el eje sobre el que giren, nos da una pista de cuál era la principal aspiración y preocupación de las mujeres de la época. Pero con Emma, Jane Austen es capaz de acercarnos a una joven que declara no querer casarse jamás (algo que compartía con la escritora), dejándonos diálogos que suponen una verdadera declaración de intenciones, como la siguiente que acuñamos a la protagonista: “a los hombres siempre les parece incomprensible que una mujer rechace una propuesta matrimonial. Se imaginan que una mujer siempre tiene que estar dispuesta a aceptar al primero que se presenta”. Sin embargo, en ocasiones debía de ser así, siendo los matrimonios por conveniencia lo más común en la época, por ser la única manera que tenían las mujeres de mejorar o simplemente mantener su estatus social, sin poder hacerlo a través de esfuerzo ni logros personales.

Lo que puede resultar tanto admirable como odioso de nuestra protagonista es que hace lo que le da la gana. Siendo huérfana de madre y con un padre demasiado “blando”, tan solo preocupado por la salud y el tiempo, es la dueña completa de la casa, siendo inteligente y audaz, sabiendo como embaucar tanto a su padre como a todos sus conocidos. En su amiga Harriet tenemos la muestra más evidente de esto, ya que no solo asiente y acepta sin ningún criterio todo lo que la joven asegura como si se tratara de una figura divina, sino que incluso rechaza a Mr Martin, del que está enamorada, porque Emma la persuade de que debería optar a alguien mejor (teniendo por supuesto ya en mente al pretendiente ideal). Es una anti-heroína brillante, que nos resulta odiosa por el simple hecho de que todos hemos conocido a una Emma, e incluso (a pesar de que no queramos admitirlo) hemos actuado alguna vez como ella.

Demuestra tener en ocasiones una concepción demasiado buena de sí misma y ser una creída, anteponiendo siempre sus deseos y su felicidad a la del resto. En ocasiones esto nos puede parecer reprochable, pero a la vez, como lectores nos hace plantearnos si al ser un hombre tendríamos más reparo en cuestionarla. De hecho, en la ficción tan solo es el señor Knightley -un terrateniente de 37 años amigo de la familia- el que se atreve a hacerlo, actuando en ocasiones como el “pepito grillo” de la joven, aunque adoptando una figura que nos puede parecer similar al mansplaining, es decir, a las frecuentes explicaciones por parte de un hombre a una mujer, de una manera paternalista e incluso condescendiente.

Sin embargo, no se puede negar el papel fundamental que tiene Mr Knightley en el proceso de maduración al que se somete la protagonista a lo largo de la novela, pasando de ser una joven vanidosa y altanera, a tener una visión mucho más empática y realista al final de esta. Debemos de resaltar por tanto su importancia, aunque las motivaciones que lo lleven a actuar así respecto a Emma sean principalmente condicionadas por sus sentimientos hacia ella.

Además de retratar a la perfección la situación de las mujeres y de la sociedad británica de la época, realizando también una crítica a la desigualdad social, no podemos saber con exactitud cuál era la principal razón por parte de Austen por la que decidió escribir esta novela. Sin embargo, el proceso de evolución que protagoniza Emma, nos hace recordar a las conocidas como “novelas de formación o aprendizaje”, es decir, aquellas que retratan una transición entre la niñez y la vida adulta. Desde luego la lección no es comparable a la que se realiza en  El lazarillo de Tormes, que aprende a defenderse frente a sus amos abusivos; pero sí que nos demuestra que todas las personas, por muy consentidas o vanidosas que seamos, tenemos la oportunidad de mejorar y cambiar.

Sea cual sea la enseñanza, se trata de una historia que, aunque no cuente con mucha acción, resulta muy apetecible gracias a sus enérgicos diálogos y a su irónico humor, ya sea a través de la lectura del clásico o de la nueva película que ya está disponible para alquilar en plataformas online.

 


 

Por | Belén Hernández

Fotografía: Cuadro El irlandés romántico,  John Lavery

Anuncios