Marta Barrio: «Creo en la literatura como acción de cambio»

Entrevista Marta Barrio Leña Menuda Marta Barrio

Marta Barrio: «Creo en la literatura como acción de cambio»

Esperar con ilusión desbordada la confirmación de un embarazo. Trabar un carrusel de planes junto para la venida del hijo: dar la noticia, fantasear,  elegir nombre. Imaginarse la vida con él. El alivio porque todo – lo han asegurado – va a ir bien. Un no hay nada de qué preocuparse que queda enterrado cuando dos meses antes del parto se detecta el fallo imperceptible. Un feto imperfecto. El silencio del sufrimiento soterrado que desde la noticia, acompaña a la madre.  Leña Menuda, de Marta Barrio (Premio Tusquets 2021) es el recordatorio de que en la maternidad, en el proceso, es crucial no dar nada por sentado. La autora, que ya había dejado pistas sobre aquello que la concierne en Los gatos salvajes de Kerguelen, vuelve a dar cuentas en su  nueva y aclamada novela. En Esta este ocasión no es la ecología, si no el tabú como elemento común de tantos relatos femeninos. “Se trata de una historia basada en hechos reales, pero es también una reflexión sobre el cuerpo y sobre los nombres que les damos a las cosas”, reflexiona Barrio. “Una novela de la que, como ya advertía la gran Almudena Grandes,  ningún lector puede salir indemne. 

 ¿Leña Menuda es confesión, reafirmación, o necesidad?

Una noche de Reyes de hace un par de años, una amiga del pueblo me contó un secreto que no le podía contar a nadie más. Yo entonces estaba escribiendo otra cosa -escribo en Navidades, Semana Santa, vacaciones y las siestas de mi hija- y lo aparqué para dar comienzo a la historia de ese secreto, que se convertiría en la semilla de esta novela, que es un árbol híbrido, con muchas ramas digresivas, y parte de la mímesis para ir hacia la fábula. ¿Por qué representar lo doméstico, el cuerpo? Quizás para conquistar o resignificar la intimidad. Muchas veces nos buscamos en otras novelas y en otros libros y en otras vidas pero no nos encontramos siempre en el canon. Se trata, al fin y al cabo, de otro tipo de destape, consistente en explorar mundos tradicionalmente silenciados. La representación de ciertas realidades es subversiva, marginal. Y, por tanto, potencialmente transformadora. Creo en la literatura como acción de cambio, y me preocupan la ecología y el feminismo. Me aterroriza la amenaza creciente del cambio climático, como un crimen perfecto que se perpetra sin que nadie pueda impedirlo y que nos acabará alcanzando por mucho que los políticos se empeñen en mirar hacia otro lado y no darle la prioridad necesaria en sus agendas, de ahí mi primera novela. También me inquieta el retroceso de mentalidades que se está dando en la cuestión de los derechos de la mujer, y en el aborto en particular, pienso en la nueva legislación al respecto de Texas y me entran escalofríos. Hemos vuelto a los tiempos de la delación, de los vecinos inquisidores que se pueden lucrar con el dolor ajeno.

Como autora, ¿hubo cierta mímesis al narrar en primera persona un testimonio tan desgarrador? ¿Cómo te afectó a nivel personal?

Trabajé a partir de testimonios, de miedos y sueños y dolores ajenos y propios. Creo que toda mujer que ha sido madre ha vivido ese miedo, ha rezado por que aquello que se estaba gestando dentro de ella no se tuerza, por que las cosas vayan bien. Creo que la perspectiva de usar como narradora una mujer embarazada, y retratar ese mundo en transformación, esa metamorfosis del cuerpo y del propio ser, no se había abordado mucho en literatura, y me parecía un terreno muy fértil para lo onírico y también para lo lírico. Casi me ha servido como catarsis de ciertos procesos.

Presentacion Leña Menuda
Presentación ‘Leña Menuda’ en Librería La Primera. Bárbara Blasco y Marta Barrio.

¿Cuáles son los principales tabúes que, a tu parecer, existen sobre la maternidad?

Me molestaba mucho el mito de la embarazada feliz, esa imposición de que hay que disfrutar el embarazo, y la suposición de que es un momento dulce, un estado de buena esperanza, cuando en la mayoría de las ocasiones todo no es tan de color de rosa. Parece que una no pueda tener miedo, o dudas.

Has hablado incluso de la maternidad como género de terror…

Me interesa mucho la cultura material, esa indagación en la memoria de un país y de una sociedad a partir de lo cotidiano. Siempre hay tejidos en mis libros secretos familiares y anécdotas cercanas. Trabajo mucho lo fragmentario, también por una imposición estructural, digamos, al escribir robándole horas al sueño mientras mi hija duerme por las noches, y tener que concebir la escritura necesariamente como una labor de a ratitos sueltos. En este caso, sentí que había levantado la alfombra y encontrado un montón de historias escondidas, que había abierto una puerta atrancada detrás de la cual se acumulaban vivencias que habían sido silenciadas por temor al qué dirán, por miedo a ser juzgada, por inapropiadas o consideradas de mal gusto, y creo que la literatura puede también ser escrita a partir de esos retazos, de esos dolores, y de esos sueños frustrados. En efecto creo que son, a veces, historias de terror, y es que ser mujer y madre trabajadora en muchas ocasiones roza lo heroico, y en estos tiempos que corren de precariedad y desarraigo criar se ha convertido en una tarea complicada. La conciliación en España es una quimera y la maternidad, incluso cuando todo va bien, es dura.

“El hombre en muchos casos está perdido” mencionas. En el libro, el papel de la pareja de la protagonista queda en un segundo plano. ¿es complejo que un hombre logre comprender todos los claroscuros del gestar?

El primer lector de esta novela es un metalector, es un hombre: el marido que es quien salva la libreta de tapas amarillas en la que está escrita esta historia del fuego. Es un cuaderno de bitácora que puede servirle para comprender aquello que él ha vivido de manera vicaria, por persona interpuesta, para acompañar, aunque sea en retrospectiva, a su mujer, en el dolor y en el duelo. La distancia emocional que ellos pueden poner es mayor, de ahí ese segundo plano, no es una cosa tan visceral simplemente por la mera realidad de sentirlo dentro, de tener dentro un bebé que se mueve y que tú sabes que no va a poder vivir.

 

En una entrevista calificaste de valiente la decisión del jurado de otorgar a Leña Menuda el Premio Tusquets 2021, sabiendo que quizás no sería un libro leído por hombres. ¿Por qué crees que existe ese rechazo, o incomodidad? ¿Podemos cambiarlo?

Esta es una historia basada en hechos reales, pero es también una reflexión sobre el cuerpo y sobre los nombres que les damos a las cosas. Nunca imaginé que una novela tan disruptiva, que un árbol con tantas ramas, pudiera ganar un premio tan prestigioso. Creo que es valiente la decisión del jurado porque no es esta una narrativa al uso, y trata de un tema incómodo, que puede suscitar a priori cierto reparo, aunque lo he tratado desde el respeto y la contención lingüística, y ha quedado una novela luminosa y vital a pesar del dolor retratado. Como lectora, he leído innumerables novelas sobre las crisis vitales masculinas, y considero que la maravilla de la literatura es ese ejercicio de empatía último que te permite vivir muchas vidas, o plantearte perspectivas en las que no habías pensado antes.

A los personajes femeninos, en literatura, muchas veces les espera el convento, el manicomio, o el suicidio.

MARTA BARRIO

Como autora, ¿has sentido cierto síndrome de impostora escribiendo desde esta perspectiva?

Creo que es un miedo tan universal que he podido empatizar bien con él, y por otra parte, he tenido testimonios muy vívidos, que he tratado de respetar y de tratar con todo el cuidado del mundo.

En la mayoría de los capítulos hay referencias a la maternidad a través de casos extremos – e incómodos – de la naturaleza…

Siempre me ha interesado mucho esa mirada a la naturaleza como un modo de deconstruir el constructo social, de ver qué hay detrás del tabú, cómo lo hacen los animales o cómo lo podríamos vivir de otra manera. He incluido por tanto la matrifagia de ciertas arañas, el efecto Bruce, que es un caso de aborto espontáneo que se da cuando llega un macho que no es el padre de las criaturas, y tanto los ratones de laboratorio como los monos del corazón sangrante abortan para prevenir la infantofagia, pues los machos que llegan nuevos se comen a las crías que ellos no han engendrado, la propia infantofagia que se da en mamíferos en épocas de escasez o con las crías más enfermas o malformadas, o incluso los gusanos de seda.

Hay cosas no nombradas a las que ya va siendo hora de poner nombre

MARTA BARRIO

¿Qué otras autoras y obras recomendarías, para aprender de esa otra maternidad de la que tan poco se habla?

Katixa Agirre, Marguerite Duras, Deborah Levy, Federico García-Lorca, Jazmina Barrera, María Folguera…

Leña Menuda es un testimonio de angustia, rabia y desolación pero también de fortaleza, e incluso aceptación. ¿Faltan historias de mujeres que se levantan?

Fue un proceso de escritura durante el cual fueron surgiendo más ramas de ese árbol, de mujeres cercanas que me confiaron sus experiencias, que me convencieron de que hay cosas no nombradas a las que ya va siendo hora de poner nombre, y del poder de literatura como proceso catártico, tanto de escritura como de lectura, para dolores propios y ajenos. Muchas veces nos buscamos en otras novelas y en otros libros y en otras vidas pero no nos encontramos siempre en el canon. A los personajes femeninos, en literatura, muchas veces les espera el convento, el manicomio, o el suicidio. Incontables heroínas mueren ahogadas tras un desliz, seducidas y abandonadas, o forzadas a la prostitución… Finales edificantes con moraleja: las mujeres caídas no se levantan. Quizás sea hora de redirigir el rumbo, en busca de un nuevo arquetipo.

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Por |Raquel Bada