Eros dulce y amargo o el amor según Anne Carson

Anne Carson

 

Eros dulce y amargo o el amor según Anne Carson

De nuevo Eros que desata los miembros me hace estremecer, esta pequeña bestia dulce y amarga contra la que no hay quien se defienda

Safo, fragmento 130

 

¿Eran los griegos de la época arcaica más pasionales que nosotros? El ensayo Eros dulce y amargo  de la autora Premio Princesa de Asturias reeditado por Lumen, lo confirma.

No hemos podido descifrar aun el enigma que rodea a Anne Carson (Toronto, 1950). En sus contadas entrevistas la escritora – es el único hiperónimo que puede englobar el todo de esta ensayista, poeta, novelista y doctora –  suele negarse a sí misma, incluso se contradice. A menudo juega y corre un tupido velo sobre los desvelos que asoman de su vida personal en su obra, o las pasa por alto sencillamente porque ahora está a otra cosa. La erudita canadiense – primera mujer en ganar el premio T.S Eliot –  prefiere no revelar demasiado ante oídos ajenos, con  desprender las entrañas sobre su propio papel le vale. En su biografía sólo indica que ha nacido en Canadá y que se dedica a la enseñanza del griego antiguo y también tenemos que conformarnos sólo con eso. Es impasible y casi sigilosa, hasta cuando entre versos cuenta sin importancia cómo la abandonaron en el altar. ¿A ella? ¿a otra? Carson escribe como una mantis, crea una sintaxis atractiva, logra ser simbióticamente misteriosa mientras apunta alguna nota explícita, como algo que te encuentras sin querer.

Con Eros dulce y amargo Anne Carson irrumpió en el hermético mundo intelectual. Una obra que constituye una verdadera declaración de intenciones en las que la autora se sumerge en el nacimiento de la literatura para revelarnos el esqueleto del amor a través de Safo, Emily Dickinson o incluso La Regenta. El amor y el deseo son dos constantes en su temática. Incluso podría decirse que toda la obra de Carson se desarrolla en ese hueco, en un lugar en el que todo es hambre, tensión, y la posibilidad de. También su auténtico flechazo – esas lenguas extintas- las transforma en puro erotismo. Puede que porque sus admirados griegos gestaron lo que entendemos hoy por amor romántico, la mitología del deseo y el ahogo de los celos. Es en ellos de quienes se nutre Carson. Y si, como dice Susan Sontag “para escribir sobre amor hace falta coraje”,  ella se encuentra a muchas millas del cliché.

 

“La palabra eros denota necesidad, carencia, deseo por lo que falta. El que ama desea lo que no tiene. Y en cuanto lo posee ya no lo desea”

Anne Carson – Eros dulce y amargo

Pero ¿Qué nos revela Carson en este ensayo sobre el deseo?  Como adelanta el título, Eros es agridulce y “nadie que haya estado enamorado la ha contradicho nunca”. Una simultaneidad de placer y dolor.  El amor erótico y el sufrimiento comparten genealogía porque no es de dos, sino de tres. Funciona como un triángulo: el amante, el amado y el vació latente entre ellos. Es en ese espacio, en el deseo anhelado, frustrado e irritante, en el que Carson se regodea y  vibra con más fuerza. En el análisis del  nervio que empuja a dos personas a buscarse y a la vez desencontrarse para vivir en lo adictivo del deseo. En el torbellino erótico este vacío se llena y no se llena. El amante está saciado, pero siempre persigue algo más. Es parte de esta danza. Para los poetas líricos el amor es algo que asalta o invade el cuerpo del que ama para arrebatarle el control. Una lucha personal de voluntad y psique o en palabras de Emily Dickinson, un hambre que sienten los de afuera, aquellos que miran por las ventas y que, al entrar, la pierden.

Eros es placer y dolor al unísono. Un baile contradictorio en simultaneidad de dos polos opuestos.  Hay en ello contradicción y paradoja: puede dividirte la mente en dos. La dulzura del deseo erótico nos abraza abiertamente, pero su amargura se viste con disimulo.  Eros  en su totalidad significa:  necesidad, carencia deseo por lo que falta.  

 “Odi et amo interaccionan, ahí se encuentran el corazón y el símbolo de Eros, en el espacio que atraviesa el deseo”.

 

El amor como aplazamiento, desafío, obstáculo y hambre Así, la visión tan poco popular hoy de que el amor seguro sólo causa el fin es su conclusión. Todo acaba cuando la comodidad se instala. Es lo inalcanzable lo que nos mueve, el no poder llegar a él o ella. Intocables, el goce de avanzar condenados es la finalidad misma. Pero no teme a los detractores del amor romántico, al contrario. Es visionaria y se anticipa al vacío de la imaginación que hoy pierde la batalla contra el estereotipo, la crítica y el tópico. Una tendencia que la entristece porque “parece estar acallando el sonido de las cigarras” y la inspiración más visceral.

El camino hacia el amor es seductor, traicionero y oscuro. Un lugar donde peligran la exageración, y la subestimación por igual. Leyendo Eros dulce y amargo sospechas si este ensayo es una carta encubierta de la autora hacia alguien en particular -perdida o inalcanzable-:  entre su lenguaje y melancolía estoica. ¿Por qué amor y odio van de la mano? Según Anne Carson, la primera obra del amor fue la amargura.

 


Por| Raquel Bada

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