Brava: el diario visual más honesto de Erea Azurmendi y Pilar Franco.

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Brava: el diario visual más honesto de Erea Azurmendi y Pilar Franco.

 

Brava (Lunwerg, 2020) es el primer libro de Pilar Franco Borrell  y Erea Azurmendi. Directora de arte y fotógrafa, han hilado a cuatro manos un diario visual de lo femenino tratado con minuciosidad y un gusto por el detalle  más que milimétrico. Un cuaderno desordenado, pero exquisito, en el que foto y texto conviven en perfecta sinergia, porque las emociones, como explicaba Joan Didion, no atienden a jerarquías. Así, Brava se mueve entre el dolor, la melancolía, la aceptación y el sarcasmo, la belleza de lo sencillo y la intensidad. Ensalza en una realidad fragmenta la cotidianidad de nuestro día a día, el amor, los vínculos familiares o la figura de la mujer en la sociedad a lo largo de los años. El viaje sensorial de dos creadoras cuyos imaginarios vitales y artísticos se unen, complementan y entremezclan en un recorrido de doble dirección: dos formas de mirar, de narrar, de retratar. Da respuesta a las preguntas que nadie contesta, esas que parecen no tener importancia, pero que tienen más peso del que queremos admitir. Hablamos con sus almas mater sobre las luces y sombras de nuestra sociedad Black Mirroriana, de la necesidad del arte por al arte como desahogo, del peso de la poesía en su estado vital, y de otras cosas igual de sencillas.

Fotografía de Erea Azurmendi @tiempodecerezas

¿Cómo fue el preludio de esta fusión creativa entre Erea y Pilar? 

Erea Conocer a Pilar fue de esas cosas que Instagram me regaló hace unos 5 años. Fui de viaje a Barcelona y decidimos conocernos más allá de la pantalla, en la que llevábamos siguiéndonos unos cuantos años más. Olympus nos juntó en 2017 para hacer un proyecto como sinergia creativa y salió tan bonito que decidimos continuar trabajando juntas hasta convertirlo en un libro.

El libro -de edición impecable- está formado por pequeñas y largas reflexiones, ¿el nombre Brava resumía todas ellas?  

Ambas: Brava es un diario narrativo-visual de pensamientos, emociones y experiencias que nos han ido sucediendo a lo largo de los años. Esa diversidad de temas y estilos hizo que no fuera fácil ponerle nombre al proyecto. Cuando tuvimos el conjunto de foto-texto más o menos definido empezamos a buscar un nombre que representara ese pequeño universo dispar. Terminamos descartando alrededor de treinta opciones. En una de tantas tardes de trabajo en nuestra cafetería habitual, se nos ocurrió Brava. Es corto, directo, tiene fuerza y no se olvida. Además es una palabra que Erea suele utilizar mucho para “felicitar”, o cuando algo le parece fenomenal. También reivindica el poderío, a la mujer valiente. Le dimos un par de días de descanso y seguía pareciéndonos idóneo, así que nos quedamos con Brava como título para nuestro libro. Era perfecto.

¿Si os preguntaran de qué va, cómo responderíais?

Ambas: Brava es un conjunto de relato corto y fotografía que habla de sentimientos, experiencias, emociones y crítica. Un desorden organizado que puede empezarse a leer por cualquiera de sus páginas. Sus relatos, que van del dolor al sarcasmo, pasando por la carcajada, hace que el lector, como si de una montaña rusa se tratase, experimente todo tipo de emociones en escasos minutos.

¿Cuál fue vuestro proceso creativo -la fusión de fotografía y texto- para ambas? 

Ambas: La idea inicial era que el 50% de las fotografías estuvieran basadas en los relatos, y el otro 50% a la inversa, relatos basados en fotografía. Pero esos parámetros nos limitaban por tiempo y creatividad. Así que, por un lado, fuimos más flexibles y dejamos que el proyecto fluyera sin tantas restricciones y, por otro, pusimos en común temáticas que sí o sí queríamos abordar. Poco a poco, el proyecto fue tomando forma. Cuando Pilar acabó sus textos, reorganizamos las fotografías y creamos parejas.

Sois artistas polifacéticas y compagináis proyectos, ¿cómo lográis que arte y trabajo convivan? ¿os repetís el mantra que aparece en vuestro libro “que no se monetice no significa que sea improductivo? 

Erea: En mi opinión lo primero de todo es poner el corazón en todo lo que haces. Intentar darle una vuelta de tuerca incluso a los proyectos “menos artísticos”. De este modo siempre intentarás superarte a ti misma, será un challenge más y tendrás la capacidad de superarte. Para mi el “que no se monetice no significa que no sea productivo” es un absoluto si. Creo que hay que mantener vivos los proyectos personales constantemente, ya que son precisamente esos los que van a ser 100% tuyos y 100% lo que tu quieres hacer. Proyectar en sinergia con otros artistas me parece también una manera de desarrollarse buenísima, y por supuesto para nada una pérdida de tiempo, al revés. Lo más bonito de todo esto es poder aprender de ti y de los demás, ver las diferentes formas de trabajar y de ver la vida, ¿no?

Pilar: El texto “que no se monetice, no significa que sea improductivo” es algo que, al menos yo, necesito repetirme de vez en cuando. Vivimos en una sociedad profundamente impaciente. Y la impaciencia está muy reñida con el aprendizaje. La realidad es que, si pretendes escribir, necesitas leer primero, porque a escribir se aprende leyendo. Leyendo y viviendo. Y nadie va a entregarte ningún diploma del que puedas presumir en LinkedIn por pasarte las tardes con las grandes obras de Proust. Lo mismo ocurre con la reflexión, tan ligada al pensamiento crítico. O con el tiempo que le dedicas a las personas a las que quieres. Este tipo de aprendizaje no va a darte créditos, ni popularidad, a corto plazo. A largo -quiero pensar que opinaré lo mismo cuando esté a punto de pasar al otro barrio- es paradójicamente muy enriquecedor.

Por supuesto, hay que pagar las facturas. A no ser que tu familia tenga contactos o seas extraordinariamente talentoso, cuando empiezas a trabajar por cuenta propia, necesitas trabajar, y mucho. Da miedo la incertidumbre, el no saber si dentro de dos meses seguirás teniendo proyectos.

Como dice Erea, la mejor forma de conseguir clientes es mostrando tu trabajo. Si no tienes portfolio real, invéntatelo. ¿Cómo diseñarías la etiqueta de un vino joven? ¿Cómo retratarías a tu mejor amiga? Escribe de lo más cotidiano y muéstralo. Porque es poco probable que alguien venga a hurgar en tus cajones. Y porque internet, en ese sentido, nos ha complicado el poner excusas.

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Fotografía interior de Brava

En Brava también habláis de “posado o poesía”, ¿habéis necesitado desconectar de las redes sociales para este proyecto? 

Erea: En mi caso la verdad es que uso las redes sociales a diario, hay días que más y otros que menos. Cuando me sumergí de lleno en el proyecto, especialmente los últimos días, no publiqué tanto porque toda mi atención estaba en el libro. Pero es verdad que no me lo pongo como una regla ni como algo que deba seguir, fluyo con lo que me pide el cuerpo. Si me pide desconectar, desconecto, si me apetece publicar, publico.

Pilar: No es que lo necesitara, salió solo. Durante el tiempo que trabajé en la biblioteca, entre escritores que me daba mil vueltas, lo último que me apetecía era subir fotos o contestar mensajes de desconocidos. Al llegar a casa me esperaban dos bebés de siete meses y un hombre extraordinario. En ese momento, había planes más interesantes que entrar en Instagram. Luego, cuando terminamos la etapa de creación y me sumergí en la de diseño editorial, volví a publicar de vez en cuando. Pero, en general, os diré que no me cuesta desaparecer de las redes. Lo hago cada dos por tres. No sufro por eso.


Como dice Erea, la mejor forma de conseguir clientes es mostrando tu trabajo.

Si no tienes portfolio real, invéntatelo.

¿Cómo diseñarías la etiqueta de un vino joven? ¿Cómo retratarías a tu mejor amiga?

Escribe de lo más cotidiano y muéstralo.

Las redes sociales aparecen como protagonista indirecto en muchos fragmentos, ¿sentís más amor que odio por ellas? ¿cuánto ocupan en vuestra rutina diaria? 

Erea: Esta pregunta siempre es compleja de contestar. En mi caso, las redes sociales me han dado muchas cosas buenas que a día de hoy vería imposibles sin ellas. Me han ayudado a crecer como artista y a posicionarme  profesionalmente, también han sido mi plataforma de lanzamiento. Por otro lado, me han dado la posibilidad de conocer gente del otro lado del mundo, he hecho amistades fuertes como con Pilar, por ejemplo, y he podido colaborar con otros artistas. También son una fuente de inspiración si sabes donde mirar y discernir entre tanta información. Cuando viajo, siempre las uso para conocer gente local con afinidades que me pueda enseñar su punto de vista del sitio al que viajo. Esto siempre me ha encantado.

Evidentemente tiene sus sombras. La proyección de la realidad que se hace en las redes no es real. Siempre tiende todo a ser súper positivo e idílico y esto puede llegar a frustar muchísimo. También el bombardeo constante de información puede ser abrumador. Por todo ello creo que hay que ser crítico y consciente de lo que son.

Pilar: Estoy ahí, ahí. Depende del mes en que me pilles. A veces no las consulto en semanas porque me aburren y otras estoy más pendiente de ellas porque vuelven a inspirarme.

Lo que está claro es que, a nivel profesional, por ejemplo, las redes han sido el mejor escaparate para mostrar parte de mi trabajo. Además, me han ayudado a procesar las críticas o a perder la vergüenza y me han puesto en contacto con clientes a los que jamás me hubiera atrevido a llamar. Hay proyectos preciosos en los que he colaborado que no habrían existido si no fuera por Instagram, entre ellos Brava. Y he hecho buenas, aunque pocas, amigas, cuando pensé que ese cupo ya estaba todo cubierto.

Las redes no sólo ponen en contacto a profesionales. Conectan emocionalmente. Acortan la distancia entre continentes y culturas. Acompañan. Informan. Instruyen, a veces. Pero también roban nuestros datos. Se enriquecen gracias al rastreo de nuestras búsquedas y nuestras conversaciones privadas. Permiten la difusión de noticias falsas que desestabilizan nuestros sistemas democráticos. En ellas construimos un ideal de vida que, en muchas ocasiones, es diametralmente opuesto al real, y eso genera inseguridades en las personas más crédulas, personas que intentan entender por qué su día a día no se aparece al que les muestra un logaritmo en función de sus búsquedas anteriores, completamente aspiracionales. Es la pescadilla que se muerde la cola. Es cuestión de ser conscientes de su potencial y de sus puntos más oscuros.

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Fotografía interior de Brava

Ambas habéis podido desarrollaros artísticamente en la “Varda Artists Residency”, ¿qué podéis contar sobre esta experiencia? 

Erea: Para mi formar parte de VAR fue un punto y aparte en muchos sentidos. Ya sólo desde que envié la carta de motivación, fue el momento en el que me planteé que estaba haciendo con mi arte y hacia donde quería llevarlo. En 2016 aun estaba trabajando por cuenta ajena así que fue la primera vez que el 100% de mi tiempo iba dedicado a trabajar en mis proyectos y a seguir desarrollándome. El crecimiento durante la residencia fue tremendo, tanto a nivel intelectual y creativo como emocional. Estaré eternamente agradecida a sus creadores por dejarme formar parte de un sitio tan especial y que me ha enseñado tanto.

Pilar: El Vallejo es un barco histórico. Por allí pasaron escritores como Allen Ginsberg, Kerouac o Maya Angelou. Vivieron artistas, intelectuales y filósofos como Jean y Agnes Varda, Ruth Asawa o Alan Watts. Yo creo que sentí toda esa energía nada más poner un pie en el terreno que precede al portalón. Y también creo que me fui con la sensación de estar marchándome antes de tiempo. El Vallejo tiene vida propia, con todos sus fantasmas y toda su magia, y ese alma de comuna. Aprendí mucho de sus actuales dueños. De rigor, orden, pautas de convivencia, cultura, oratoria, arte, autoestima, huerto urbano, generosidad. Hasta de cerámica y mecanografía. Lo más relevante, tal vez, a nivel intelectual, fue la aprender a desvincularme de los debates cotidianos para centrarme en el mundo de las ideas. A nivel humano, poder conocer a su directora y hacer amistad con dos artistas de la talla de Prue Stent y Lisa Carletta. Fue una experiencia única.

Brava describe un estado vital concreto, ¿si os tuvierais que quedar con una forma de estar definitiva, cuál sería?

Erea: Tranquila.

Pilar: Alegre.

¿Cómo estáis viviendo este momento de difícil pausa y qué recomendaríais a vuestras lectoras? 

Erea: Este momento es algo totalmente inesperado. Da vértigo y miedo, pero intento verlo como una oportunidad. Una oportunidad como sociedad y colectivo de replantearnos hacia donde estábamos yendo. Como individual para conectar hacia adentro, para conectar con la gente a la que quieres, sin tener miedo a ser vulnerables o decir lo que pensamos. Para ser menos duros con nosotros mismos y tener compasión, con nosotros y con los demás. Emocionalmente es como estar en una montaña rusa.

Soy consciente de que mi realidad puede ser muy diferente a la de otros y que hay gente que lo está pasando verdaderamente mal, y es horrible. Por eso, intento poner mi granito de arena cuidando a los mayores de mi comunidad, donando dinero a ONGs para ayudar a conseguir material sanitario o compartiendo enseñanzas online.

Creo que para quien pueda, es un momento estupendo para recuperar todas aquellas cosas que siempre dejabas en el tintero. Para no hacer nada, descansar también está bien. Para darle una vuelta de tuerca a tu realidad.

Yo estoy trabajando en cosas nuevas que tenía aparcadas porque antes no tenía tiempo, leyendo mucho, asistiendo online cada día las enseñanzas de una amiga terapeuta que me ayudan a llevar esto lo mejor posible y aprovechando también para hacer ejercicio y cocinar, que siempre ha sido mi asignatura pendiente.

Si saco algo súper positivo de todo esto es que, veo cómo la gente ha empezado a compartir de manera altruista, a conectar de manera más fuerte. Disfruto mucho viendo a comunidades más unidas que nunca, a amigos que no paran de llamarse, etc. Pero sobre todo, creo que es un momento idóneo para que gane el amor al miedo, con todo lo que eso conlleva. 

Pilar: No sé si la palabra “pausa” es algo que pueda definir el ritmo de esta casa durante la cuarentena, porque tengo dos hijas de un año y uno postizo de veintidós. A nosotros, como al resto de madres y padres con niños que aún no son autónomos, nos ocurre lo contrario: nos hemos quedado sin tiempo de trabajo, mucho menos de ocio. Es muy difícil conciliar cuando tus dos bebés acaban de aprender a caminar y van pegando bandazos de un lado a otro de la casa, en direcciones contrarias, deseando con todas sus fuerzas meterse en la boca lo más letal que encuentren a su paso. Es imposible organizar un FaceTime sin que te interrumpan, hacer quince minutos de zumba o pasar de la primera página del libro de relatos. Teniendo en cuenta este handicap, estamos viviendo la cuarentena de forma tranquila, conscientes de nuestros privilegios. A veces toca llorar porque el sufrimiento de la comunidad duele, otras sacar el sentido del humor, otras intentar imaginar cómo será el escenario político y económico futuro. Otras, directamente, me meto en la cama sin saber en qué se me ha ido el día. Nosotros tenemos salud, un hogar, una familia sólida, unos amigos que son de cuento y unos vecinos que nos hacen reír con sus ocurrencias y sus mensajes: agradecidos es poco.

Sobre la recomendación, no me atrevo a dar ninguna, porque hay tantas formas de vivir el confinamiento como formas de ser. Hay quien sufre la soledad y quien pagaría por tener una hora de silencio. Quien quiere solemnidad y quien necesita reír. Quien siente que es el momento de promocionar su trabajo y quien siente que es una frivolidad. Quien tiene empleo estable, quien ha sido despedido, quien va a cerrar su negocio cuando todo esto termine. Que cada una lo lleve como pueda, como sienta y como necesite. Y si necesitan desahogarse y no tienen con quién, que nos escriban.


 

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