Gloria Fuertes, la niña adulta que escribió más que poesía infantil.

Gloria Fuertes Gloria Fuertes / Fotografía Agencia EFE

Una flaquita de vino blanco, aceitunas o patatas fritas, un libro, un bolígrafo para tomar notas y la mesa de siempre en la taberna Antonio Sánchez, situada en la transitada calle de Mesón de Paredes en su barrio madrileño de Lavapiés. Gloria Fuertes (1917-1998) no necesitaba más. O puede que sí. Ella quería ser poeta y lo consiguió, en sus propias palabras, por imposición. Pero esa etiqueta que logró no dejó de estar lejos de un solo apellido que acaparó en su totalidad, el protagonismo del segundo. Sus versos decoraron calendarios y fue escritora de periódicos y revistas infantiles como Flechas y Pelayos o Maravillas. Porque precisamente este público infante fue el terreno sobre el que se elevó la figura de Gloria en España. Y no era para menos, pero sí para más.

Entre tus primeros recuerdos seguro que está ella. Fue una de las pocas mujeres que se han hecho hueco en los libros de texto de los colegios y de las que han participado en programas televisivos recitando poesía para niños. De hecho, su nombre todavía sigue resonando a día de hoy con garra y vigor. Pero eso sí, afortunadamente con más etiquetas, como a ella le gustaría haber sabido.

Mujer posmoderna representante de las fuerzas culturales y sociales actuales es la definición que siempre obtuvo en Estados Unidos y que, en cambio, en su país de origen nunca se llegó a reconocer. Porque Gloria, además de poesía, literatura y teatro infantil, escribió para adultos. Versos únicos que trazaron mapas de amor, soledad y denuncia. Casticismos madrileños y odas a sus costumbres que mezclaban vanguardias y problemas actuales en un período en el que todo parecía ir contra de sus ideales. Empleó la metáfora, la sátira y el acento lírico para desgranar su realidad quitándole trascendencia en tonos musicales, cercanos y sencillos. Hizo partícipe y cómplices a sus lectores.

Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.

‘Nota biográfica’, de Antología y poemas del suburbio (1954), Gloria Fuertes.

Se sentía cómoda entre el público de los más pequeños y nunca rechazó su aprecio, pero la poeta también quiso registrar su poesía en un camino que llegara a todos. Quería sentirse tan útil y necesaria que gracias al reconocimiento de Ramón Gómez de la Serna y a la identidad que ella misma construyó con esa escritura escondida, cautivó a los hermanos Nieva, quienes, con la potestad debida de la autoridad masculina de la época, valoraron su obra y la incluyeron como única mujer entre los postistas, un movimiento estético de vanguardia que actuó como grupo contrapuesto al panorama realista y existencial de la posguerra.

Quien conoció a Gloria supo que su niñez fue vital en su escritura. Descarada, traviesa y cómica, pero con un fondo tremendamente marcado por el dolor y la soledad. Gloria transmitía tanta ternura como dureza en sus palabras. Su máquina de escribir fue testigo de sus amores, de la dureza de la guerra, de la situación de una familia que carecía de recursos suficientes, de la opresión a su imaginación y creatividad y de la angustia que le provocaba la condición de la mujer en aquel momento, en el que el género era fundamental para demostrar una valía.

En su poema ‘Nota biográfica‘ (Antología y poemas del suburbio, 1954), un cómputo de versos que actúan como el más fiel reflejo de su vida y una de sus pocas obras que sin contenido infantil consiguió alzarse en fama, Gloria evidencia su pensamiento sobre la desventajosa situación de la mujer en el sector literario. No siendo la primera vez que lo hace, la poeta compara su situación frente a la de otros escritores, como el poeta del franquismo José María Pemán, a quién además años más tarde arrebataría sin nunca llegar a saberlo la denominación de un colegio jerezano que sustituyó el nombre de Pemán por el suyo, tras una apabullante votación. ‘En ‘Nota biográfica’, ella escribe: “Quiero comprarme a plazos / una flor natural/ como las que le dan a Pemán algunas veces”.

Si bien la poeta siempre criticó la imperancia masculina en el mundo artístico, muy a pesar de su recalcado por ella misma bajo sueldo, también defendió con valor su trabajo y combatió sin cesar por ocupar un puesto en la industria . Porque Gloria Fuertes hablaba, y hablaba mucho y sola, pero  más aún escribía. Siempre usó la palabra como catalizadora de emociones. Y esta manifestación verbal, decía ella que la llevaba dentro, como un embarazo, como una tos o como el hipo que no podía remediar.

Así, a pesar de que cada uno de estos sentimientos nacían en momentos diferentes, terminaban navegando en un destino común, que fue su obra: “Nací para poeta o para muerto / escogí lo difícil -supervivo de todos los naufragios y sigo con mis versos, vivita y coleando. Nací para puta o payaso / escogí lo difícil -hacer reír a los desahuciados-, y sigo con mis trucos, sacando una paloma del refajo. Nací para nada o soldado, y escogí lo difícil –no ser apenas nada en el tablado- y sigo entre fusiles y pistolas/ sin mancharme las manos” (‘Nací para poeta o para muerto’).

Pero para concebir el trabajo de Gloria también se debe conocer el eje vertebral de su poesía: la soledad elegida, situación sobre la que construyó los cimientos de cada una de sus palabras. Un espacio en el que ella misma se sintió cómoda y abrazó como sostén y centro de sus quejas. Gloria disfrutaba en soledad y de su propia compañía, se sentía sincera y cómoda.

Estoy sola pero es una soledad relativa porque tengo amigos y soy millonaria. No tengo mucho dinero en los bancos pero en los bancos tengo amigos sentados

También Gloria Fuertes era pacifista, creyente de su propio Dios al que le hablaba en voz alta, como esas amigas que no existían y que ella misma se inventaba de pequeña en el patio del colegio. Fue la imagen perfecta entre estética y vida, la consonancia definitiva entre personalidad y obra. Una niña atrapada en un cuerpo de mujer. Tan caprichosa y valiente como grotesca y trágica, pero también tremendamente tierna. Escribió poesía personal haciendo del humor su propio recurso lingüístico para poder mostrar su dura realidad  con una sonrisa y calar en la humanidad con soltura.

Escribo como escribo,

a veces deliberadamente mal,

para que os llegue bien

Historia de Gloria, 1983.

El patrimonio de Gloria es amplio. Fue autodidacta y publicó por primera vez a los 14 años su poema ‘Niñez, juventud, vejez‘, un año antes de la muerte de su madre. A los 17, se lanzó su primer poemario, Isla ignorada. Marcó con su trabajo los años 50 y consiguió la beca Fullbright para impartir literatura española en los 60 en Estados Unidos. Consiguió vivir  de su trabajo a los 70 participando en diferentes recitales, conversaciones en la radio y coloquios. Y ahora, sus versos han sido reinterpretados y analizados por diferentes autores que han querido rendirle homenaje, como su fiel y gran amigo Ismael Peña, que los ha musicalizado.

Un 27 de noviembre en 1998 falleció Gloria Fuertes en su Madrid querida. Una mujer que comenzó a leer a escondidas en la portería en la que trabajaba su padre. Una niña a la que su madre apuntó al Instituto de la Mujer para que fuera modista. Una madrileña muy castiza que se movía en bicicleta, vestía faldas-pantalón, llevaba el pelo corto y fumaba y bebía vino sola en los bares… Gloria divina, Gloria, siempre gloriosa