Sara Barquinero: «Muchas mujeres han trabajado para desterrar los mitos del amor romántico»

Sara Barquinero Sara Barquinero

Sara Barquinero: «Muchas mujeres han trabajado para desterrar los mitos del amor romántico»

La huida, dice la poeta Anne Carson, a veces es el mayor de los refugios. También en el deseo encontramos asilo. Abandonar lo que nos ocupa, aquello que frustra, la incomprensión ante lo que ves y hacia una misma. Adentrarse, como solución de lleno en la vida ajena. La iresponsabilidad voyeur, el cotilleo que se te va de las manos, el scroll infinito. En definitiva, querer escapar nuestra propia vida con todas las herramientas está literalmente en nuestra mano. Sin embargo, la autora y filósofa Sara Barquinero  plantea en su novela debut plantea un escapismo como los de antes.

A pesar desarrollarse en la etapa actual Estaré sola y sin fiesta (Lumen) a través de su compleja protagonista la escritora juega con la nostalgia por doble partida. Un diario íntimo fechado en los noventa y  firmado por una exasperada – y enamorada – desconocida de nombre Yna que desconcertará a la narradora. “Estoy obsesionada contigo, tu imagen, tu cuerpo, tu voz.  Te espero, pido ayuda a Dios y parece como si nadie diera respuesta a mi deseo” reclama.  Pero quién es ella y por qué la crónica de su enamoramiento ha aparecido en un contenedor?  ¿A qué respondía esa gran obsesión romántica?

La anti-heroína de Estaré sola y sin fiesta no puede evitar hacerse estas preguntas al tropezar con el viejo cuaderno. “Todo se vuelve borroso cuando estás a la espera de algo”, nos explica Sara Barquinero. La autora es una corredora de fondo,  y tras más de un premio literario y ser reconocida como una de las voces revelación de este pasado año, nos regala una pausa entre su próximo proyecto literario, una novela de cinco tomos que ya tiene título: Los escorpiones, para charlar sobre su salto literario.

Estaré sola y sin fiesta, Sara Barquinero (Lumen)
Estaré sola y sin fiesta, Sara Barquinero (Lumen)

La frase que da título al libro Estaré sola y sin fiesta la escribe la misteriosa figura de Yna en un diario que encuentra casualmente la protagonista. La espera, la búsqueda perpetua de algo que no llega…¿Dirías que de eso va esta novela?

Creo que esa es una de las partes más importantes del texto, sí. Cuando leí el diario por primera vez me sentí muy identificada con su autora, porque creo que todas hemos vivido —o al menos las que somos un poco intensas— lo que significa estar esperando una llamada, un gesto o un mensaje que en el fondo sabes que no va a llegar o será insuficiente. Cómo esa expectativa puede hacer que todo lo demás se vuelva borroso, como si sólo fueses una persona que espera y tus otras facetas como amiga, trabajadora, lectora, lo que sea, se convierten sólo en entretenimientos para distraerte mientras sigues esperando. Aunque la novela no va sólo de eso, creo que es una de las emociones más fuertes que transmite, y eso me lo dio el propio diario.

Que tu voz ha venido para quedarse es opinión unánime. Filósofa, en proceso de doctora, escritora generacional… Háblanos un poco de Sara Barquinero. Cuándo y por qué decides escribir Estaré sola y sin fiesta.

Encontré el diario a través de mi amiga Laura a mediados de 2016, cuando todavía vivía en Zaragoza. Lo primero que hice fue una especie de ensayo sobre la memoria, muy ligado a las cosas que estaba estudiando por aquel entonces en la carrera, sobre la justificación del mal en la historia o cómo el arte o la literatura podían relacionarse con el pasado. Lo distribuí como un fanzine —en aquella época dedicaba mucho tiempo a los fanzines, al arte y la performance a nivel amateur, algo que ahora he descuidado un poco— y algunas personas tendrán aún una copia de éste. Formó parte de una exposición colectiva que hicimos en la galería Rizoma, en Lavapiés.

Sin embargo no me quedé muy contenta con el resultado: era demasiado teórico y no había llegado hasta el fondo de ninguna de las cuestiones que me preocupaban. Así que a finales de 2017 empecé a pensar en convertirlo en ficción. En aquel momento no había escrito nada tan largo, sólo un intento fallido de novela que era mucho más breve. Pero sentí que esta historia merecía ser contada, y que esa fe que tenía en ella me ayudaría por fin a aprender a escribir.

 Después de la abrumadora recepción, ¿hay vértigo?

¡Sí! Por una parte estoy muy contenta de que el texto reciba atención, porque le puse mucho corazón y siempre he querido formar parte de una manera u otra del mundo de los libros. Pero por otra no soy una persona que disfrute particularmente de la atención continuada, soy más bien una persona solitaria y que prefiere relacionarse con la gente en petit comité y no en grandes cantidades, así que la exposición pública me abruma un poco. Pero me hace muy feliz que  el mundo le preste atención a mi trabajo.

todas hemos vivido —o al menos las que somos un poco intensas— lo que significa estar esperando una llamada, un gesto o un mensaje que en el fondo sabes que no va a llegar o será insuficiente

SARA BARQUINERO

 

¿La portada del libro rinde a su modo homenaje al diario real? ¿Hasta dónde te llevó a ti la curiosidad cuando diste con él?

Sí, es una reconstrucción de la imagen de portada del diario que se hizo a través de una fotografía de Ricardo Quesada. La curiosidad me llevó bastante lejos a nivel de obsesión pero a ningún resultado. Intenté buscar a la hija de Yna en Facebook, como sucede en el libro, paseé por Torrero preguntando a la gente, pero nada me llevó muy lejos. Eso sin contar todo el tiempo que pasé leyendo el diario, tratando de descifrar qué ponía en las partes ilegibles, documentándome sobre los 90, enseñándoselo a mis amigas o a todo aquel que pasaba por mi casa… Pero no conseguí nada de información sobre las personas que aparecían en el diario, así que por eso decidí hacer un trabajo de ficción.

¿Te encontraste con algún tipo de dilema moral al manipular el diario de Yna y convertirlo en novela?

En un primer momento no. Tenía claro que lo que yo quería contar iba más allá de la “verdad” detrás del diario, y que el texto quería explorar algo universal, aunque en ese momento ni siquiera podía precisar qué. Hasta que no me puse a trabajar en serio con el diario no me di cuenta de cuán problemático podía ser, y tuve mis dudas sobre si continuar, o cómo hacerlo.

El primer “borrador mental” de la novela era mucho más filosófico y menos concreto justo por esta cuestión: exploraba las vidas posibles de Yna a la manera de un libro de Perec y de forma más autoconsciente. Pero le faltaba algo: la fuerza que tenía el diario se desvanecía, necesitaba algo más directo, más emocional. Así que me puse manos a la obra para poder hacer algo que fuese una ficción en el sentido más tradicional y a la vez que fuese respetuoso con la autora del diario.

Es por esto que quise dejar cabos abiertos, dejar siempre abierta la duda de si toda la investigación tenía sentido, dibujar distintas posibilidades. No quería que alguien pudiese pensar al leer la novela que era una reconstrucción fidedigna y cerrada de las vidas de esas personas. Y quisiera aclarar que todo lo que aparece en la novela, menos el diario en sí mismo, es totalmente ficticio. No hay nada del mundo real.

muchas mujeres han trabajado a lo largo de las últimas décadas para desterrar en lo posible los mitos del amor romántico.

SARA BARQUINERO

 

Viajamos, a través de los textos del diario y del propio hilo de pensamiento de la protagonista, a una época, los 90, ligeramente idealizados. ¿Crees que vivíamos mejor antes, o es fruto de la nostalgia?

Indudablemente fruto de la nostalgia. Creo que ya hay muchos trabajos, tanto en el campo del arte como en el filosófico, que luchan contra la idea de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. En todo caso “echar de menos” algo de los noventa que pueda parecer beneficioso por sí mismo —por ejemplo, si alguien considera que la vida en los noventa era más cercana y menos virtual, quizá otra persona cree que era un mundo menos precario— debería servir de impulso para adoptar ciertas actitudes éticas, políticas o de consumo en tu presente, no para añorar un pasado que ni puede restaurarse por completo ni sería deseable que así sucediese.

Por supuesto que los noventa tuvieron sus cosas “buenas”, y también “malas” según cómo se miren, porque esos adjetivos no tienen un sentido cerrado, ni pueden abarcar de forma unívoca la situación de todo un país a lo largo de toda una década. La revisión del pasado sólo tiene sentido si nos percatamos de los presupuestos y deseos que guían nuestra lectura del mismo desde el presente, si somos conscientes de que no es algo neutral, sino de lo que te apropias.

sentí que esta historia merecía ser contada

SARA BARQUINERO

¿Crees que es posible el amor en pareja sin la parte tóxica? ¿es la cordura compatible con el amor?

Creo que es posible y que muchas mujeres han trabajado a lo largo de las últimas décadas para desterrar en lo posible los mitos del amor romántico. No es un proceso automático porque el amor es uno de las emociones más complejas, y una cosa es pensar en estas cuestiones a nivel teórico y otra asimilarlas como propias.

Tu escritura en la novela es directa, en ocasiones incluso, automática. ¿Cuáles son tus referentes literarios? ¿Cómo fue tu proceso creativo?

Por un lado diría que Annie Ernaux y Marguerite Duras, en la parte más íntima y emocional, y por otro la novela americana reciente. Me gusta mantenerme al día de las novedades y premios internacionales.

Para escribir suelo leer cosas que me inspiren de algún modo para lo que estoy tratando de hacer, ya sea por la temática, el estilo o para inspirarme en algún personaje o escena. Pienso mucho antes de empezar una novela o una parte, pero cuando lo tengo claro voy muy rápido en la escritura.

La novela – sin spoilers – como a su protagonista, nos deja con ganas de más. ¿Te planteaste en finales alternativos?

Siempre quise dejar un final abierto. A algunas personas les ha gustado mucho y otras lo detestan. No fue algo que decidiese en realidad: por un lado no quería dar una interpretación cerrada de lo que había pasado, y partiendo de este punto el final me vino solo, sin darle muchas vueltas.

Creo que muchas veces cuando nos encontramos con alguien del pasado o sobre el que hemos puesto muchas expectativas el encuentro suele ser decepcionante. Muchas veces ni siquiera hay nada de lo que hablar.

Se habla del libro como una novela generacional, ¿padecemos los millenial de insatisfacción crónica?

Existe el lugar común de que los millennial somos “quejicas”, pero creo que de hecho de lo que se trata es de que somos una generación con más conciencia política y social que la inmediatamente anterior y que además ha tenido muchos problemas para insertarse en la vida laboral o escapar de la precariedad. Todo esto, claro, son generalidades. Pero no creo que el enfoque adecuado sea tratar a una generación como un montón de individuos insatisfechos en privado, sino hablar de cuáles son las condiciones sociales y económicas que llevan a esa insatisfacción.