Emmanuelle Riva: amor, demencia y tempus fugit.

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Emmanuelle Riva: amor, demencia y tempus fugit.

 

Símbolo de la Nouvelle Vague, Emmanuelle Riva, fue una de las actrices francesas con más galardones y reconocimiento internacional. Amante del ballet, la música clásica, la fotografía y la poesía, destacó siempre por reivindicar la libertad por la que siempre optó, tanto en el personal como en lo profesional. Musa de Alain Resnais y Michael Haneke, actuó en los últimos años de su vida hasta que su vida se detuvo el 27 de enero de 2017, poco después de su última película Amor.

¿Cómo iba a saber que esta ciudad estaba hecha para el amor?,

¿cómo iba a saber que tu cuerpo estaba hecho para el mío?

Hiroshima, mon amour 

Para nosotros, después de más de un mes, parece que la vida, nuestra vida, se ha detenido. Nuestras amistades, nuestro ocio, nuestro día a día, el “ahora mismo” del trabajo, el “hasta mañana” parece que todo se ha quedado aparcado. No hay que olvidar que el tiempo sigue corriendo y la vida se sigue escapando como arena de playa desapareciendo entre los dedos.
El amor, la locura y el temido paso del reloj, fueron y son motivos de reflexión y temas recurrentes en el arte. Cualquier disciplina artística nos invita a reflexionar acerca de ello, puesto que todos los seres humanos hemos, o vamos a ser partícipes irremediablemente de estas emociones en alguna etapa de nuestra vida.

No importa el nivel de innovación, la industria cinematográfica ha tenido y tiene siempre presente el paso del tiempo, las relaciones amorosas y la perturbación en gran parte de sus creaciones. Ejemplo de ello son dos grandes obras maestras del cine protagonizadas por Emmanuelle Riva, Hiroshima mon amour, dirigida por Alain Resnais en 1959, con guión de Marguerite Durás, y Amor, protagonizada también por Rivas en 2012, junto con el actor francés Jean Louis Trintignant y dirigida por Michael Haneke. Ambas películas, con más de medio siglo de diferencia, nos muestran cómo el amor y los sentimientos evolucionan hasta conducirnos, en algunos casos, irremediablemente hacia la locura, independientemente de la edad, condición social o época vivida.

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Fotogragama de “Hiroshima, mon amour”

Hiroshima mon amour, gran obra de la Nouvelle Vague, narra el encuentro entre un japonés y una actriz francesa en Hiroshima. Los sentimientos, confesiones y obsesiones que surgen entre ellos antes de la partida definitiva de ella a París. Frases célebres como: ¿Cómo iba a saber que esta ciudad estaba hecha para el amor?, ¿cómo iba a saber que tu cuerpo estaba hecho para el mío?, muestran la pasión y la complicidad que surge entre dos completos desconocidos. Complicidad que conduce a la confesión del gran primer amor de la protagonista en su juventud y su amargo desenlace, que la llevó a “morir de amor” como comentó Emmanuelle Riva cuando la entrevistó François Chalais en la presentación de la película en Cannes.

El tiempo también corre deprisa para los personajes de la película Amor en la que el matrimonio formado por Annes y Georges, pasan una dura prueba cuando sufre ella un infarto que le paralizará una gran parte del cuerpo derecho. Deterioro no solo físico, por la edad avanzada de ambos, sino también emocional, que conducirá a un desenlace que sobrecoge al espectador por su crudeza.

Tempus fugit, el tiempo vuela. Y sí, época de confinamiento, de incertidumbre, de reflexión y en muchos casos dolor y soledad, pero como decía Emmanuelle en Hiroshima: “Hay que evitar pensar en las dificultades que a veces presenta el mundo, porque sí no sería completamente irrespirable”. Respiremos juntos, cojámonos de las manos e intentemos comprender al mundo, amémonos los unos a los otros y más en estos tiempos, con locura, pero sin locuras.


 

Por | Elia Granera