Laura Ferrero: “La escritura para mí es distancia”

Fotografía: Jordi Bernadó.

Laura Ferrero (Barcelona, 1984) escribe desde siempre. Escribe para entenderse a ella. Escribe para entender el mundo. Aunque comenzó a hacerlo a los once años, todavía hoy le cuesta definir el significado que otorga a la literatura, pero sí afirma tomarla como una oportunidad más para crear un final alternativo, para crear historias, para revivirlas o para, en sus propias palabras, “vivir dos veces”.

Porque leer a Laura es emoción, intriga y sentimiento. Y también es impulso. Laura no es estratega, ni premeditada. Ella crea desde la necesidad y la introspección. Se aleja de ritos para desplegar sobre sus páginas una escritura directa y tan desnuda que, alejada de ornamentos innecesarios, logra que pasar las páginas sea tan placentero como doloroso. El eterno debate entre el querer y el dejar ir. Entre la delgada línea que separa el hobbie y el estilo de vida. Entre el diario y el libro.

Es licenciada en Periodismo y Filosofía, titulada con un máster en edición, colaboradora habitual en diarios nacionales, está vinculada al universo del marketing literario y es escritora. Por vocación.

A caballo entre el relato y la novela, Laura es la responsable de algunos de los títulos que más hueco se han hecho entre las obras destacadas en librerías: Piscinas vacías, Qué vas a hacer con el resto de tu vida, El amor después del amor, Sal con alguien que no lea, Tres relatos o La gente no existe

En Bamba descolgamos el teléfono para que sea ella la que nos cuente cómo ha sido esa evolución. 

Laura, cuéntanos. ¿Cómo fue el contacto con Alfaguara?

Yo trabajaba en varias cosas y aunque siempre escribí nunca había dado el paso de intentar publicar. Entonces quienes lo leían me decían que debía tratar de publicarlos, así que contacté a varias editoriales, pero muchas no me contestaron y otras me dijeron que con la crisis era difícil. Decidí autoeditarlo en una plataforma. Era el momento en el que empezaban a salir este tipo de opciones y la verdad es que me fue muy bien y pronto se puso como en el top 30 de Amazon y eso llamó la atención de Alfaguara. A la segunda semana de publicarlo me llamaron y cerramos un contrato. 

De Piscinas vacías a La gente no existe. De relatos a relatos pero también pasando por novelas… 

Siempre he escrito indistintamente una cosa y la otra. Cuando comencé Piscinas vacías estaba escribiendo esos relatos, pero también una novela al mismo tiempo. Luego volví a los relatos, ahora estoy escribiendo otra vez una novela… Son géneros en los que me siento igualmente bien.

¿Cómo fue su creación literaria de La gente no existe? ¿Los escribiste antes, durante o después de la pandemia?

Lo escribí antes y se iba a publicar también antes, pero con la pandemia lo atrasamos. Hubo un relato que escribí durante la pandemia, el de ‘Una trenza’, la de la muerte de mi abuela porque ella justo murió durante la covid. No tenía pensado meter este relato ahí pero lo escribí para un periódico y pensé que dialogaba mucho con los demás así que lo acabé añadiendo.

En cada relato hay una pregunta que me he hecho durante el tiempo que he estado escribiendo”

¿Qué relato dirías que es el que mejor te define de este libro?

Es una buena pregunta. Yo creo que en esos relatos están, no todas mis obsesiones, sino las preguntas que me hago en la actualidad. No te sabría decir que me definiría ninguno porque los que son autobiográficos se acercan más a mi manera de ser, como el de ‘Mi padre en Atocha’ o el de mi abuela. En estos no hay trampa ni cartón, son básicamente un reflejo de cómo soy yo y de cómo vivo las cosas, pero en realidad en cada uno de ellos hay como una pregunta que me he hecho durante el tiempo que he estado escribiendo.

Escribes mucho sobre sentimientos y los plasmas de una manera fantástica, con mucho detalle y siendo capaz de leernos la mente a todos. Si tuvieras que elegir ahora mismo un sentimiento o una emoción que digas: “esta es la que me impulsa más a escribir”. ¿Cuál sería?

Es muy variable. Tiene que ser como un momento vital en el que no estás muy exaltado. En el que no estás de vacaciones o todo el día por ahí. Eso no te lleva a la introspección, pero tampoco tienes que estar triste para escribir. Yo creo que es como un estado introspectivo pero estable.

A mí por ejemplo me vincula más la lluvia, determinados paisajes que otros para escribir, pero no sé si se vinculan tanto con un sentimiento como con una necesidad. Yo escribo siempre desde un impulso que nace desde algo que tampoco entiendo mucho, desde un “lo tengo que escribir y lo tengo que escribir ahora”. Así que simplemente te diría que es un ánimo introspectivo.

Hablando de tristeza y escritura. En La gente no existe, igual que en otras de tus obras, hay despedidas o al menos, varios hasta luegos. A mí las despedidas se me dan fatal… A menudo me recreo en ese momento y resulta que es precisamente desde el que mejor escribo.

Yo creo que las despedidas son una parte fundamental de la vida, pero no nos enseñan a decir adiós. Nos enseñan a sentirlas como un aspecto más triste en la vida. Nadie sabe bien qué tiene que hacer en este tipo de circunstancias. Siempre es difícil poner punto final a determinados momentos de la vida.

Retomando la tristeza, entonces, ¿no crees que desde esa nostalgia es más fácil escribir?

La escritura para mí es distancia. Una cosa es que tú necesites escribir porque te ha pasado algo y lo escribes sobre una hoja en blanco, pero probablemente lo que te salga tampoco tenga gran calidad literaria, o al menos eso me ocurre a mí porque es un sentimiento muy en crudo. Yo siento que necesito un poco de tiempo para reelaborar las cosas.

Desde el momento en el que necesitas volcar eso hasta el momento final que termina leyendo el lector hay muchos pasos intermedios. Una cosa es el que el impulso sea que te ha ocurrido algo a ti y necesitas volcarlo en un lugar para darle forma pero hasta llegar al final hay muchos pasos intermedios. No me parece que sirva la catarsis. Te va a venir muy bien a ti, pero no al lector. Él necesita que le des una forma literaria a eso.

No es un diario al fin y al cabo…

Exacto, el diario es otra cosa. Ahí sí que hay menos elaboración porque es una escritura mucho más directa.

En los tiempos que estamos me parece inevitable hablar de redes sociales. Diría que Instagram es otra plataforma tuya de relatos. Nos gustaría saber cómo la enfocas. ¿Cómo llevas esta red social?

No la enfoco de ninguna manera preconcebida. Yo antes tenía un blog y realizaba un poco lo que hago ahora en Instagram. Eran como post semanales en los que intentaba hablar de la cotidianidad, de las lecturas, del cine… Son cosas que me mueven mucho a mí. En Instagram hago lo mismo que en el blog. Intento hacer un post por semana pero nunca sé sobre qué lo voy a hacer. Simplemente cada semana me fijo en distintas cosas, las apunto y de repente hay alguna que me apetece desarrollar.

Para mí Instagram es como una manera de tener contacto con los lectores. De estar más cerca de la gente que te lee. De saber qué se les pasa por la cabeza. Me parece un instrumento y una herramienta muy  bonita si se utiliza de la manera en la que te sientas cómoda.

Entiendo que entonces no llevas ningún tipo de estrategia.

No soy muy estratega con esas cosas. A veces me ofrecen pagos por realizar alguna acciones, pero para mí es otra cosa porque si no se desvirtúa. Nadie me paga por hablar de un libro o de una película. Son mis opiniones. Siento que es lo que me apetece hacer.

Instagram está como muy vinculada ahora mismo a promociones y a mí eso me cansa. Tener que ser la vendedora de ti misma, pero también es cierto que así llegas a más gente, puedes dialogar con más personas y encontrar lectores más afines. 

¿Qué significa para ti y que es lo que más te emociona de esta red social?

Significa un montón. Los lectores que cuentan historias maravillosas y son personas que se toman el tiempo de escribir y contarte por lo que han pasado y el porqué te leen y por qué les ha tocado un texto tuyo. Es muy bonito porque sientes que al otro lado de la pantalla hay gente real.

Después de la pandemia con Zoom y las vídeo llamadas se ha perdido un poco el contacto. He dado hasta con gente que me han contado sus historias y yo con esas historias he creado las mías.

La literatura no se puede forzar”

Sobre estrategias y hábitos. ¿Tienes alguna rutina concreta de creación? Llevas una libreta, anotas en las notas del móvil…

Me encantaría decirte que tengo una rutina, pero no tengo ninguna. Hay cosas que me las apunto en el teléfono: una idea, un autor, alguna frase que me viene al paso… Pero todo lo que escribo yo lo hago compaginándolo con otras cosas, entonces escribo cuando puedo.

Si que es verdad que cuando tengo que hacer un número determinado de páginas me organizo de otra manera y dedico dos o tres horas por la mañana solo a escribir y ya luego continúo con mi día. Soy muy mala con los ritos en general o con las rutinas. No me gustan y tampoco a la hora de escribir. Yo lo hago los fines de semana, en vacaciones… Un poco con desorden. Cuando tengo que centrarme si que establezco un tiempo para darle orden. Con una novela llega un tiempo en el que te tienes que centrar. 

La literatura no se puede forzar.  En una novela si no tienes el día, no lo tienes. Entonces tienes que leer, hablar con un amigo…Es algo que he aprendido con el tiempo: no te fuerces. Otro día que no tengas que escribir lo vas a hacer y probablemente salga mucho mejor.

Seguro que en alguna ocasión te ha llegado un momento de bloqueo y de no ser capaz de continuar escribiendo.

Nunca me ha pasado. Una cosa es que por circunstancias personales decidas que no es el momento porque la vida acaba interfiriendo un poco en lo que haces. No me he bloqueado ante una página en blanco. Cuando no me sale me voy a hacer otra cosa que tiene que ver con eso. Hace dos años que empecé a escribir una novela y como tenía una parte de investigación y no iba por el camino que yo creía que tenía que ir lo dejé, pero no porque estuviera bloqueada, sino porque tenía que pensar qué hacer con eso.

Subrayo una frase tuya  de La gente no existe: “La literatura existe para que sobreviva lo que ya está muerto”.

Es como vivir dos veces. Los escritores a veces somos un poco tramposos y podemos darle un final diferente a historias que han ido por otro camino. Puedes revivir las cosas que ya han pasado gracias a la palabra. En el caso de mi abuela, que murió, al final las palabras me sirvieron para poder darle un final o despedirme.

Supongo que cada uno escribe para saber qué es la literatura”

Entonces, ¿cómo define Laura Ferrero a la literatura?

No lo sé, es una gran pregunta. Supongo que cada uno escribe para saber qué es la literatura. Al final de todos nuestros relatos y novelas está esa pregunta. Sobre cómo vivimos de esta manera, rodeados de palabras, de conceptos, de pensamientos… Creo que la literatura se parece a la vida, pero no hay que confundirla con la vida.

En tus libros podemos ver diferentes referencias literarias, desde Margaret Atwood hasta Anne Sexton, Anne Carson, Benjamín Prado… ¿Podrías decirnos quiénes son tus referentes literarios?

Como he dicho antes no me gustan los ritos ni las rutinas por lo que no tengo unos referentes fijos, pero sí que es verdad que con el mundo del relato alguien que me ha impactado mucho ha sido Raymond Carver. Suyo fue el primer libro de relatos que leí yo tenía 18 años y fue el de Catedral y me encantó. Yo siempre había leído novelas hasta el momento y entender que en tan pocas páginas te podía contar una historia tan bien armada me hizo replantearme tanto mis gustos literarios como mi manera de escribir.

Después de Carver hay muchos, Loore Moore, Samanta Schweblin, Grace Paley, Alice Munro… Y entre los españoles me gusta mucho Sergi Pámies. También entre las mujeres que me inspiran están Marta Sanz o Leia Guerrero. Cada una con su temática. De crónica periodística Leia, de literatura actual Marta y sobre relato Lore Moore o Samantha. Todos estos nombres no son referentes, son gente que me acompaña.

Empezaste a leer relatos entonces muy jovencita…

Yo creo que empecé tarde porque fui muy lectora. A partir de los once o así. Fui muy autodidacta, en mi casa nadie leía. A los 18 años tampoco empecé a leer relatos pero sí recuerdo que Catedral me impactó muchísimo, pero no siento haber sido joven porque ya llevaba muchos años en el mundo de la literatura.

Como parte de ella, ¿cómo ves la evolución de la literatura escrita por mujeres?

Hace muchos años que hago crítica literaria y sí, ha cambiado todo. Ahora solo leo mujeres, pero por compensar no pasa nada. Hemos crecido leyendo a los clásicos de la literatura y los clásicos de la literatura son hombres fundamentalmente, entonces ahora sí que se ha dado paso a gente que ya estaba allí. Mujeres que llevan escribiendo toda la vida, que incluso están muertas y nunca habíamos leído y ahora mismo tengo la sensación de que hay mucha mujer muy potente en todos los géneros. Estoy disfrutando muchísimo de leerles.  Desde la posición de crítica y tras hacer muchas reseñas lo relaciono con lo que está ocurriendo y me parece muy interesante.

¿Nos puedes dar algún adelanto de proyectos futuros que estés llevando a cabo?

Una novela nueva, algo autobiográfico, pero estoy dándole una vuelta porque nunca he hecho nada autobiográfico y aún estoy viendo un poco por dónde voy. También estoy empezando a hacer guiones para algún medio audiovisual. Estoy muy contenta.