Hürrem Haseki: la esclava que llegó a ser Sultana.

Hürrem Haseki

Hürrem Haseki: la esclava que llegó a ser Sultana.

 

Aleksandra Lisowska era apenas una niña cuando a principios del siglo XVI los tártaros la secuestraron y la arrancaron de su ciudad natal en el Reinado de Polonia con la intención de venderla como esclava al Palacio de Crimea. Sin embargo, su llamativa melena pelirroja aumentó su valor y la convirtió en un obsequio digno del harén de Selim I en Estambul. Era imposible que esta niña nacida y criada en un mundo en el que era tratada como moneda de cambio entre guerras y conflictos políticos se pudiese siquiera imaginar que pasaría a la historia por ser la primera esclava en convirtiese en la sultana más poderosa del Imperio Otomano. 

Lisowska se crió en el harén de Estambul rodeada de otras muchachas y mujeres esclavas. Al igual que ella, la mayoría provenían de orígenes no musulmanes y  tuvieron que ser educadas en la etiqueta, artes y principios del islam para servir correctamente al sultán. Dejando atrás su cultura y gran parte de su identidad, Aleksandra Lisowska pasó a ser conocida en el harén por su nombre otomano Hürrem. A la muerte de Selim I su hijo Solimán, apodado el Magnífico, ocupó el trono y en poco tiempo convirtió a Hürrem en una de sus favoritas. El estatus de una mujer en palacio, dependía directamente de su relación con el sultán. En otras palabras, la única manera que tenían las concubinas de asegurarse algo parecido a una protección vitalicia era a través de la maternidad. Todas las fuentes coinciden en que Hürrem era una mujer muy inteligente y, por lo tanto, debía de ser muy consciente de esto y jugó bien las pocas cartas que tenía para romper con años de tradiciones que mantenían a las concubinas en una posición precaria y aseguró así su posición y la de sus hijos. Hürrem fue pionera en muchas cosas, se le permitió dar a luz a más de un hijo, una gran violación del tradicional principio otomano: ‘Una concubina – Un hijo’ cuya función era disminuir la influencia de la madre en el padre o sultán y evitar los fratricidios entre hermanos. Y su segundo hijo Salen II (el primero fue asesinado) sucedió a su padre como Sultán del Imperio. Fue también la primera concubina en permanecer en la corte del Sultán durante toda su vida, haciendo caso omiso a la norma de que las favoritas solo podían permanecer en el harén hasta que sus hijos alcanzasen la mayoría de edad. Ella se permaneció en el harén cuidando de su hijo discapacitado Cihangir incluso después de que sus otros hijos partieron a gobernar otras provincias del imperio. Alrededor de 1528 Solimán y Hürrem se casaron y Hürrem fue la primera sultana en recibir el título de Haseki Sultan (igualando la posición de las emperatrices consortes en Europa) y violando de nuevo otra norma otomana con más de 200 años de antigüedad según la cual los sultanes no podían casarse con sus favoritas.. De esta manera dio inició a un periodo de unos 130 años conocido como el Sultanato de la Mujer, haciendo referencia al gran poder sin precedentes que tuvieron las consortes otomanas durante esta época. El hito de Hürrem Sultan no solo reside en conseguir un gran poder, sino en algo todavía más importante que nadie (a excepción del Sultán) podía quitárselo. Ofenderla a ella se consideraba una ofensa hacía el mismo Sultán, por lo que ni siquiera la Madre Sultana Hafsa podía menospreciarla. Como toda cónyuge de un soberano musulmán, no ejerció ninguna función pública oficial pero gracias a su inteligencia actuó como su principal asesora y tuvo una gran influencia sobre la política exterior y la política internacional.

Estos avances se cobraron un precio y convirtieron a Hürrem Haski en una figura controvertida que generó desconfianza y las maneras en que había conseguido tanto poder siempre fueron cuestionadas. Los contemporáneos la llamaban “ziadi” (bruja) y acusaron la gran influencia que ejercía sobre el Sultán a que le había embrujado. La versión “evolucionada” que ha llegado a nuestros días es que Hürrem utilizó su inteligencia para manipular al sultán, que es la versión moderna para justificar la misoginia. Una de las más famosas intrigas palaciegas en la que se asume la participación de Hürrem fue en la destrucción del estatus de Mahidevran como primera kadina, que significa consorte (que no esposa) y madre del primer hijo de Solimán, Mustafá. Se dice que Hürrem manipuló al Sultán para que condenase a muerte a su primogénito, acusándolo de querer asesinarle y arrebatarle el trono. Después de la muerte de Mustafá, Mahidevran perdió su estatus en palacio, perdió su sueldo y sus propiedades le fueron confiscadas. La ‘Sultana Olvidada’, como la recordará la historia, fue desterrada y la culpa de la desventura de esta mujer le fue cargada, cómo no, a otra mujer. Se puso el foco de lo socialmente cuestionable en la mujer codiciosa y calculadora y no en la sociedad que las desamparaba a ambas. La incomodidad social que aún genera la frase “la mano que mece la cuna es la mano que controla el mundo” demuestra que Hürrem no solo fue esclava y, por lo tanto, víctima del Sultán sino que también estuvo atrapada por un contexto social y político en el que la ambición femenina era censurada mientras se asumía y aceptaba con total normalidad la esclavitud de las concubinas.

Es difícil formarse una idea objetiva y realista de los personajes históricos que vivieron hace tantos siglos y de los que no tenemos muchos hechos o documentos concretos y contrastados en los que basarnos. Las historias de sus vidas pasan a ser leyendas que se transmiten de generación en generación y no podemos olvidar que están relatadas desde el punto de vista social y cultural de las gentes que las cuentan. Por ejemplo, la imagen hipersexualizada que ha llegado hasta nuestros días del harén es fruto de la invención de los viajeros románticos y victorianos que provenían de una Europa sexualmente reprimida y que satisficieron su curiosidad con fantasías provenientes de sus deseos reprimidos y ansiedades sociales. Del mismo modo, las representaciones de Hürrem no están basadas en fuentes de primera mano sino a partir de los comentarios de historiadores otomanos, diplomáticos europeos y otros observadores de los siglos XVI y XVII de naturaleza especulativa e incierta, y dicen más sobre la mentalidad de estos que sobre las verdaderas intenciones y carácter de Hürrem Haseki. Es significativo que la primera mujer que llegó como esclava al Imperio Otomano y se convirtió en sultana sea retratada como una mujer ambiciosa que hizo cualquier cosa para acumular poder, utilizando su capacidad reproductiva, su sexualidad y su inteligencia para manipular a un hombre, Curiosa e inquietantemente, la historia de Hürrem recuerda a otros relatos más modernos pero igual de aleccionadores de los peligros que conlleva confiar y dejarte seducir por una mujer como el thriller Instinto Básico o la película de terror La Mano que Mece la Cuna. En todas ellas, el arquetipo de la femme fatale hipnótica e irresistible, enemistada con otras mujeres,  utiliza su sexualidad y su belleza como una herramienta (o como un arma) para obtener egoístamente lo que desea. Por el contrario, las pruebas fehacientes que se tienen de lo que Hürrem hizo con el poder que consiguió (con artimañas más o menos honestas, es difícil juzgarlo objetivamente) es que lo utilizó para financiar proyectos de caridad e impulsar varias obras importantes de edificios públicos como escuelas, una mezquita, un baño público y un hospital para mujeres. A su muerte, Hürrem fue enterrada en un mausoleo adyacente al de Solimán, consiguiendo también así un reconocimiento póstumo y eterno de la importancia de su posición en vida.

Hürrem Haseki logró ganar todo el control que pudo, de la manera que supo, sobre su propia vida. Las leyes y costumbres otomanas despojaban a las mujeres de su poder de decisión, ni siquiera se les permitía decidir cuántos hijos tener o dónde envejecer y como resultado las concubinas vivían encerradas en una jaula de cristal que las incapacitadas para acceder a cualquier tipo de garantías. Hürrem logro, al menos, hacerse la jaula un poquito más grande al eludir tradiciones y normas antiquísimas cuyo principal objetivo era justificar y preservar la precaria posición de la mujer en la sociedad otomana de la época. Logró poder con el objetivo de asegurarse independencia y protección para sí misma, dos conceptos que la historia todavía tardaría muchos siglos en reconocerle a la mujer como derechos básicos. No se puede olvidar que Hürrem Haseki fue una excepción a la regla pero al menos dejó a la vista un camino de nuevas posibilidades que antes de ella las mujeres de la sociedad otomanas ni siquiera podían soñar para sí mismas. 


Por Cristina Blanco