“Te quiero viva, burra” o cómo revivir a 27 mujeres olvidadas.

Te quiero viva, burra

Te quiero viva, burra (Círculo de Tiza, 2019) es una súplica, la que Julio Cortázar imploró a Alejandra Pizarnik cuando la poeta estaba cada vez más cerca del abismo. La tomo prestada para el título del libro intentando que estas mujeres no caigan en el olvido” explica la periodista y escritora Loreto Sánchez-Seoane, quien tras años homenajeando a mujeres mal entendidas  – mujeres que vivieron a destiempo – recoge en su primer libro publicado por Círculo de Tiza Editorial, veintisiete perfiles de vidas extraordinarias. Mujeres que leían, que escribían, que se expresaban a través de cualquier creación artística y de ellas mismas, eran desafiantes y peligrosas. Recogemos los perfiles de cinco de ellas, tal y como los  presenta Sánchez-Seaone. Todas ellas con algo en común: talento, amores conflictivos, y un inmerecido olvido.

 

"Te quiero viva, burra" publicado por Círculo de Tiza Editorial

Alejandra Pizarnik: la burra de Cortázar 

“No quiero ir nada más que hasta el fondo”

Si hay alguien que ha desgastado el verbo morir hasta agotar las tintas de su vida ha sido la poetisa argentina; Alejandra Pizarnik. Desde muy corta edad su vida se ha visto marcada por sus eternas inseguridades y constantes comparaciones. De descendencia rusa se siento una extranjera en su propia familia. Nació en Avellaneda, sin embargo nunca considero Argentina como su hogar. Durante toda su vida expresó con letras la sensación de no encontrar un lugar en este mundo. Dejando atrás un grandísimo legado literario de poemarios, textos surrealistas y un diario de casi mil páginas. Se despide de la vida y pasa a su codiciada muerte.

Sylvia Plath: la gran poeta maldita 

“Morir es un arte, como todo. Y yo lo hago extraordinariamente bien”

Su legado artístico fue fruto de una vida compleja y una duradera y profunda depresión que sólo encontraban salvación en su escritura. Desde su muerte, no han cesado de surgir documentos con nuevas revelaciones sobre quién era ella: la escritora. Una vida torturada y marcada, con infinitas complejidades que pueden haber dado forma a su mundo, y su decisión de abandonarlo. Plath parecía encarnar todas las contradicciones que plagaban la trayectoria de mujeres de mediados del siglo XX, una época marcada por una desconcertante mezcla de pesimismo y optimismo de posguerra, junto con su promesa fantasmagórica de igualdad generalizada y burlona hasta el punto de torturar a mujeres tan dotadas y ambiciosas como Plath. Su vida fue una dialéctica de tales contradicciones cuya síntesis, se convirtió en la primera poeta en ganar póstumamente el Premio Pulitzer por su obra confesional obra Ariel.

Hedy Lamarr: la actriz hollywoodiense que inventó la wi-fi 

La historia de la estrella de Hollywood Hedy Lamarr o “la mujer más bella del mundo” trabajó en silencio para revolucionar la comunicación moderna. Juzgada como “otra cara bonita”, el verdadero legado de Lamarr es el de una brillante pionera tecnológica. Una emigrante judía austriaca que quería ayudar a derrotar a los nazis. Inventó así un sistema de comunicaciones encubierto de “salto de frecuencia” para hacer imparables los torpedos aliados, y luego patrióticamente le dio la patente de 1942 a la Armada, que la ignoró y le dijo que mejor “vendiera besos por bonos de guerra”. A lo largo de su vida pocos sabían de la historia secreta de Hedy, pero en 2016 la directora Alexandra Dean y el productor Adam Haggiag desenterraron cuatro cintas de audio nunca antes escuchadas de Hedy hablando de su increíble vida. Combinando esta recién descubierta entrevista con reflexiones íntimas de sus hijos, amigos cercanos, familia y admiradores, incluyendo a Mel Brooks y Robert Osborne, “La Sensación” finalmente aclara las cosas, dándole a Hedy Lamarr la oportunidad de contar su propia y asombrosa historia.

Florbela Espanca: la escritora a la que todos abandonaron 

“Y no hay nuevos gestos ni nuevas palabras”

Así leemos a Florbela Espanca en la última página de su diario, seis días antes de suicidarse, el 8 de diciembre de 1930, a la cortísima edad de 36 años.  Espanca fue una poetisa portuguesa, considerada por los académicos como una de las escritoras más míticas de su país. Sin embargo, su trabajo solo alcanzó el verdadero reconocimiento después de su muerte. Nació en Vila Vicosa en Portugal en 1894. La emancipación y la libertad la hicieron destacar en una época donde estas dos características eran verdaderamente inusuales en una mujer, aún más en una tan joven. Empezó a escribir a temprana edad, tenía como forma predilecta los sonetos. Su poesía era –y aún lo es, aunque con menos frecuencia- denigrada porque era abiertamente emotiva. Una alta emocionalidad desplegada en público por una mujer era vista como una obra con falta de profundidad e influenciada de manera abrumante por el “yo” de la escritora –como si eso constituyera una dimensión negativa-. Entró a la academia, en una época donde pocas mujeres se atrevían a obtener más que la educación básica, a través de la facultad de Derecho en la Universidad de Lisboa. Esto fue simplemente una muestra más de su feminismo -a pesar de que nunca se declaró abiertamente feminista-, siempre actuó en coherencia con la pretensión de ser tratada de manera equitativa a sus pares del género masculino.

Camile Claudel: la amante de Rodin que acabó encerrada en un manicomio

A la pequeña de los Claudel no le gustaba jugar con muñecas. Prefería hacer formas con el barro y esculpir con arcilla. Camille Claudel, de tez pálida y ojos afilados, soñaba con figuras de escayola y con sus manos generaba vida y arte. Su padre supo que no debía pasarla por alto, ser una futura mujer-de y atender las labores cotidianas sería un mundo demasiado estrecho para su hija. Se negaba a ser culpable de ignorar y desestimar el talento que poseía. Deseaba para Camille una independencia atípica para la época, y en cierto modo lo consiguió. Desarrolló su don para la escultura a la derecha de los mejores: Paul Dubois, Alfred Boucher y por supuesto, al lado del escultor Auguste Rodin. Fue su relación, primero creativa y pronto tormentosamente pasional, la que le dio alas para crecer y después la hundió en lo más profundo cuando el maestro -para ella, su mitad- se las cortó de raíz. Muchos historiadores afirman que algunas de las renombradas obras de Rodin tenían más huellas de Claudel que él mismo, sólo faltaba su firma. Fue la mejor escultora de su tiempo. Pero a ella eso no le importaba, al final de sus días el desamor y la frustración por verse abandonada y relegada por su amante, pudo más que el arte.