Rosario Villajos: ‘La muela’ simboliza la precariedad emocional de la protagonista

Rosario Villajos entrevista

Rosario Villajos para #CasadeBamba

La obra de Rosario Villajos tiene la marca de lo efímero, de lo que no podrá ser reciclado ni restaurado. Con  su nueva novela La muela, la escritora camina entre lo perturbador y delirante. La protagonista escapa a la capital inglesa  de un duelo no superado para sobrevivir con un trabajo de cincuenta horas semanales en una sucia buhardilla compartida con ratones, a base de sopas de microondas, conversaciones imaginarias con David Attenborough y su hermana al otro lado del teléfono como único soporte. La muela se lee con la intensidad con la que se admira un incendio, destruye con el mismo material del que están hechos los sueños. Invitamos a su autora a #CasadeBamba en Lolina Vintage para descubrir que hay detrás de su obra revelación.

“¿Qué hace entonces Rebeca en Inglaterra? Pues ni más ni menos que tratar de ilusionarse con la idea de estar en otro sitio”. 

La muela, ROSARIO VILLAJOS

 

Quedo con Rosario Villajos un día soleado de enero para tomar un café en una terraza de Madrid; me hace ilusión charlar con ella en persona, después de tanto tiempo haciéndolo de forma virtual por culpa de la pandemia. Nos conocimos en su presentación de Ramona (Mr. Griffin, 2019) en la librería Cervantes y Compañía y, desde entonces, mi admiración por ella no ha hecho más que crecer.

Si Ramona fue un libro con el que me sentí identificada —podría ser perfectamente mi infancia de niña de barrio, con hermanos mayores y que estudia en un colegio de monjas—, con La muela (Aristas Martínez, 2021), he vuelto a empatizar con la protagonista, a pesar de no haber pasado por ninguna experiencia similar —nunca he vivido fuera de España—, seguramente, porque trata temas tan universales como son la precariedad, la soledad, el machismo o el sentimiento de culpa con el que convivimos las mujeres.

Lo primero quería darte la enhorabuena porque La muela va por su tercera edición, no paro de escucharte hacer entrevistas en la radio y has aparecido en las listas de los mejores libros del año. ¿Esperabas este éxito y cómo lo llevas?

No, para nada. Lo llevo muy bien, lo estoy disfrutando, obviamente, pero yo no esperaba que le gustara a más de diez personas. Sí, estoy sorprendida, porque pido también feedback y me doy cuenta de que no es un libro para todo el mundo. Estoy muy contenta de que al final haya llegado más lejos de lo que yo pensaba.

Además lo publicaste en marzo y ahora, en enero todavía se está hablando de él teniendo en cuenta de  que últimamente la vida de los libros es muy corta…

Sí, un libro dura dos semanas en una librería. En Madrid el mío no duró nada, porque ni siquiera lo llegué a ver expuesto. Pero creo que ha habido otros lugares de España Barcelona, algunos sitios de Andalucía, incluso Canarias donde parece que ha tenido más repercusión en las librerías, y se ha ido extendiendo. Y creo que también ha ayudado a que se extienda en el tiempo espaciando las presentaciones, que en realidad las hemos espaciado por el coronavirus, pero ha venido bien.

La Muela, Rosario Villajos
La Muela, Rosario VIalljos

Está Ramona, que es la protagonista de tu anterior novela, y Rebeca, la protagonista de La muela. Además de compartir inicial, ¿dirías que son tus alter ego? Ramona, tal vez, de tu infancia y Rebeca de una parte de tu juventud.

Ramona de mi infancia, sí, seguro, aunque sea muy autoficcionada y muy exagerada y he cambiado todo lo que me ha dado la gana, sí que está inspirada en mi barrio. Rebeca es más bien una mezcla de mujeres que yo he conocido en Inglaterra. A lo mejor, para el físico me inspiré en alguien que vi por la calle y me monté una película o historias que yo escuchaba tomando café en algún sitio. Lo bueno de no entender bien el inglés es que creas parte de esa historia en tu cabeza, y creo que eso está muy bien para la ficción. Pero sí, es una mezcla de varias mujeres.

Yo no esperaba que La muela gustara a más de diez personas

ROSARIO VILLAJOS

De hecho, tu experiencia en Inglaterra también habrá inspirado parte de la novela. ¿Cómo es ser una mujer inmigrante en una ciudad como Londres?

Pues fácil no es. No es lo mismo irte con una beca, por ejemplo, o con dinero, que irte como me fui yo. Me fui con un poquito menos de mil euros, que volaron en un mes, y yo no sabía casi inglés y fue bastante duro. Pero una cosa que me ha llegado de algunos lectores, de gente que ha venido de Latinoamérica habían sentido lo mismo, y me pareció curioso, porque se supone que compartimos el idioma. Y digo: «Qué hostil debe ser Madrid o España en general para que tú te sientas que no hablamos el mismo idioma».

Rebeca se va huyendo de España para escapar de la precariedad, de la muerte del padre y de los cuidados de la madre, pero lo que se encuentra en Londres es casi peor. ¿Qué crees que impide que vuelva? ¿Es no querer aceptar el fracaso o el miedo a que todo siga igual cuando regrese?

Yo creo que las dos cosas: volver y que todo esté igual es como un suicidio casi, que tiene que ver con no saber qué quieres, qué va a pasar con tu vida; y luego, a parte, está la vergüenza de volver con las manos vacías, porque cuando te pasa algo o cuando no te pasa nada, la gente se va a Londres, por ejemplo, si se te muere un familiar muy cercano o muy querido, la gente se va a Londres. He dicho antes que Rebeca es una mezcla de historias de mujeres, y de hombres, perdón, porque también me inspiré en un amigo que se había ido a vivir a Londres porque había fallecido su madre y quería poner un paréntesis. Todo el mundo usa Londres como ese centro de «aquí me voy a olvidar de todo», y te olvidas de todo, pero porque no tienes vida.

Entonces, ¿crees que es necesario viajar lejos o vivir una experiencia de este tipo para encontrarte a ti misma o para saber lo que quieres?

No. Yo no sé si Rebeca vuelve sabiendo lo que quiere, lo único que sabe es que quiere volver porque se le ha acabado la pila. Pero no creo que haga falta. A mí me da mucha envidia las personas que no necesitan salir de su ciudad natal nunca, que desde que son jóvenes deciden sacarse unas oposiciones o que saben en qué quieren trabajar y lo encuentran en su ciudad; me da una envidia terrible. Pero yo venía de haber hecho Bellas Artes, estaba viéndolas venir, el último sitio donde había trabajado habían dejado de pagarme, dije: «Mira, yo me tengo que ir de aquí». Y la opción era: o irme a Nueva York con mi hermano, que tampoco sabía que iba a hacer ahí y me parecía todo como más lejos todavía, o irme a Madrid, que me parecía súper aburrido en ese momento, y dije: «Pues para irme a poner copas a Madrid, me voy a poner copas a Inglaterra».

Para mí feminismo y cordura son lo mismo

ROSARIO VILLAJOS

Rebeca es un personaje que no nos cae especialmente bien en muchas ocasiones, porque se cree superior y no se preocupa demasiado de los demás por estar centrada únicamente en sus problemas, pero aún así, te acabas encariñando con ella. ¿Por qué crees que empatizamos los lectores con ella?

Yo creo que porque en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido así, como que no podíamos prestar atención a nadie, porque estábamos demasiado ensimismados. Hubo una chica que en un club de lectura me preguntó: «¿A ti te cae bien Rebeca?». Y yo le dije: «¿Tú te caes bien siempre a ti misma?». Entonces, yo creo que, por eso, podemos encariñarnos de ella, porque todos tenemos un lado oscuro.

Además, la pérdida de la muela socava esa belleza, que para ella es una de sus mayores virtudes. Pero también significa mucho más, es un reflejo del vacío existencial en el que vive y de la precariedad. Y quería preguntarte por qué hiciste girar la novela en torno a esa muela o, más bien, en torno al hueco que dejó esa muela al caer.

No sé cómo se me ocurrió, sí que quería teletransportarme a cómo me sentía allí en aquella época y me acordaba de soñar a menudo con que me faltaban dientes, y yo lo relacionaba con la falta de dinero, y también recuerdo que cuando empecé esta historia alguien me dijo: «¿Estás escribiendo?». Dije que sí. «¿Y de qué va?». Y me salió decir: «De una chica que ha perdido una muela». Lo que suena súper absurdo: escribir una novela sobre alguien que ha perdido una muela. Pero a mí me gustan mucho las metáforas y me apetecía llenar el libro de simbología, no solo está la muela, también está el calendario, los ratones, hay pequeños símbolos dentro del libro que para mí son la precariedad emocional y económica con la que vive la protagonista.

Hay una voz narrativa que parece que, a veces, regaña a Rebeca y también que le dice que las cosas se pueden poner peor, que puede venir una pandemia que cambie toda tu vida, por ejemplo. ¿Esa voz narrativa es la propia Rebeca del futuro y cómo se te ocurrió utilizar este recurso?

Se me ocurrió voy a contestar primero a lo último—, porque no estaba convencida del tono que le estaba dando a la novela: al principio, la hice en primera persona, luego la cambié a tercera persona, pasé por la segunda persona… Estaba ya un poco enloquecida y volví a leer Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin, y tiene un pequeño cuento que te explica es una clase magistral por qué algo en tercera persona te va a importar más que si lo narras en primera persona, cuando se trata en términos de descripción. Y me parece mucho más importante cuando está narrado en tercera persona que en primera. Entonces dije: «Ya lo tengo, voy a hacerlo en tercera persona y cada vez que quiera meter un guantazo de realidad lo voy a hacer en primera persona». Yo quiero creer que sí que es Rebeca. No voy a destripar el final, porque puede ser un poco duro, pero quiero dejar este resquicio de esperanza de que es ella hablando desde el futuro.

Me encantaría algún día poder escribir algo hermoso sobre el mundo en el que vivimos, pero me parece un lugar bastante hostil. que se cuece a fuego lento, en algunos países a fuego rápido

ROSARIO VILLAJOS

La novela transcurre en el 2010-2013, época pre MeToo y pre-8M, y es interesante porque tratas sobre temas como el consentimiento tal y como se habría hecho en ese momento. ¿Te ha resultado difícil volver a pensar con esa mentalidad? Porque no es que haya pasado mucho tiempo, pero sí se ha cambiado mucho la forma de pensar sobre el feminismo.

Justamente, porque yo ya había vivido aquí el 2018, era capaz de mirar aquello con juicio, porque en aquella época si a mí me hubieran contado alguna de estas historias, yo habría dudado de la protagonista, habría dicho: «Sí, ¿seguro que no es consentido?». Que era lo que hacíamos en aquella época, pero justamente, porque yo ya tenía más conciencia feminista, le pude dar una vuelta. Pero quería hacerme pensar a mí misma cómo es posible que no nos diéramos cuenta en ese momento de todo lo que habíamos hecho en nuestra vida.

¿Te parece que la novela es kafkiana? Porque tiene una visión bastante pesimista y amarga de la realidad.

Sí, la verdad es que en el momento en el que la escribí me sentía bastante así. En general, siento que el mundo es bastante asqueroso y me cuesta mucho escribir cosas bonitas; me encantaría algún día poder escribir algo hermoso sobre el mundo en el que vivimos, pero a mí me parece un sitio bastante hostil, que se cuece a fuego lento, en algunos países a fuego rápido. Me costaría mucho escribir de una forma que no fuera kafkiana, por eso uso el humor.

Eso justo te iba a decir, que aún así, hay mucho humor en la novela. ¿Crees que el humor es lo que nos puede salvar?

Sí, mira hace poco, vi una película, Surge, y es de un tipo que trabaja en el aeropuerto en Inglaterra, que enloquece un día y que a mí me recordó muchísimo a mi protagonista, a las malas decisiones que toma. Pero la comparé con una película bastante más antigua de Paul Thomas Anderson, que se llama Punch-Drunk LoveEmbriagado de amor, creo que se llamaba en español—, que es también un tipo que enloquece, pero ahí está tratado con un puntito de humor y se te hace más visible, porque la película esta de Surge, yo tuve que verla con una almohada delante de la cara, porque me parecía demasiado fuerte, demasiado realista, yo necesito que tenga una pátina de humor que me permita digerir todo lo que vive la protagonista.

Sin desvelar el final, si no hay esperanza como tal, sí hay cierto orgullo de que  a pesar de todo, de la precariedad, del machismo, de la falta de oportunidades, aún existen cosas buenas a las que agarrarme. ¿Qué son para ti esas cosas que aportan algo de luz a la oscuridad en la que vivimos?

Me acuerdo siempre de otra película, que creo que está basada en la vida de una escritora, no me he leído el libro, pero me acuerdo de esa frase: «A pesar de todo prefiero la vida». Creo que es Inocencia interrumpida, con Winona Ryder, pero se me quedó esa frase, a pesar de toda la mierda que hay, prefiero estar viva que muerta.

Yerma está muy presente en la novela. ¿Es por cómo te ha influido Lorca o, en concreto, por el tema de la maternidad?

A mi Lorca me ha influido muchísimo, yo creo que es uno de esos autores que hicieron que me gustara leer, porque pienso en otros libros del instituto, que me obligaban a leer y yo decía pues sí, pues Salinger será muy importante, pero El guardián entre el centeno no me representa y no tengo nada que opinar sobre este libro. Sin embargo, cuando habían pasado bastantes años, cogí esta trilogía de Lorca, de Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba y Yerma, y flipé, dije: «Esto, esto es lo que yo quiero leer, son historias reales que a mí me interesan».

Yo creo que el feminismo estaba ahí muy presente, dentro de mí, o el saber que, por lo que sea, soy un ciudadano de segunda clase solo por ser mujer y supongo que por eso me interesaban esas historias. Y en este caso, creo que Yerma es un libro que hay que leerlo todos los años y me interesaba meterlo ahí, porque creo que no ha cambiado tanto la presión que hay sobre la mujer para que seamos madres o para decir que no somos completamente mujeres hasta que no hemos tenido algo dentro, y me apetecía mostrarlo.

 

 Lucía Berlín ha traído lo doméstico, lo ha convertido en literatura.

También te iba a preguntar por Lucia Berlin, que ya lo has comentado tú. Pero sí que vi que hace poco estuviste dando una charla sobre ella en el ciclo “Oh, diosas amadas” de Letraheridas. ¿Cómo te ha influido esta autora, no solo en La muela, en general?

Yo creo que es una autora para mí de cabecera, está llena de optimismo, escribe sin rencor y utiliza la vida y la transforma en literatura. Y me parece que es increíble, porque nos ha traído lo doméstico, algo como Lorca trajo el drama de las mujeres, ella ha traído lo doméstico, lo ha convertido en literatura. Me parece que eso hacía falta, igual que ahora con la pandemia hemos visto la importancia de los cuidados y cosas que antes no le prestábamos atención, pues ella hizo algo así, lo que pasa que yo creo que no estábamos preparados cuando ella estaba escribiendo para entender la importancia de lo doméstico en la literatura.

Tu primera obra, Face (Ponent Mon, 2017), fue una novela gráfica, en Ramona incluías dibujos tuyos, en La muela, además de haber diseñado la cubierta, también incluyes fotografías y haces una fotonovela. ¿Te gusta incluir diferentes elementos artísticos en tus libros y qué te gusta más dibujar o escribir?

Me gusta mucho más escribir, porque me resulta muy ergonómico, te sientas y escribes, no necesitas los lápices, no necesitas mucho más. Y es muy fácil corregir también, que es algo que en el dibujo no se puede, que el dibujo como la cagues tienes que empezar de nuevo o lo emborronas todo, incluso, yo dibujo mucho con iPad, pues aún así me resulta más gratificante escribir. Y lo de introducir cosas, es que ha sido casualidad. Para la última, que hay gente que me ha dicho: «Esto podías haberlo simplemente escrito, no hacían falta las imágenes». Yo no estoy de acuerdo, yo creo que había cosas que eran demasiado duras como para decirlas con palabras y prefería hacer algo un poco más loco, meter un poco de humor español también.

Y la idea de la chica como cansada, como infusionada, para mí es como el feminismo tratando de asomarse, o la cordura tratando de asomarse para mí el feminismo y la cordura es lo mismo a la vida de Rebeca.

Por cierto, la cubierta, que también la he visto en la lista de las mejores cubiertas del año. ¿Nos la puedes explicar un poco? Porque creo que resume bastante bien el libro.

Pues la cubierta, al principio, la idea surgió de una imagen que yo había dibujado, que era solo una chica dentro de una taza de té, y la vieron en Aristas Martínez y dijeron: «Es que queremos esto para la portada». Pero yo dije: «No lo veo del todo, voy a darle una vuelta». Y ya se me ocurrió que quien sujetaba la taza era Rebeca, que tiene un colgante que es una muela. Y la idea de la chica como cansada, como infusionada, para mí es como el feminismo tratando de asomarse, o la cordura tratando de asomarse para mí el feminismo y la cordura es lo mismo a la vida de Rebeca.

Viendo hacía aquí en el metro, he visto un cartel de Netflix que creo que anunciaba una serie o película de Carmen Mola y yo pensaba que prefiero ver una serie escrita, dirigida y protagonizada por Rosario Villajos. ¿Alguna vez has pensando escribir para televisión o cine?

Pensarlo lo he pensando muchas veces. De hecho, yo me fui a Inglaterra porque quería meterme en el mundo del cine y estuve trabajando un poquito, haciendo de runner o iluminando lo que hiciera falta, incluso haciendo también la foto fija, diseño gráfico, pero no me daba para comer y por eso acabé trabajando en hostelería al principio, y luego ya como que puse los pies en la tierra y busqué un trabajo de oficina.

Pero sí, el sueño que yo tenía era ser directora de cine, así que imagínate. Intenté escribir un guion con otra persona, pero no era ni lo que yo realmente quería hacer, no era mi idea, era casi como un encargo y yo no sirvo para los encargos, pero ni como diseñadora ni como ilustradora ni para nada. Y al final, como estaba con esta novela, dejé lo del encargo, pero si tuviera más tiempo o ilusión por un proyecto, por supuesto que me lo tomaría más en serio.

Pues ojalá lo veamos. Y te hago la última pregunta: ¿Tienes algún proyecto en mente o has empezado a escribir otra novela?

Estoy en ello. Yo siempre empiezo cosas, a veces se quedan como aparcadas o no terminan de cuajar o no es el momento. Pero hay una que me lleva ya acompañando, que se niega a abandonarme, así que yo creo que ya está aquí. Que está pasando como La muela, que me está costando mucho coger el tono, pero creo que sé lo que quiero contar y, no te voy a decir el título, no porque yo sea supersticiosa, sino porque, por ejemplo, La muela tuvo quinientos títulos antes y tampoco quiero dar un título que tal vez no sea, pero sí estoy ya en algo.