Luna Miguel: “Caliente es una falsa escritura confesional”

Luna Miguel

Caliente (Lumen, 2020) es una historia personal de amor y placer. La narración más íntima de Luna Miguel (1990). Así lo afirma la contraportada del libro del ensayo que, en palabras de su autora, irradia “felicidad, calma y ternura“. Porque, por qué no, definir con estos términos a las páginas en las que la autora relaciona el conocimiento que ha ido puliendo desde 2015 con el aprendizaje social  que se encuentra cada día. En Caliente, Luna busca respuestas a problemas relacionados con el sexo, el amor, la maternidad y el feminismo recuperando un amplio cóctel de lecciones literarias. Rescata escritos de autoras que, al igual que ella, se aventuraron a dar un paso al frente y a hacer públicas sus más hondas y deseantes emociones: desde Anaïs Nin, Marguerite Duras o Annie Ernaux, pasando por Luciana Peker, Monique Wittig o Anne Sexton, hasta Marina Tsvietáieva, Amarna Miller o María Llopis.

Las páginas de Caliente continúan la escritura autobiográfica más característica de Luna en una versión más atrevida y desnuda de sus memorias. En esta obra explora la literatura, hace de tripas corazón y, en valientes relatos,  recupera vivencias que, algunas falseadas, otras exageradas y muchas fieles a los hechos, desmantelan la palabra libertad para luchar contra la represión impuesta sobre la mujer. Habla de sus experiencias y recoge también el testimonio de mujeres anónimas cuyos sentimientos y formas de pensar podrían representar a cualquiera de sus lectoras. Luna habla, a fin de cuentas, de cada una de nosotras.

Entrevista a Luna Miguel sobre Caliente
Fotografía: Laura Rosal.

En Caliente amplia su visión y conocimiento y extiende la información de otras de sus anteriores obras, como en su ensayo breve El dedo (Capitán Swing, 2016). Pero esta vez se confiesa incluso más y declara encontrar en su corazón roto el descubrimiento del auto placer como terapia, una fantástica vía literaria que le sirvió de puente para crear el ensayo y  que, dice, le resultó “muy fácil ya que tenía las ideas y la historia muy claras en la cabeza”. Las circunstancias personales que estaba viviendo actuaron como transición para hilar su propósito y poco más necesitó para que la editorial se encargara de publicarlo este pasado mes de enero. Hoy en Bamba volvemos a hablar con ella para conocer, de primera mano, cómo fue la gestación de Caliente.

Hola Luna. En Caliente escribes: “Necesitamos relatos que protejan al débil. Necesitamos relatos que nos sitúen en el mapa”. No es la primera vez que haces referencia a la manera en las mujeres vemos sexo y a la construcción alrededor de esta visión. ¿En qué momento se despertó en Luna Miguel la necesidad de escribir como grito, como reivindicación?

La escritura siempre ha sido para mí una suerte de ladrido. Pienso en ese verso de Olga Novo: «mamá, estoy aprendiendo a ladrar». Eso es algo que llevé al máximo en El coloquio de las perras, pero también en mi primera novela, El funeral de LolitaDurante mi veintena siempre me he acogido a una escritura rota, provocativa, burlona, feísta. Creo que en Caliente la cosa ha cambiado, y es un texto que, hacia el final, irradia felicidad, calma y ternura. Después de tanto griterío, necesito contemplación y paciencia. Ojalá con este libro pueda transmitir algo parecido a la lectora.

Sin spoilers: Una conversación con tu pareja te llevó a abrir los ojos y a salir de tu zona de confort en tu relación. Lo que te ocurría en ese momento, ¿”te atreviste” a compartirlo con alguien o te confiesas en la escritura?

Sí, por supuesto. De hecho, podría decirse que la de este libro es una falsa escritura confesional. Selecciono una serie de verdades, que, por así decirlo, también son mentiras. Que la vida sea materia para la escritura no quiere decir que mi escritura sea verdaderamente un reflejo mi día a día. En cuanto a lo más íntimo, tengo la enorme suerte de tener una serie de vínculos con los que hablar de todo lo que me preocupa, algo que hace años no me hubiera imaginado.  Qué importante es fortalecer nuestras amistades.

“Como si la libertad fuera el dolor, como si a solas me convirtiera en mi propia amante”. Vergüenza y culpabilidad en nuestras nuevas experiencias amorosas y sexuales. ¿Qué necesitamos para que estas palabras se desvinculen de nuestra libertad?

En mi caso, el conocimiento. A través de la lectura, del visionado de películas, de la conversación con amigxs. En todo lo relativo a nuestra relación con el sexo se nos ha enseñado a callar. Si consiguiéramos crear espacios seguros, de cuidados, en los que el cuerpo no fuera un tabú, podríamos dar grandes pasos. El problema es que desde niñxs esos espacios no existen. En el colegio nos hablan de erotismo y salud sexual como si la sexualidad dependiera sólo poner un condón a un pito de goma. Quiero pensar que estamos avanzando, que ahora hay más modelos, más relatos y más lugares en los que formarse, pero aún así necesitamos una red. Sin ella, el camino seguirá siendo difícil.

Como periodista, soy una persona curiosa. Como lectora, soy una viciosa de la buena literatura. Como amante, me obsesionan las narraciones del sexo”

Tener el corazón roto te ha dado juego para abrir una vertiente de investigación literaria. ¿Cómo ha sido el proceso de revisión y lectura de otras autoras?

Como periodista, soy una persona curiosa. Como lectora, soy una viciosa de la buena literatura. Como amante, me obsesionan las narraciones del sexo. Junté todo ese nervio y me puse a buscar a autoras que hubiesen hecho eso antes que yo. Caliente es una búsqueda de todas esas madres, tías y abuelas mías. Un homenaje a quienes me han ayudado a sentirme querida a través de los libros.

Si tuvieras que recomendar, con el propósito con el que se ha escrito el libro, a tres de las mujeres que citas en tu Caliente, ¿a quién escogerías? ¿qué te ha aportado cada una de ellas?

Si te parece, en vez de mencionar a todas las autoras del libro, pues de muchísimas ya hablo en extenso entre sus páginas y responderte sería repetirme, voy a seleccionar a otras que no aparecen y a las que he estado leyendo después de terminar Caliente. Una sería Hilda Doolittle, desde luego. Aunque mi obsesión por H.D. comenzó este verano, en la ultimísima revisión del manuscrito pude incluir unas menciones a sus novelas, donde aborda los amores plurales. Lo mejor de ella, sin embargo, es su poesía, especialmente la que aborda en Trilogía o en Definición hermética. Como heredera de Safo, ella canta a Eros en todos sus poemas, admira y dignifica a las mujeres acalladas de la mitología clásica y se convierte, por qué no, en una de las madres de lo que hoy entenderíamos por poliamor. En este sentido, hablando de poliamor, tengo que citar a Tamara Tenembaum, una escritora de mi generación, pero de Argentina, que en El fin del amor elabora un estudio profundísimo de las no monogamias. En Caliente no la cité, pero sí recuperé la voz de una maestra que tanto Tenembaum como yo compartimos: Luciana Peker. Por último, otra escritora que no está en Caliente, pero a la que he admirado mucho en las últimas semanas, es Irene Vallejo. Con ella no comparto temas que tengan que ver con lo sexual, pero sí con el deseo: el deseo de leer, de aprender y de “curarse”, “salvarse”, “regenerarse”, a través de la palabra leída y escrita.

“¿Puede el clamoroso bombeo de un corazón roto desestabilizar a su vez otro corazón? ¿Pueden colisionar sus voluntades si aparentemente aspiraban a lo mismo?”

Caliente (Lumen, 2020)

Resulta curiosa la historia de los orígenes de los vibradores. De tratamiento terapéutico inicial a top ventas mundial. De hecho, en el libro hablas de la masturbación como terapia, como antídoto contra la tristeza…

Sí, esto es algo que reivindicó mucho Betty Dodson. Follarse como autocuidado.

Me gustaría que mi hijo fuera capaz de aprender más sobre sus genitales, sobre los de sus compañerxs, sobre qué es el género, sobre qué significan los afectos y los cuidados, sobre qué tipos de relaciones hay…”

Nos construimos en base a nuestras relaciones y experiencias. ¿Qué consideras que debería tener un libro de texto que trate la educación sexual?

Yo no soy sexóloga, así que no sabría qué decir. Pero como madre sí que me gustaría que mi hijo fuera capaz de aprender más de lo que yo aprendí sobre sus genitales, sobre los de sus compañerxs, sobre qué es el género, sobre qué significan los afectos y los cuidados, sobre qué tipos de relaciones hay, sobre el respeto, el consentimiento, la amistad…

¿Crees que la no aceptación de nuestro cuerpo, construida en bases estereotipadas, es uno de los factores que nos impiden disfrutar y hablar del auto placer?

Sí. También habría que empezar a asumir que nuestros cuerpos son como son. Estamos obsesionados por moldearlos, por cambiarlos. Yo la primera: sólo lo acepto cuando veo que lo voy tatuando, que voy tapando la piel blancuzca que detesto. Hace poco unas amigas y yo quedamos para tomar unos vinos y nos acabamos desnudando en casa. Nos miramos y nos tocamos, aprendimos qué era tener bultos en el pecho, o que todas teníamos estrías, o que el vello que odiábamos de nosotras mismas en otra se podía ver bonito. Fue estimulante y divertido. Creo que desde entonces me acepto más, e incluso quiero mis “errores”, esos que antes me martirizaban.

¿Qué te aporta a nivel personal crear un ensayo como este?

He disfrutado, como decía más arriba, ordenando ideas que me rondaban desde hacía tiempo. Me he quitado de encima algunos miedos y he ido un paso más allá en mi manera de afrontar la autobiografía. Aunque, sinceramente, ya no me acuerdo de la sensación de escribirlo. Fue hace mucho tiempo, ahora estoy escribiendo otras cosas. Aunque parezca mentira, es muy difícil hablar de lo que una escribió. Ahora porque estoy en plena promoción, pero creo que es buenísimo el trabajo de desvincularse.

¿Cuál dirías que es el mayor germen de una relación?

No lo sé. En mi caso la complicidad, la honestidad y la ternura.

El poliamor, como hemos dicho, es uno de los temas principales del libro. ¿Crees que es posible ese amor plural sin daños colaterales?

En realidad no creo que sea uno de los temas principales del libro, sino más bien una de las herramientas que yo, como narradora, utilizo para precisamente evitar los daños colaterales que el amor, en general, nos procura a los humanos.

Como periodista, tengo artículos en los que me veo a mí misma ligeramente machista y hasta homófoba”

También comentas en las notas finales que a medida que lees a más autoras, corriges tu propio pensamiento e información. ¿Has escrito alguna vez algo de lo que te hayas arrepentido?

Sí. Empecé a escribir a los 13 años, por lo que a lo largo de todo este tiempo me he equivocado. Cuando corregí mi poemario Pensamientos estériles, escrito entre los 19 y los 20, y reeditado ahora en La Bella Varsovia, me di cuenta de que algunos de mis textos aceptaban el maltrato, la voz narrativa era sumisa, y la sexualidad allí expresada estaba sometida a la de mis compañeros sexuales masculinos. También he hablado de la mujer a la ligera, sin pensar en la pluralidad de experiencias de lo femenino. Como periodista, tengo artículos en los que me veo a mí misma ligeramente machista y hasta homófoba, ¡lógico, por otro lado, no acepté mi bisexualidad hasta los veintinueve! Pero ahí está la formación. La curiosidad de la que hablaba antes. Por suerte cambiamos. Por suerte avanzamos. Por suerte leemos y entendemos nuestros errores. Como diría Aixa de la Cruz, no hay que tener miedo a cambiar de idea.  

¿Qué expectativas tenías sobre la recepción de ‘Caliente’?

Creo que es bueno que una como autora no espere nada. Parece que si no eres el número uno de ventas, si no tienes miles de reseñas, si no te han entrevistado de todos los suplementos literarios o si no ha habido polémica en algún hilo de Twitter, tu libro no valga nada. A las cosas hay que darles tiempo, paremos un rato y dejamos que los libros circulen con la calma que merecen. Como señalaba más arriba, es bueno desprenderse de lo que una ha escrito, yo lo que ahora quiero es pasar a otras cosas.

¿De qué mujer hablamos cuándo hablamos de placer femenino?”

Caliente (Lumen, 2020)

Poetas o poetisas, literatura femenina y una amplia lista de nombres y apellidos que tienen tantos detractores como fieles. ¿En qué grupo te encuentras?

Odio la palabra poetisa, pero entiendo la necesidad de ciertos apellidos a la hora de visibilizar lo invisible. Una vez logrado el espacio, el siguiente paso será desprenderse de los apellidos. Lo comento justamente en un capítulo dedicado a Monique Wittig y Hélène Cixous.

Porque la palabra mujer, hoy en día, puede que deba ampliar significados. ¿Cómo la definirías tú?

Creo que esta es la pregunta más difícil de todas. No sé responderla. Tampoco sé si importa lo que yo pueda pensar de qué es ser mujer. Son tantas las posibilidades. Seguiré leyendo y viviendo para averiguarlas. 

Hablamos con la autora sobre Caliente (Lumen,2020), una íntima oda a la literatura en la que Luna Miguel toma la palabra como herramienta contra la represión / Hablamos con la autora sobre Caliente (Lumen, 2020), un ensayo que visibiliza a mujeres deseantes de ayer y de hoy / Entrevistamos a la autora a propósito de Caliente (Lumen, 2020), una oda a la creación literaria, al amor y al placer
Fotografía | Laura Rosal