Zaha Hadid o cómo romper los límites morales de la arquitectura.

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Zaha Hadid o cómo romper los límites morales de la arquitectura.

Hace apenas cuatro años nos dejaba la extraordinaria arquitecta Zaha Hadid. A través de su mentalidad y partiendo de los principios básicos de la arquitectura como elemento para facilitar la vida cotidiana, Zaha Hadid consiguió transformar sus proyectos en obras arquitectónicas claves para la corriente del deconstructivismo, consiguiendo así ser la primera mujer en el mundo en ganar el premio Pritzker.

Nacida en 1950 en Irak, Zaha Hadid, estudió Matemáticas en la Universidad Americana de Beirut para mudarse posteriormente a Londres en 1972 y realizar sus estudios de  arquitectura en la Architectural Association (AA). Aquí fue donde se influenció de grandes arquitectos como Rem Koolhaas, Elia Zenghelis o Bernard Tschumi, con quienes comenzó su actividad profesional en el OMA (Office for Metropolitan Architecture). Dos años después y trabajando a su vez como docente en la AA, fundó su propio estudio en la capital inglesa, donde comenzó a realizar los proyectos que posteriormente le llevaron al éxito y convertirla en un icono mundial.

Paredes sinuosas, curvas pronunciadas, distorsión líneas y depuración geométrica son algunos de los elementos que definen la obra de Zaha Hadid, formando el estilo propio característico de la arquitecta que desarrolló prácticamente desde los inicios de su carrera.

El éxito de Zaha Hadid no fue casual, sino fruto del esfuerzo y la constancia. Desde pequeña tenía claro que quería ser arquitecta, su fascinación por ese mundo surgió a raíz de las maquetas que le enseñaba la arquitecta, amiga de la familia, que diseñaba la casa de su tía. Su familia siempre le dio mucha importancia a la educación, pero a su vez le brindó libertad para que eligiera su propio futuro. Las ideas revolucionarias de Zaha se basaban en dos de sus pilares; por un lado la teoría básica de la arquitectura moderna del siglo XX “la forma sigue la función”, y por otro la idea de libertad, un discurso que trataba de reflejar en sus edificios, expresando sobre todo su preocupación social, un valor inculcado por su padre, líder del partido democrático en Irak. “Si de verdad buscas la libertad, no la buscas solo para ti”, afirmaba en una entrevista en el año 2008.

Nunca seré como ellos. No navego, soy musulmana y soy mujer

Sin embargo ser mujer iraquí, arquitecta, con ideas excéntricas en el extranjero supuso un hándicap en algunos momentos de su carrera. Un gran ejemplo de estas dificultades fue el proyecto de la Ópera de Cardiff.  En 1994 se hizo un concurso para realizar dicha ópera bajo la condición de que el ganador tendría financiado el diseño y la construcción del mismo. Con un edificio envuelto en vidrio se postulaba como ganadora de este proyecto totalmente innovador para Gales. Sin embargo, a pesar del ecuánime triunfo,  desde un principio no solo pusieron en duda la viabilidad del proyecto, teniendo que volver a demostrar el cumplimiento de las bases y del presupuesto establecidos, sino que además volvieron a realizar la fase de semifinales contra los mismos arquitectos reconocidos, ganando final y reiteradamente Zaha Hadid.

El proyecto nunca se construyó, se cambió por otro, de una apariencia más tradicional que se inauguró en 2004. Nunca se supo exactamente qué querían, qué premiaban los galeses, o en qué se basaban profesional o moralmente para decidir quién era el arquitecto y cuál era el edificio que querían. Las autoridades y la administración no autorizaron el proyecto, y los medios se encargaron de calificarlo como elitista, y poco pensado para el público.

Zaha Hadid
Heydar Aliyev Centro – Baku por Zaha Hadid

Fueron pocas las personas que se alzaron contra esa injusticia. Su amigo Richard Rogers fue uno de los pocos que la apoyaron públicamente, y todo este suceso levanto sospechas, calificando la decisión de retrógrada y probablemente algo racista y machista. La propia Zaha Hadid, admitía que “La combinación entre una mujer inmigrante, árabe, autosuficiente y que hacía cosas raras no me facilitó nada las cosas”, nunca afirmó a viva voz que el hecho del desprecio del concurso fuera un racismo explícito, porque, como es lógico, no se lo comunicaron así, pero en todas las mentes resultaba el único razonamiento para justificar lo inexplicable; descalificar a una arquitecta como ella después de haber ganado lícitamente el concurso habiendo desbancado a otros arquitectos en varias ocasiones. A pesar del mal trago, Zaha afirmaba que esta experiencia le hizo crecer, aprender y desarrollarse.

Este incidente, que con el tiempo profesionalmente no tuvo mayor importancia ni repercusión, sí le marcó en cierta manera personalmente. Nunca entendió por qué amigos y compañeros de profesión no le habían apoyado ante tal situación.  “Nunca seré como ellos. No navego, soy musulmana y soy mujer”, afirmaba.

Existen varios aspectos importantes a destacar a lo largo de la trayectoria de Zaha Hadid que ella misma ha destacado en numerosas entrevistas. Uno de ellos está relacionado con lo expuesto anteriormente; el hecho de que se diferenciase por varios motivos y en varios ámbitos con el resto de sus compañeros de profesión. A pesar de nacer en una familia acomodada y no tener dificultad económica, se ha encontrado con ciertos obstáculos solo por su condición de mujer, árabe, extranjera y por su peculiar y novedosa mentalidad. A pesar de ello ha sabido superarlos con creces, apoyándose siempre en su capacidad de ser libre y poder hacer lo que ella quisiera.  Probablemente este conjunto de aptitudes fueron lo que le hicieron superarse y llegar a convertirse en la primera mujer en ganar en solitario el premio Pritzker.

Otro hecho importante fue su estrecha amistad con Frank Ghery.  Aunque la arquitecta llevase años realizando proyectos con un lenguaje revolucionario, hizo falta que un hombre construyera un edificio novedoso de la envergadura del Guggenheim de Bilbao para provocar una apertura de mentalidad entre el público y también entre los profesionales,  esto sirvió para establecer esas bases de una nueva arquitectura que dieran paso a que cualquier arquitecto o arquitecta, fuera hombre o mujer, pudiera ser asignado con proyectos arquitectónicos importantes, de estas características, sin ser juzgado como había pasado en anteriores ocasiones.

Zaha Hadid
Galaxy Soho por Zaha Hadid

La importancia de las obras y de la mentalidad de Zaha Hadid se fundamentaba en poder cambiar todas las fronteras que había tenido la arquitectura hasta el momento. Aquí reside un tercer aspecto y probablemente el más importante; la arquitecta no solo alcanzó su objetivo de romper con los límites arquitectónicos formales, sino que consiguió ser un ejemplo para todas aquellas personas que por algún motivo discriminatorio habían sufrido dificultades para desarrollar su futuro profesional.

En Febrero 2005, a raíz de una entrevista en la Interview Magazine, la iraquí daba su opinión respecto a la cultura del islam y su relación con las mujeres. Pensaba que existía un problema de comunicación entre occidente y el mundo islámico, y que las actitudes reacias hacia este último no eran un problema de religión, sino más bien de cultura y política. En cuanto al papel de las mujeres en ese ámbito, aseguraba que la cuestión no era si los hombres y las mujeres eran diferentes, ni si lo eran sus cerebros o mentalidades, lo importante era intentar hacer cosas diferentes a lo que estaba establecido y a lo que hacía el resto, y en este aspecto muchas mujeres no encontraban el apoyo suficiente para poder tomar ese camino.

En ese sentido, Zaha Hadid ha sido un claro ejemplo a seguir para que aquellas mujeres que siempre habían querido estudiar arquitectura, sobre todo las que habían tenido una libertad más vigilada por alguna condición, fueran capaces de dar ese paso al frente y lanzarse a este mundo.

La arquitecta falleció inesperadamente en 2016 dejando un legado tanto arquitectónico como moral alrededor de todo el mundo que perdura hasta nuestros días.


 

Por | Belén Pinilla Baro

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