Violeta Parra se fue a los cielos.

violeta parra

Violeta Parra creció en un ambiente rural acompañada de sus ocho hermanos, uno de ellos, el conocido «antipoeta», matemático y físico, Nicanor Parra, quien más adelante en un poema a describiría como un corderillo disfrazado de lobo por su personalidad iracunda, intransigente y fuerte que, en realidad, escondía un alma sensible y rebosante de vida.

Violeta Parra contrajo varias enfermedades, entre ellas una viruela que la dejó marcas en la cara. Por su complicada situación familiar – el maltrato de su padre,  artista y alcohólico hacia su madre – fue domando la guitarra, callando las penas y pronto asumió las riendas y el peso de la casa, ocupándose de sus hermanos y ganándose la vida como podía. A los 14 años, Violeta huyó de todo y de su casa. 

Con carácter rebelde y tenaz, se instaló con su hermano mayor Nicanor en la capital chilena, donde empezó a cantar y tocar en bares y teatros. Además, contrajo matrimonio con un conductor ferroviario, miembro del Partido Comunista que inició a Violeta en su compromiso político y con el que tuvo dos hijos, Isabel y Ángel. Sin embargo, este matrimonio empezó a tambalearse  a causa de la inquietud de Violeta, que prestaba su atención a la música, y no cumplía con las obligaciones tradicionales que esperaban de ella.

Rápidamente forma un dúo con su hermana Hilda, participa en un teatro y se separa de su marido. Aún así se volvió a casar con  Luis Arce Leyton, tenor de ópera, con quien más tarde tuvo a su segunda hija que incubaba desde pequeña una pneumonia. En 1953, a los treinta  y tres años de edad, despliega por fin las alas en su recorrido por Chile, desenterrando la canción folklórica y popular que hasta ese momento, solo pervivía en el recuerdo de los campesinos y ancianos.

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Violeta sube montañas y valles, con el único acompañamiento de su guitarra, un cuaderno y un viejo magnetófono y en su camino por pueblitos y rincones recónditos, aprende a tocar instrumentos como la quena o el bombo chilote  y recapitula palabra por palabra, nota por nota, las letras de los cantos, boleros, valses y polkas. De esta manera, graba el mayor inventario de la música popular chilena, a la vez que empieza a crear composiciones , cuando regresa a Santiago, con el apoyo de Margot Oyola, maestra folklorista, comienza un programa de radio donde se exhibía el origen de esos cantos del pueblo, sus problemas y sus quejas, reviviéndolas en su propia voz.

Con un disco de tres canciones, conoce la fama y recibe el premio Caupolican a la mejor folklorista del año, así como una invitación a un festival de música en Varsovia, y justo en ese momento, Violeta comienza a volar: Se lanza a la Unión Soviética, las calles de Viena y el barrio latino de París, donde graba sus primeros discos de larga duración.  Sus espectáculos son conocidos por «la fuerza de la Parra», en los que gritaba, aporreaba guitarras  y percusiones, mandando callar al público. Su éxito y reconocimiento inédito se extendió fugazmente por Europa, así, Violeta fue creciendo, grabando, llena de inspiración y alegría durante un año entero, sin embargo, la noticia de la muerte de su pequeña hija, le golpea repentinamente. Viaja a Londres y otros países europeos pero esta vez, en forma de huida, llena de culpa y tristeza y finalmente, regresa a Chile en el 57. Intentando resurgir de nuevo, escribe las Décimas, autobiografía en versos, en ellas, recoge historias en forma de poemas : cada décima son cuatro estrofas de diez versos, escribió ochenta y tres, donde canta a su infancia, la historia de sus padres y abuelos,y  sus viajes hasta las décimas finales, en las que habla de la pérdida de su hija. También viaja a Concepción, siguiendo su investigación en el canto popular, funda el Museo Nacional del Arte Folklorico, extendiéndose por todo el país, dando clases de canto y música.

Durante ese tiempo, también vive en Buenos Aires con uno de sus hermanos, graba un disco que no llega a publicar, debido a una canción censurada ¿Por qué los pobres no tienen? En ese momento, la muerte en 1963 del político comunista español Julian Grimau a manos de la dictadura franquista, se convierte en una de las noticias más sonadas y  estremecedoras y Violeta, dedica una canción a esta injusticia.

De forma precipitada, cae de nuevo enferma, esta vez de hepatitis y postrada en cama, pasa los días pintando y tejiendo arpilleras, esta afición y entretenimiento, le llevó a exponer, más adelante, en el Museo del Louvre siendo la primera artista latinoamericana en exhibir su arte, un conjunto de arpilleras, pinturas al oleo y esculturas de alambre.

En 1964, en la celebración de su cumpleaños, un joven suizo antropólogo, amante de la música, se presentó en su casa para conocerla. Apenas hablaba castellano pero Violeta, que había recorrido mundo y contaba con cuarenta y siete años a sus espaldas, se enamoró apasionadamente de él, Gilvert Favre. Juntos, entre un París convulso por las revueltas incipientes del mayo del 68 y Ginebra, viven 4 años, con sus hijos. Trabaja como cantante y retoma su bordados.

Con algo de nostalgia y por los cambios sociales de su propio país, decide regresar y estar atenta a estos acontecimientos. Sus hijos, son el pilar de un movimiento musical, la Nueva Canción Chilena encabezado e inspirado por Violeta. De esta manera, su canto su vuelve universal, y se inspira para construir en La Reina, zona noroeste de Santiago, una carpa a modo de centro cultural, donde acoge a varios artistas miembros de esta reciente escena. Sin embargo, su difícil acceso y el poco apoyo del público, hicieron de su propuesta, un fracaso. Al mismo tiempo, Gilbert se traslada a Bolivia, y ella compone una de sus canciones más famosas Run, run, se fue pal norte. Pasado un año, marcha en busca de su amor y le encuentra casado, con un trabajo estable,  debido a esto, con gran pena, le canta lánguida Qué he sacado con quererte.

En el verano del 67, es invitada a una gira por el sur pero ella, ya cansada y deprimida, no acepta. En febrero, Violeta se suicida a los cuarenta y nueve años, emprende su vuelo de «pájaro azul» , como más tarde Atahualpa Yupanqui escribiría. Su canción más versionada y paradójica Gracias a la vida perdura como un himno a la existencia cargado de gratitud pero también de amargura, interpretado a modo de canto de despedida.


Por | Ana Sanz