“Le enseñó lo único que tenía que aprender para el amor: que a la vida no la enseña […]

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Al cruzar la puerta de la entrada, el futuro espectador se encuentra con una amplia sala que recuerda levemente a un café clásico británico. Carteles de míticas realizaciones decoran las paredes y sillas de madera color ébano reflejan el desgaste que han sufrido a lo largo de los años por la acción de quienes se han sentado a conversar en ellas sobre el séptimo arte.