Carolina Coronado y la conciencia de vivir.

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Carolina Coronado y la conciencia de vivir.

 

Vivir es una aventura complicada, una especie de quimera entre responsabilidad y desafío. Carolina Coronado lo supo desde una edad muy temprana, pues padecía catalepsia y su existencia oscilaba, como un equilibrista, entre la consciencia y las sombras de la muerte.

La catalepsia es un trastorno nervioso, en el que la persona sufre brotes de rigidez muscular y parálisis, quedando incapacitada al movimiento y sumergida en estados de semi-inconsciencia. La actividad cardio-respiratoria cae a niveles tan bajos que resulta complicado detectar los signos vitales y por ello, hasta donde alcanzaba la medicina del s.XIX, suponía una muerte aparente que provocó escandalosos casos de enterramientos en vida.

Carolina Coronado (1820-1911), nació y pasó su infancia en Almendralejos, Badajoz, donde a pesar de recibir la educación tradicional para una mujer, dejaba escapar su mente a través de la literatura y la música. Leía tragicomedias clásicas y aprendía a tocar el piano y el arpa. Sabía que la mente podía llevarla más lejos que su cuerpo, en verdad, como a cualquiera. Comenzó a escribir los primeros versos y algunos unos relatos románticos a los diez años. Sus protagonistas, como ella, estaban abocados a la tragedia.

Su formación literaria fue autodidacta y dotada de gran sensibilidad. Destacaba por su capacidad de observación subjetiva de la naturaleza y el mundo, propia del romanticismo, su versatilidad en cuanto al uso de la métrica, polimórfica y diversa, plagada de sinestesias y comprometida con un mensaje histórico y social.

Su obra más representativa es la colección Poesías publicada en 1843. Donde podemos encontrar, entre otros, poemas de un carácter feminista tan certero que bien podrían haber sido escritos hace unos meses. Su obra se extiende a quince novelas, una decena de obras teatrales (sólo llegó a estrena una) e incontables composiciones poéticas. Tras una de sus “muertes”, publicada y difundida entre sus conocidos en 1844, alcanzó la inspiración para escribir “Dos muertes en una vida”.

¡Libertad! ¿Qué nos importa?

¿Qué ganamos, qué tendremos?

¿Un encierro por tribuna

y una aguja por derecho?

Libertad, 1846 

Persiguiendo una mejor atención médica y cuidados tras un brote grave que la dejó paralítica, en 1848 se trasladó a Madrid. En 1852 se casó con un diplomático americano, Justo Horacio Perry, y tuvieron tres descendientes. La especial sensibilidad de Carolina la llevaron a tener experiencias premonitorias sobre la muerte de sus hijas e hijo y tal era su relación de familiaridad con la muerte que al fallecer su marido, en 1891, retrasó su entierro y lo mantuvo en casa, refiriéndose a él como “El silencioso” o “El hombre del piso de arriba”.

Fue colaboradora en el Liceo Literario y Artístico de Madrid, y amiga y confidente de la reina Isabel II a pesar de su tendencia revolucionaria. Su residencia se hizo famosa por las tertulias literarias que organizaba, donde se reunían autores progresistas como Emilio Castelar o Juan Eugenio Hartzenbusch. Se relaciona también a Carolina con casi misteriosa “Hermandad Lírica”, una agrupación de mujeres escritoras, pertenecientes al romanticismo, que según algunos datos históricos se relacionaron y cartearon, compartieron y apoyaron su expresión creativa y literaria en la España del S.XIX.

 

Luz de gloria inmortal, que en ígnea rueda
brillas sobre la estatua de Cervantes,
brillas sobre los huesos palpitantes
del desgraciado Larra y de Espronceda;
no importa que la suerte me conceda
para verla no más breves instantes,
pues siempre verla y adorarla puedo,
porque se va mi sombra y yo me quedo.

Se va mi sombra pero yo me quedo.

A mis amigos de Madrid. 1848

 

La escritora, a pesar de su fragilidad física y contacto cercano con la enfermedad y la muerte, ostentó una longeva existencia que deja en evidencia su virtud, un ser cargado de fortaleza, ingenio y sensibilidad con la palabra que fue querida y admirada por otras figuras destacadas de su época.

 


 

Por: Laura Giménez del Toro 

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